CARTAS A DULCINEA
Jueves, 16 de abril de 2026
«Torrenueva, el despertar de mis inquietudes sociales»
(Las raíces y las ramas de mi vida… Torrenueva, parte segunda)

Las Asociaciones de Vecinos como «Escuelas de Ciudadanía»
El movimiento que culminó con la independencia de Torrenueva no fue un fenómeno aislado, sino que se inscribe en la rica tradición del movimiento vecinal español. Surgidas en las décadas de 1960 y 1970, en las postrimerías del régimen franquista, las asociaciones de vecinos se convirtieron en uno de los actores sociales más dinámicos y transformadores del país. En un contexto de represión política y carencias urbanísticas generalizadas, estas organizaciones canalizaron el descontento popular y lo transformaron en acción colectiva.
Estas asociaciones funcionaron como verdaderas «escuelas de ciudadanía», donde miles de personas aprendieron a organizarse, a debatir, a negociar y a reivindicar sus derechos. Sus luchas se centraron en demandas concretas y tangibles: la pavimentación de calles, la construcción de centros de salud y escuelas, la creación de parques y la mejora del transporte público. A través de estas reivindicaciones, no solo mejoraron las condiciones de vida en los barrios, sino que también contribuyeron a la construcción de una sociedad más democrática y participativa desde la base.
Bernardo Roa Guzmán… la voz que unió a Torrenueva…. En la historia reciente de Torrenueva hay una etapa que marcó el carácter de todo un pueblo: los años 80 y 90, cuando la Asociación de Vecinos se convirtió en el corazón de la vida local. En aquellos tiempos difíciles, con una playa que se desmoronaba y un sentimiento de abandono por parte de Motril, surgieron hombres y mujeres dispuestos a cambiar las cosas. Entre ellos, destacó una figura serena y respetada, la de Bernardo Roa Guzmán.
Bernardo no fue un político ni un líder improvisado. Fue un vecino comprometido, con una enorme capacidad para escuchar, unir y convencer. Su palabra tranquila y su ejemplo constante lo convirtieron en el alma de una lucha que trascendió los problemas materiales. Con él trabajaron codo con codo Antonio Mota, Antonio Sánchez, Miguel Cortés, Juan de Dios Castilla, Ángel Moraga , Lola Fernández y muchos mas, todos ellos parte esencial de aquella gran movilización ciudadana.
La defensa de la playa y la exigencia de espigones protectores fueron el emblema de la época. Reuniones, escritos, gestiones y, cuando la paciencia se agotó, encierros en el Ayuntamiento de Motril, cortes de carretera y manifestaciones que pusieron a Torrenueva en el mapa. Hasta los carnavales se convirtieron en altavoz reivindicativo, demostrando que la creatividad y la alegría también podían ser formas de protesta… sólo basta la participación en el Carnaval de Motril de «Los Sobacones de Torrenueva», un grupo de vecinos, encabezados por Bernardo, que estaban encerrados en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Motril en esos momentos del Carnaval, reivindicando a su pueblo…. llegaba a la carpa del carnaval con su manta sobre los hombros y la «almohada» de sus sueños encerrados, bajo el sobaco…de ahí «sobacones» para reivindicar la lucha contra el problema de los muchos «socavones» en el paseo marítimo por los ataques de un mar al que nada se le oponía.
Bajo la dirección de Bernardo y su equipo, la Asociación de Vecinos no solo defendió infraestructuras: despertó la conciencia colectiva. Por primera vez, los torreños se vieron como un pueblo con voz propia, con derechos y con fuerza para defenderlos. Aquella década fue el principio del camino hacia la identidad y autonomía de Torrenueva, que años más tarde alcanzaría su independencia municipal.
La historia suele recordar a los héroes silenciosos, y Bernardo Roa Guzmán fue uno de ellos. Su compromiso, compartido con tantos compañeros, demostró que la unión vecinal es más poderosa que el olvido, y que cuando un pueblo se levanta con serenidad y firmeza, nada puede detenerlo. Su legado sigue vivo en cada espigón, en cada logro y, sobre todo, en la memoria agradecida de muchos torreños.
La experiencia de Torrenueva, aunque con la particularidad de su objetivo final de segregación, bebió de esta cultura de activismo local. La capacidad de identificar un problema común, de organizar a la comunidad en torno a un objetivo compartido y de persistir en la lucha a través de vías administrativas y políticas, son características que conectan directamente el movimiento torreño con la historia del movimiento vecinal en España. La pretensión de identificar la ciudadanía con la participación «más allá del voto» fue el motor que impulsó a los vecinos de Torrenueva a tomar las riendas de su propio destino.
Nota: este artículo no es mio sino la respuesta de la IA a la pregunta sobre el papel que desempeñó la Asociación de Vecinos de Torrenueva en su lucha por defender su identidad, su playa y su pueblo….
Lo que si son mías son esta últimas palabras con las que quiero agradecer a toda Torrenueva y en especial a quienes estuvieron codo a codo conmigo, aquellos imborrables años de asambleas en la escuelas, en la Iglesia, en el Colegio, … los cortes de carretera en los que tanto sufríamos algunos (en especial yo, no lo voy a negar), … las marchas en coche a Motril… las concentraciones en el Paseo ante los socavones (y buen susto que me llevé en una de ellas, cuando el paseo se hundió bajo mis pies y me llevé un susto de muerte… los viajes a Granada al Gobierno Civil y a Madrid, al Ministerio de Obras Públicas… el apoyo, siempre muy estimado y valorado que recibí personalmente del alcalde Motril, a quien recuerdo con cariño, don Enrique Cobo….¡tantas y tantas cosas…! No, en balde he titulado a todas estas semanas de escritos para Torrenueva como «Torrenueva, el despertar de mis inquietudes sociales», porque fue allí donde afloró todo lo que yo sentía y deseaba hacer por los demás.
Y mis dos fotos de esta noche tenían que estar dedicadas a Torrenueva y asi es… la primera es la de una playa «casi desconocida para la mayoría», aunque todos hemos oido hablar de ella… por aquellos años despertaba un cierto morbo por eso de ser una «playa nudista»… todavía queda lejana por su dificil acceso, aunque yo reconozco que nunca he estado en ella, no por nada sino porque no soy muy de playa, «que soy de los secanos de Jaén». Y la segunda es de otro dieciséis de abril distinto al de hoy, por las nubes del cielo, al atardecer. Feliz velada de un nuevo «jueves torreño», y te espero el próximo si así lo deseas.




















