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Se ha ido silenciosamente, sin hacerse notar, sin ruido… como él siempre ha vivido. Se ha ido para nosotros pero hoy ha sido ganado para el cielo, para ayudar allí que, posiblemente también hará mucha falta, para ese cielo de justicia en el que creemos y esperamos los creyentes, los que sabemos que esta vida es solo un “caminar” temporal hacia el destino definitivo; yo así lo creo, así lo manifiesto y lo intento vivir.

Apenas en dos o tres ocasiones tuve ocasión de hablar con él y la verdad es que, a pesar de que casi no le he tratado, parece que le he conocido de toda la vida. Hoy era su despedida y, por circunstancias de mi vida de cada día, creí que no iba a peor estar allí pero, afortunadamente, si ha podido ser y, él lo sabe, yo también he querido estar acompañándole en su adiós a este mundo; era para mi importante estar allí; igual que muchos, creo que tenía una deuda con Antonio y no podía faltar a su despedida. Y tenía una deuda por lo que me ha transmitido con su vida, porque lo que nos ha transmitido a todos los que hemos estado a su alrededor con su vida: una vida, junto a su mujer, hoy ya su viuda, que han dedicado por entero a los demás, a ayudar, a comprender, a ser solidarios, a llevar una sonrisa y la paz allá donde estaban.

No tuvieron hijos y atendieron con todo su amor a los de otros, a los mas necesitados, aún a costa de sufrir con ellos para aliviar su sufrimiento… ¡qué lección de vida en el mundo que nos ha tocado vivir en el que lo que sobra es el egoísmo y la comodidad!.Han formado una familia grande, han sido padres sin tener hijos, han ayudado a quien les ha necesitado…¿se puede dar más?

Y Antonio, “El Rentero”, como le apodaban, nacido en Calahonda, se vino a vivir con su mujer a Carchuna. ¿Tal vez una señal de unión para los demás? Siempre humilde, sencillo, educado, pequeño… pero muy grande en solidaridad, en educación, en generosidad, sin una mala cara, dándolo todo por los demás.. hoy se ha marchado de esta tierra que le vio nacer y vivir. Hoy ya está por encima de ese mar azul de su pueblo, Calahonda y de ese azul cielo manchado de  nubes blancas de Carchuna, el pueblo que eligió para vivir, para hacer el bien. Hoy se ha marchado un buen “caleño” afincado en Carchuna; hoy se nos ha ido Antonio, aunque su recuerdo perdurará mientras estemos por aquí, errantes por esta tierra, los que tuvimos la suerte de conocerle, aunque fuese de lejos, sin mucho trato, con pocos momentos de conversación… pero que le sentíamos como a alguien digno de respeto, de admiración, como a un ejemplo a seguir en este mundo de odios de envidias, de rencores, de división, de egoísmos. Descanse en paz Antonio “el rentero”, como muchos le conocíamos. No te olvidaremos ni a ti ni a la labor que tu y tu mujer habéis hecho en esta tierra para los demás. Tu luz ha quedado encendida para siempre.

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