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Hoy consideraba obligado colaborar con la memoria de todos, con la memoria de Carchuna, de Calahonda… de la costa Tropical, trayendo a mi página estas imágenes para el recuerdo: dos imágenes fijas, estas dos postales que encabezan y ponen fin al artículo, dos postales con “copyright” mío, de la época, diseñadas aquel año y que están en mi comedor, y un v ideo con música e imágenes  de aquel 27 de enero de 2005, de hace ya 7 años, un video, el del centro de este artículo que, para ser visionado solo hay que darle a reproducir en esta misma página, pinchando sobre él.

Sí, pasó hace 7 años, y yo creo que ninguno de los que tuvimos la suerte de ser testigos de ella jamás la olvidaremos, siempre permanecerá en nuestra memoria y lo contaremos a nuestros nietos como un suceso extraordinario que una vez pasó aquí, en Carchuna, en Calahonda, en Motril… en nuestra Costa Tropical.

“Aún era noche cerrada, cuando de pronto una voz, que me pareció salida de un sueño me dice ¡está nevando!. Yo en ese momento creí que había despertado en el pasado, cuando era pequeño y mi madre, en Navidad, tantas veces nos levantaba por la mañana diciéndonos “está nevando” y a continuación, sin pensarlo, dábamos un salto de la cama y salíamos nerviosos, expectantes, a contemplar aquella estampa tan navideña, tan limpia, tan brillante… que hacía aún más blanca la Navidad….

Pero no, no era un sueño del pasado, estaba en  Carchuna y era un frio día de invierno de 2005: me asomé a la ventana y, entre los barrotes, en la oscuridad de la noche, relumbraban los inimaginables copos de nieve que caían junto a la chimenea blanca y las blancas paredes de mis vecinos. Luego bajé a la calle y la plaza comenzaba a cubrirse de un precioso manto blanco, aún virgen, libre de cualquier pisada. Ya éramos varios los que contemplábamos aquel espectáculo único por estas latitudes y pensábamos “en cuanto amanezca parará de nevar y habremos sido testigos de unos minutos maravillosos”. Pero no fue así, amaneció y la nieve seguía cayendo; me fui a  la escuela y la nieve caía quizás con más fuerza… eran muy pocos los niños que ese día acudían a su trabajo… tal vez para compartir su alegría ante tal espectáculo con sus compañeros, con sus maestros. Pronto, una vez que compartieron su primera alegría llamaron a sus padres para que fueran a recogerlos y disfrutar de esa nieve en cada rincón de su pueblo.

Me fui con mi cámara a la playa y el espectáculo era de película, paradisíaco, polar… algo inédito, algo que sabía que no volvería a ver porque es de las cosas que se viven una sola vez en la vida…

Es verdad que tanta belleza también tuvo su parte negativa, muchos agricultores, creo que todos, vieron perdida su cosecha de pepinos antes de tiempo ¿pero qué se podía hacer ante las fuerzas de la naturaleza, qué podíamos hacer nosotros? nada, salvo disfrutar de algo maravillosos, irrepetible en nuestras vidas en estas tierras posiblemente… algo que algún día, tal vez, contemos a nuestros nietos en las largas tardes del invierno, en esas horas muertas en la mesa de camilla junto al brasero.

Si, hoy justamente hace 7 años; era un 27 de enero del año 2005; en Carchuna estaba nevando, en Carchuna todo se cubrió de blanco, Carchuna había pasado a formar parte del país de los cuentos de hadas por una mañana en un escenario que parecía salido de la magia de alguna ninfa juguetona y traviesa.

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