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EL CALOR DEL “HOGARIL” UNE A LA FAMILIA EN LAS LARGAS TARDES DE INVIERNO EN NUESTROS PUEBLOS DE INTERIOR,  MIENTRAS SE CUENTAN HISTORIAS Y EL TRONCO ARDE CANSINA Y LENTAMENTE.

Amanecía, como ya nos lo habían anunciado, una mañana oscura, gris, silenciosa, húmeda… y la tentación pudo conmigo, cogí mi paraguas y salí a pasear bajo la lluvia; siempre me ha gustado pasear bajo la lluvia, bajo una sombrilla (como la llamaban en mi pueblo), oyendo el monótono y pertinaz caer de las gotas sobre mi paraguas bajo el que me protejo, en el que me refugio. Y cogí el camino de todos los días: hacia el camping, la carretera de la playa hacia el castillo, la Perla, Calahonda hasta la falda del tajo y vuelta hacia acá por la Perla y el camino del Puntal… pero ha sido un paseo diferente: la luz radiante y los colores vivos habituales en mis paseos diarios hoy se tornaban en grises y apagados colores tras la cortina de fina agua que nos acompaña desde esta mañana… la falsa primavera se ha marchado y ha dado paso, con todo derecho, al verdadero invierno; también se notaba en el rostro.. el aire era frío… la nieve no debe estar lejos ¿tal vez en la Sierra de Lújar? ¿Acaso en la Almijara?

EL GRIS, AMANECE UN DIA NUBLADO, LLUVIOSO…

El gris. Si, el gris es, creo, el color mas importante del invierno, aunque depende donde; no es tan frecuente en nuestra zona, y si era el habitual en mi pueblo, Huelma, y en Granada cuando recuerdo mi época de estudiante y nos pasábamos días y días sin ver el sol, el cielo grís y el aire frio, muy muy frio, que me hacía llegar cada día a la Facultad con las manos heladas, paralizadas, que me impedían tomar apuntes hasta pasado un buen rato de mi llegada.

Hoy el color predominante en Carchuna, en el Llano, es el gris que, a mi, personalmente, me encanta.

EL BLANCO DE LA NIEVE LIMPIA Y PURA… TAN EXTRAORDINARIA COMO INSÓLITA EN NUESTRA COSTA…
El blanco, otro de los colores del invierno, no es tan habitual en nuestro Llano, a no ser  que hablemos del blanco del romper de las olas en la playa, como esta mañana lo hacían…; pero el verdadero blanco del invierno, de mi invierno, del invierno de mi pueblo, es el blanco de la nieve que hoy, precisamente, he sabido ha llegado a él. ¡Cuántas navidades blancas he vivido en mi pueblo, en Huelma! ¡Cuántas veces he visto marcar bajo cero (hasta -12) el termómetro que había en la plaza! ¡Cuántas veces he visto a mis vecinos abrir caminos entre la nieve en las calles! Aunque… también aquí tuvimos ocasión de ver ese blanco puro y limpio de la nieve hace pocos años… ¡ni los mas viejos del lugar habían visto algo parecido jamás en Carchuna, en el Llano!, … imágenes que seguirán en nuestro recuerdo para contarlo a los incrédulos cuando pasen varias generaciones.

EL NEGRO DE LAS LARGAS TARDES-NOCHES DEL INVIERNO…
El negro, el negro de la noche triunfante en su eterna lucha contra el día. Esa noche que ocupa muchísimas de nuestras horas en invierno; esas largas tardes que a algunos se les hacen interminables pero que invitan a la vida familiar alrededor de la mesa de camilla, en donde quedan mesas de camilla; al calor de un brasero de “brasa” en los pocos sitios en que, por aquí, aun quedan. Braseros de “brasa”, de los que se mueven para que calienten… yo soy uno de esos pocos afortunados que aún lo disfruta; mejor dicho, que lo ha vuelto a disfrutar desde hace pocos días gracias a un entrañable regalo de mi buen amigo Nicolás… y desde entonces, el ritual diario del encendido del brasero y el calor “de hogar” en estas largas y familiares tardes de invierno.

EL ROJO DEL CALOR “ENCENDIDO” Y EL NEGRO DEL “ORUJILLO” DEL  BRASERO….
Y el rojo, el rojo de ese calor de hogar, el rojo de esas brasas del brasero de “orujillo” o de “picón”. El rojo de esos troncos que se queman cansinamente en el hogaril de muchas casas de nuestros pueblos de interior (como en La Peza, que ya conocéis por mi). Un hogaril que ha servido y sirve de lugar de encuentro familiar en el que se comparte ese calor hogareño, de cercanía, que tanto se está perdiendo en nuestros días… Ese rojo, en nuestra costa, se cambia por el rojo de los “pascueros” que, como recuerdo de una Pascua que se resiste a retirarse,  ahí siguen en nuestras macetas, en nuestras jardineras, como rebelándose ante su destino.
Son los colores del invierno, es el invierno, es el tiempo de compartir las horas muertas de las tardes con la familia, es tiempo de pasear bajo la lluvia fina que acaricia suavemente como hoy, jamás golpea, nuestro paraguas, nuestra piel, nuestras calles… es el entrañable y familiar invierno.

Y EL ROJO-COSTA DE NUESTROS PASCUEROS QUE SE RESISTEN A QUE OLVIDEMOS LA NAVIDAD…

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