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Mal momento el que estamos pasando todos por culpa de la dichosa crisis… Pero… ¿de qué crisis hablamos? porque no es una sola crisis la que nos afecta, son una suma de crisis que nos están poniendo el camino muy pero que muy difícil: ¿quién duda ya a estas alturas que estamos casi en el fondo del pozo de la crisis económica? (cuando hace poco mas de un año los políticos que gobernaban la negaban, no lo olvidemos); ¿y no hay también una crisis familiar seria? ¿no está peligrando la estructura familiar en la que parece que los papeles se han cambiado y ahora son los hijos los que mandan y los padres los que sufren y obedecen? ¿Y no estamos padeciendo una crisis de autoridad? Empezando por la familia y terminando por cualquier institución (escuela, iglesia, Estado…) Y la crisis de valores… ¿no es bien visible? ¿cuáles son los intereses que guian a muchas personas, cada vez más, en estos momentos? ¿acaso el esfuerzo y el sacrificio? ¿o más bien el “pelotazo” y la vida fácil donde se busca lo que satisface los sentidos, la materia y se olvida todo lo demás? No puedo dejar de pensar que grandes civilizaciones cayeron por causas similares o menores ¿Podría ser algo parecido lo que ocurrió con el Imperio Romano? Estaba ya al limite de corrupción, de vicios, de vida “cómoda” y llegaron otros pueblos con una filosofía bien diferente, los pueblos bárbaros, y acabaron con él ¿Quiénes pueden ser los pueblos bárbaros hoy, en el siglo XXI? ¿Podrían ser los pueblos islámicos, integristas, que se están moviendo peligrosamente ya por África?… Egipto, Libia, ahora empieza Nigeria…

Pero no me voy a parar mas en estas reflexiones que dejo en el aire para que cada uno piense y saque sus conclusiones y voy a tratar de una crisis que, pienso, es tan grave como la económica y que, sin duda está unida a ella, y es “la crisis de confianza en los políticos y en las instituciones”.

Raro es el día que no nos despertamos con un nuevo caso de corrupción, y son ya tantos… que casi nos parece normal cuando no lo es en absoluto, pero dependiendo de quien es el autor “tiene sus defensores incondicionales”, gentes ideológicamente afines que justifican lo injustificable. Y aún mas esperpéntico es cuando en cualquier debate se acusa un caso de corrupción, los contertulios afines al partido de esa denuncia, aún poniendo duda tímidamente que eso sea cierto (saben que si lo es), pero enseguida entran al ataque, diciendo que “más hacen los otros” ¿y con eso nos tenemos que conformar? ¿creen algunos políticos y periodistas que los demás somos tontos? Hay una cosa clarísima o que, al menos, debería serlo para todos: “cualquiera que roba es un ladrón, tenga la cara que tenga, la posición social que ocupe o la ideología en la que se apoye”, y el que no suscriba esta afirmación, poco es de fiar, algo esconde, algo pretende, a alguien defiende….

Y sospechosos o implicados en corrupción los tenemos de todas las ideología, izquierda y derecha (entiéndase Pepiño Blanco, Jaime Matas, los E.R.E.´s andaluces, Iván Chaves….), de cualquier posición social (y ahí está Urdangarín, miembro “político” de la familia Real)… pero es que, encima, el ciudadano de a pié percibe que la justicia no es justa, que actúa de forma diferente según de quien se trate ¿o quien cree hoy día que todos somos iguales ante la ley? La idea que ha prendido con fuerza en el pueblo llano es que aquí pagamos los de siempre, los de a pie, porque los de arriba… son otra cosa y se les permite “hacer” impunemente.

Asi, y se puede apreciar en los distintos programas de debate de nuestras muchas cadenas televisivas, la gente, el pueblo, cada vez cree menos en los políticos, cada vez pone más en tela de juicio a las instituciones y ya se empieza a oir con demasiada frecuencia algo muy grave y muy peligroso: “son todos iguales”. Muy grave porque es un síntoma de desconfianza del pueblo hacia sus gobernantes y hacia sus instituciones y muy peligroso porque esto puede acabar en un desencanto total cuyo final más optimista pudiera ser que el pueblo de la espalda a sus políticos, a sus instituciones, a sus gobernantes. ¿Y qué puede pasar entonces? Yo creo que eso sería gravísimo y podría tener cualquier final imprevisible y nada positivo para nadie, y menos para nuestros políticos, a no ser que, de verdad “sean todos iguales”. Yo estoy convencido de que no, de que hay mucha gente decente en la política, gente altruista que busca el bien ajeno antes que el enriquecimiento propio y fácil, yo y creo que todos nosotros, conocemos a algunos. En el tejado de esos políticos honestos, que los hay, está el que esto cambie, que el que el que la haga la pague y ningún partido “tape” a ningún corrupto, a ningún “sinvergüenza”, es la hora de su “rebelión interna” si no quieren que pueda llegar otra rebelión muy peligrosa, es hora de que, aquellos a los que les corresponde hacerlo, empiecen a trabajar por devolver la credibilidad a los políticos y a las instituciones, empiecen a apartar a todo el que está manchando el nombre de sus partidos y de nuestras instituciones. Es hora de que el pueblo llano empiece a ver que esas malas gentes van a la cárcel, haciéndoles devolver antes lo que han robado, pero ya no basta con palabras, el pueblo sencillo pide hechos. Es hora de que esos partidos dejen de pelearse por defender sus intereses de partido y se dediquen a trabajar por el pueblo, por nuestro país, por España… Es hora….

¿O tendremos que dar la razón a los que nos dicen que todos los políticos son iguales?

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