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YUNQUERA (11 Noviembre 1974- 28 Febrero 1975)

Mediados de octubre de 1974. Acabo de terminar la “mili” en Melilla. Ahora unos dias de descanso en Huelma y la esperanza de que me llamen a trabajar a alguno de los lugares de donde lo he solicitado, pero…¡nada!, pasan los dias y mi desánimo es cada dia mayor…¡con las ganas que tengo de empezar a trabajar! …¿para qué tantos años estudiando? ¿Para qué el gran sacrificio de mis padres durante años? ¿para qué si ahora, en el momento de empezar a utilizarlos no hay trabajo? ¿Para qué mis dos títulos recien estrenados, o mejor dicho, sin estrenar y que tantos años de esfuerzos han costado?.. ¿para qué…?

Todo son interrogantes que se agolpan en mi mente haciendome, a veces, casi desesperar… o intentar cambiar de trabajo aún a costa de de dejar a un lado mi vocación de maestro… Y asi se encuadraría mi intento de búsqueda de trabajo en una oficina relacionada con Campsa en Jaén. ¡Pero no, como soy maestro y Licenciado, no me aceptan! ¿Cómo aspiro yo a ese puesto?, me dicen. No comprenden que quiero trabajar, que necesito trabajar… aunque sólo sea para justificarmen ante mi mismo y pensar que puedo ser útil a la sociedad.

Asi, entre la incertidumbre y la desesperación, pasan los dias hasta que una mañana de mediados de noviembre, como tantas otras pero tan distinta por lo que iba a significar… el comienzo de mi carrera de maestro , esa mañana recibo una comunicación del Ayuntamiento de mi pueblo. Me avisan que ha llegado un telegrama para mi ofreciéndome trabajo; lo compruebo leyéndolo por mi mismo y todo en mi cambia… desaparece la tristeza… parece como si se rompiesen los muros que me aprisionaban, que se abren ante mi nuevos horizontes; y sólo por una palabra: YUNQUERA. Ahora mis preguntas a mi mismo son otras…¿dónde estará Yunquera? ¿me llamarán de un instituto o de una escuela. Ya no son las antiguas preguntas que me atormentaban. Ahora, sólo el plantearme estas nuevas, me hace feliz.

Y asi, anhelante, paso el fin de semana esperando impaciente la llegada del lunes para partir, a pesar del miedo a la partida y al alejamiento de mis gentes. Ell unes, con toda mi ilusión encima y mi vieja maleta de cartón duro, de las de entonces, en la que mi madre había puesto con todo cuidado todo lo que podía hacerme falta…¡hasta mi unico traje, el azul marino!, para estar mas presentable si era necesario. De madrugada salgo en la alsina hacia Granada y a continuación, desde alli, hacia Málaga, una ciudad que no conozco; pero eso no me preocupa demasiado… ya preguntaré.. Busco la Delegación de Educación y, tras dos largos dias de trámites burocráticos, me dan mi deseado nombramiento. Ya sólo queda partir hacia mi primer pueblo, Yunquera. Ya me han dicho que está en la Serranía de Ronda, ¡parajes de antiguos bandoleros en épocas remotas!¡qué ilusión!

 

En el viaje en autobús hasta alli, con la empresa Ferrón-Coín, no me pierdo ni un detalle del paisaje; todo es nuevo para mi y quiesiera en momentos, adueñarme de ello. Ya noche, cuando llegué a mi destino, me aconsejan que tal vez el mejor alojamiento sea la “Fonda Central” en la Plaza, que son buena gente, la Fond d “Anita”; sin pensarlo dos veces alli me encamino… esta iba a ser mi casa desde esa noche; todo me parecía un sueño pero no…¡que era cierto!.

Mi impaciencia no me deja esperar al dia siguiente y esa misma noche, “con mi traje azul” me acerco a saludar al alcalde y al director del Colegio, don Víctor. Ambos me dan ánimos y me ofrecen su ayuda y, feliz .vuelvo a la Fonda, mi nueva casa, con una idea fija y una ilusión en mi mente…”mañana empiezo a trabajar” ¡por fin se ven cumplidas mis ilusiones! ¡qué feliz me siento!.

Me asignaron un curso que nadie habia querido coger porque decían que era el peor pero que para mi iba a ser el más bonito, el mejor, el que nunca iba a olvidar: “mis niños de 2º” … con Maria José Leyva, María, Antonio, Begoña (huérfana de madre y un poco dejada)… y una clase que, aunque cuando llovia hasta me entraba el agua por las juntas de las ventanas, para mi era preciosa…era mi primera clase, la jamás iba a olvidar, lo sabía ya desde aquel primer dia. .

Tenía como vecino en el aula contigua al maestro Jose María y abajo las maestras de los pequeños. Pero mis mejores amigos iban a ser en el Grupo Escolar, además de Jose María Duarte, Antonio Segovia y Ascensión Cueto, con los que me sentía muy arropado y muy acompañado…¡muy buena gente!

Cada dia en la escuela me iba a ir haciendo perder el miedo a no saber qué hacer y Jose María me ayudó mucho en esos mis primeros pasos y a ir adquiriendo confianza en mimismo. No creais que el maestro ya es maestro cuando le dan su titulo..¡que no, que no!,… que el maestro se va haciendo dia a dia en la escuela… cada dia aprendes algo nuevo…y hasta que llegas al final, a la jubilación, estás aprendiendo. Y quien se crea que ya lo sabe todo está muy equivocado.

