CARTAS A DULCINEA
Martes, 7 de abril de 2026

Hoy se celebra el «día Internacional de la Salud» y qué mejor que felicitarlo con un comentario sobre la importancia de la Salud para nuestras vidas y cómo deberíamos velar por ella. Bajo el pulso acelerado de un siglo que no se detiene a respirar, el calendario nos regala un alto en el camino para recordar que el mayor tesoro de la especie no se custodia en cámaras acorazadas ni se mide en índices bursátiles.
El Día Internacional de la Salud es una jornada que trasciende la mera ausencia de enfermedad para convertirse en un manifiesto por la dignidad y el equilibrio integral del ser humano. No es solo una efeméride institucional nacida en el seno de la Organización Mundial de la Salud; es el recordatorio urgente de que nuestro cuerpo es el único hogar que habitaremos de principio a fin y que la vitalidad de una sociedad se mide por la fortaleza de sus eslabones más vulnerables. En un mundo interconectado, la salud ha dejado de ser una cuestión individual para revelarse como un desafío colectivo donde el bienestar de uno depende, inevitablemente, de la protección de todos.
La verdadera salud no habita únicamente en la esterilidad de los quirófanos o en la precisión de los laboratorios, sino que se gesta en la calidad del aire que llenamos en nuestros pulmones, en el acceso universal a un agua limpia y en la paz mental que tanto escasea en la era del ruido digital. Este día nos invita a reflexionar sobre las profundas brechas que aún dividen el mapa del mundo, donde el código postal sigue determinando la esperanza de vida con una crueldad que la ciencia ya debería haber erradicado. La salud es un derecho humano fundamental, una infraestructura del alma que permite que el talento, el amor y la creatividad florezcan sin el lastre del dolor evitable. Es el momento de reivindicar sistemas públicos robustos, pero también de asumir la responsabilidad personal de cultivar hábitos que honren nuestra propia biología, reconociendo que la prevención es la melodía que evita el estruendo de la crisis.
Al caer la noche de esta jornada, el eco de nuestras acciones debe resonar más allá de las campañas publicitarias y los buenos deseos. La salud mental, ese territorio tantas veces silenciado, reclama hoy su lugar bajo los focos, recordándonos que no hay cuerpo sano que resista una mente en sombras. El Día Internacional de la Salud es, en esencia, un brindis por la resiliencia humana y una llamada a la acción política y social para que la medicina sea un puente y no un privilegio. Que este día sirva para entender que cuidar de nuestra salud es el acto de amor propio más revolucionario que existe y que, solo a través de un compromiso firme con la equidad sanitaria, podremos aspirar a un futuro donde el simple hecho de respirar no sea un acto de supervivencia, sino una celebración plena de la existencia.
¿Intentamos llevar una vida mas saludable, si es que aún no lo estamos haciendo? ¡Yo creo que vale la pena!
Y la primera de mis fotos de esta noche es un recuerdo de hace justo 11 años, del 7 de abril de 2015, en nuestro Castillo de Carchuna… se exponía una muestra de mis fotografías , ¡algo que jamás imaginé que pudiera pasar! y guardo gratísimos recuerdos de ella, con un libro de visitas que conservo con gran cariño y en el que me dejaron su firma y sus mensaje y que es un reflejo de los muchísimos amigos que vinieron a verla. Y entre ese gran montón de amigos hoy he querido destacar a este grupo numeroso que bajó expresamente de Granada… eran mis compañeros maestros, aquellos con los que yo estudié Magisterio allá en los años 60 del siglo XX; tristemente, pero que ya tambien está dentro de los normal, ya faltan varios de los que aparecen en la foto y a los que dedico un especial recuerdo… mis buenos amigos Antonio y Manolo… y la esposa de mi amigo Paco, Elvira… ¡siempre en mi corazón!. Mi segunda foto es de esta mañana, en la que las nubes han vuelto a nuestros cielos dejándonos un día gris (que por cierto a mi me encanta). Feliz velada de martes de Pascua.




















