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Ahora que el invierno acaba de nacer, yo voy a escribir sobre el otoño, más en concreto sobre los colores del otoño.

El otoño es la estación por antonomasia de los nostálgicos, de los que tenemos un alma romántica, es la estación de los largos paseos bajo un paraguas, con tu pareja, o solo, pisando hojas, en la que la mente vuela y vuela, como queriendo simular a esas hojas que vuelan de los árboles sencillamente porque ha llegado su hora. Para mi que es la estación de los enamorados; llega el frio, se pasea más unidos, aropándose en el otro, dándose el calor que se nos ha escapado…

Y el otoño es la época en que los colores se multiplican en la naturaleza, es la estación más rica en colores y en gamas dentro de cada color.

Y, si además, te das un paseo por un paisaje de interior, de nuestros pueblos serranos, esos colores se intensifican y se multiplican. Eso hice yo hace ya algún tiempo por un pueblo del que os he hablado algo, casi en la falda norte de Sierra Nevada, pequeño, corriente, sin nada especial, pero con un encanto que también cautiva… y más en otoño, donde a los colores se une el olor del humo de las chimeneas… os hablo de La Peza, cerca de Guadix, el pueblo conocido por su alcalde carbonero, que dio su vida defendiendo lo de la invasión francesa allá po el año 1808 (con un cañón “casero”, hecho con el tronco de una encina… Si vais a La Peza, ahora, podréis ver a su entrada un monumento homenaje a ese alcalde y a ese acontecimiento. …

Y allí es done encontré todos estos colores… el azul del cielo conviviendo con el blanco de las nubes que también quisieron estar presentes ese dia para mi cámara; toda la gama de los amarillos, desde el verdoso al marrón: los negros de la aceituna o de las cáscaras de las nueces caídas bajo el noble nogal; los verdes y morados que comparten en el tiempo el color de la aceituna en los olivos; el anaranjado de los caquis; el morado del fruto de la esparraguera o de la uva ya casi pasada; el rojo de algunas bayas y de los pimientos colgados en las blancas paredes de las casa esperando la llegada de la inminente matanza… el granate de las hojas de algunos árboles; el amarillo intenso de los membrillos… pero en vez de seguir describiendo lo que vi, el paisaje que pude disfrutar en mi paseo por los campos de La Peza, prefiero que seáis vosotros mismos los que lo compartáis conmigo a través de mis fotografías. Espero que os gusten y, si no conocéis La Peza, os animéis algún día a visitarla.

También los poetas han cantado al otoño y aquí os dejo cuatro muestras: dos de Juan Ramón Jiménez, otra de Antonio Machado y una más de Octavio Paz.

Feliz invierno, si es posible, al calor de la chimenea, que es donde mejor se soporta.

Aunque el invierno también tiene sus encantos… Ya hablaremos de ellos. FELIZ NAVIDAD, con el otoño, la estación de los colores, recién terminada.

OTOÑO



Esparce octubre, al blando movimiento

del sur, las hojas áureas y las rojas,

y, en la caída clara de sus hojas,

se lleva al infinito el pensamiento.



Qué noble paz en este alejamiento

de todo; oh prado bello que deshojas


tus flores; oh agua fría ya, que mojas


con tu cristal estremecido el viento!

¡Encantamiento de oro! Cárcel pura,


en que el cuerpo, hecho alma, se enternece,

echado en el verdor de una colina!



En una decadencia de hermosura,

la vida se desnuda, y resplandece

la excelsitud de su verdad divina.

(Juan Ramón Jiménez)

LLUVIA DE OTOÑO



(Llueve, llueve dulcemente…)

… El agua lava la yedra;

rompe el agua verdinegra;

el agua lava la piedra…

Y en mi corazón ardiente,

llueve, llueve dulcemente

Esté el horizonte triste;

¿el paisaje ya no existe?;

un dia rosa persiste

en el pálido poniente…

Llueve, llueve dulcemente.

Mi frente cae en mi mano

¡Ni una mujer, ni un hermano!

¡Mi juventud pasa en vano!

Mi mano deja mi frente…

¡Llueve, llueve dulcemente!

¡Tarde, llueve; tarde, llora;


que, aunque hubiera un sol de aurora


no llegará mi hora

luminosa y floreciente!

¡Llueve, llora dulcemente!

(Juan Ramón Jiménez)

OTOÑO

En llamas, en otoños incendiados,

arde a veces mi corazón,

puro y solo. El viento lo despierta,

toca su centro y lo suspende

en luz que sonríe para nadie:

¡cuánta belleza suelta!

Busco unas manos,

una presencia, un cuerpo,

lo que rompe los muros

y hace nacer las formas embriagadas,

un roce, un son, un giro, un ala apenas;

busco dentro mí,

huesos, violines intocados,

vértebras delicadas y sombrías,

labios que sueñan labios,

manos que sueñan pájaros…

Y algo que no se sabe y dice «nunca»

cae del cielo,

de ti, mi Dios y mi adversario.

(Octavio Paz)

AMANECER DE OTOÑO

Una larga carretera

entre grises peñascales,

y alguna humilde pradera

donde pacen negros toros. Zarzas, malezas,jarales.

Está la tierra mojada

por las gotas del rocío,

y la alameda dorada,

hacia la curva del río.

Tras los montes de violeta

quebrado el primer albor:

a la espalda la escopeta,

entre sus galgos agudos, caminando un cazador.

(Antonio Machado)

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