En el pueblo casi me conocían mas los niños más por “el maestro del bigote” … se ve que era el único que lo llevaba. Tambien iba a dedicarme a entrenar a un equipo de baloncesto de la Segunda Etapa…una gente muy buena y que sólo necesitaban que se preocupasen por elos, que se les dedicase un poco de atención.

En cuanto a la Fonda, me sentía como en mi propia casa; todo eran atenciones y cuidados por parte de la señora Anita, la dueña de la Fonda, y todo por 150 pesetas al dia (90 céntimos de euro). ¡Claro en unos momentos en que mi nómina era de unas 12.000 pesetas al mes (lo que hoy son 72 euros)…

Al principio casi nunca me queda los fines de semana… me iba a Granada y, algunas veces, a Málaga. Pero poco a poco me fue gustando estar alli…ya me estaba aclimatando…. ¡Aquellos largos ratos de charla con Antonio y Jose Manuel (empleado de la Caja de Ronda). Nuestros paseos por el pueblo o nuestras escapadas al Burgo o a Ronda… nuestros vasos de vino “mosto” en los bares del pueblo, con “conchas finas” que traían a diario desde Málaga … o nuestros ratos de charla en casa de Anita, la prima de Antonio, en donde él se alojaba….¡otra mujer encantadora y de una amabilidad exquisita! ¡Po cierto, me quedó una tarea programada pendiente con el abuelo, creo que era el padre de Anita: me iba a llevar a buscae “cagarrias” a la Sierra de las Nieves cuando mehorase el tiempo pero…¡me cambiaron de pueblo antes!…No puedo tampoco olvidar a un buen hombre, Ruiz López, el municipal, del que tambien me hice amigo…

Y asi, sin darme cuenta, pasan los dias y llega la Navidad, con unos dias en casa, con la familia más cercana, pero pasan pronto y de nuevo de regreso a Yunquera….¡y muy feliz de hacerlo!

Recuerdo algunas anécdotas… como la de una noche que se inició un fuego en la Sierra de las Nieves y me comntaron que cuando ocurria eso, se pasaban por los bares y, si no habia voluntarios, se llevaban a quienes había alli para apagar el fuego…¡por supuesto les pagaban! ¡nunca comprobé si eso era verdad!. …. O aquel otro dia que, a media mañana, la señora Ana, una gran mujer que hacia de perfecta madre, me llamó al ver que no me levantaba y me preguntó que si es que ese dia no iba a la escuela…¡eran las 11 de la mañana! ¡Jamás me ha vuelto a pasar y todavia no lo entiendo qué me pasó! Llegué en el recreo…¡qué vergüenza! ¡era imposible que eso me pudiese pasar a mi!…pero esa vez me pasó.

Pero todo lo bueno tine un final y un dia por la mañana, al llegar al colegio,don Victor, el director, me da una mala noticia…muy mala para mi: “mi labor como maesto en Yunquera ha terminado”; han recibido una carta de la Delegación de Educación diciéndome que “he sido desplazado” por el titular de ese puesto que acaba de terminar su servicio militar, y que, si me interesa, tengo un nuevo puesto de trabajo en San Pedro de Alcántara. Todos me animan diciéndome que San Pedro es mucho mejor, en la costa, junto a Marbella…pero yo no me hubiese querido marchar; no quería dejar a mis niños, mi primeros niños, ni a esos buenos amigos que he hecho en el pueblo… Antonio Segovia, Ascensión Cueto, Jose María Duarte, Pepi y Manolo (un matrimonio joven y estupendo, de Guadix), José Alcoholado…. pero la realidad se impone y me tengo que marchar hacia otro pueblo de nuevo desconocido…esta vez San Pedro de Alcántara…sería el primer desgarro en mi corazón al dejar a ese puñado de personas en las que dejé parte de él….¡Jamás olvidaría a Yunquera, a mis niños, a mi grupo de segunda etapa de baloncesto, a mis amigos….! ¡Y no puedo olvidar tampoco a otra persona con sus facultades algo disminuidas pero otra buena persona que los yunqueranos conoceréis…Alejo…¿os suena? yo parece que aún le estoy viendo….¡igual que a Ruiz López y a mis demás amigos yunqueranos!

La realidad es que, después de 44 años, Yunquera sigue en un lugar preferente de mis recuerdos… jamás me olvidé de mis alumnos de 2º de EGB… ni de las buenas gentes que me acogieron y me regalaron su amistad en Yunquera…¡la primera de mis escuelas! Luego llegaría San Pedro de Alcántara (un curso y medio), Torrenueva, ya en Granada (un curso), Motril (un curso), Guadahortuna (un cursoI, Picena n la Alpujarra granadina (mi primera escuela definitiiva y mi primr hogar de casado), un curso y Carchuna, junto a Motril, 31 años…hasta mi jubilación, hace 8 años y en donde sigo viviendo con mi mujer, a la que conocí en San Pedro de Alcántara, a donde llegué procedente de Yunquera.

 

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  1. María José Leiva Gil

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