CARTAS A DULCINEA
Jueves, 25 de junio de 2026
San Pedro de Alcántara… ¡y allí nació el amor!»
(Las raíces y las ramas de mi vida… San Pedro Alcántara, parte cuarta)

La historia de cómo creció San Pedro Alcántara está muy unida a sus fábricas, al paso del azúcar al alcohol y a la necesidad de enseñar a trabajar la tierra con las nuevas máquinas. Para que todo este proyecto diera dinero, era fundamental que la caña de azúcar se preparara y se transformara allí mismo, sin tener que llevarla lejos. Por eso se construyeron unas instalaciones enormes y modernas, como nunca antes se habían visto en toda la zona de la costa, cambiando para siempre el paisaje y la vida de la comarca.
Mucho antes de que se fundara el pueblo como tal, ya existía un antiguo molino para exprimir la caña, construido en 1823 por un hombre llamado Juan Bautista Lesseps. Pero fue el Marqués del Duero quien lo cambió por completo y lo mejoró de arriba abajo.
A finales de ese mismo siglo, aquel viejo edificio se convirtió en una Granja-Modelo, que funcionaba como una escuela del campo. Fue una idea totalmente nueva en la época, ya que allí se enseñaba a los trabajadores y a los capataces las mejores técnicas para sembrar la caña de azúcar y la remolacha, además de cómo usar las máquinas modernas.
Gracias a esta escuela, los hombres del pueblo aprendieron un oficio y estuvieron preparados para llevar adelante todo el trabajo de las tierras y de las fábricas.
El gran cambio llegó en 1871, cuando se abrió la gran fábrica conocida como el Ingenio de San Pedro de Alcántara. Se hizo un edificio tan grande para poder juntar en un mismo sitio toda la producción de azúcar y de licores. Al tener la fábrica al lado de los cultivos, ya no hacía falta gastar tanto dinero en camiones o transportes para llevar la caña hasta las fábricas de Málaga capital.
Dentro de este gran complejo industrial había dos partes principales muy bien preparadas. Por un lado estaba la fábrica de azúcar, que usaba los aparatos más avanzados de aquel tiempo para exprimir y limpiar el azúcar. Por otro lado estaba la alcoholera, una destilería que aprovechaba los restos que quedaban de la caña para hacer alcohol y aguardiente, además de contar con unas bodegas donde se guardaba un vino moscatel buenísimo que se vendía muy bien en las tiendas.
Esta gran fábrica estuvo funcionando a pleno rendimiento hasta el año 1915. En esa época, las cosas en el mundo cambiaron, empezó a venderse mucho el azúcar que venía de la remolacha y ya no era rentable seguir con el negocio, por lo que tuvieron que cerrar las puertas.
Hoy en día, todos esos viejos edificios no se han perdido, sino que se han arreglado y transformado en centros culturales para que los vecinos del pueblo puedan visitarlos. De esta manera, se mantiene vivo el recuerdo de aquellos tiempos en los que San Pedro de Alcántara vivía del trabajo de sus fábricas y de la tierra.
Por su parte, la llegada de personas de otros lugares y la mezcla de vecinos también cambió mucho la vida del pueblo, pasando de ser una pequeña colonia de agricultores a convertirse en un sitio abierto donde vive gente de todas partes. La población de San Pedro de Alcántara siempre ha crecido a base de distintas oleadas de familias que venían buscando trabajo, según lo que hiciera falta en cada momento de la historia.
Y hemos cumplido otro de mis jueves dedicados a mis ramas y mis raíces, hoy un nuevo capítulo de las raíces y ramas que dejé en San Pedro, que no son pocas, y con mi explicación de los orígenes industriales de San Pedro Alcántara, mis dos fotos, dedicadas esta noche a San Pedro… la primera una perspectiva desde la playa con la Sierra Blanca de Marbella al fondo y la segunda una muy entrañable para mi…. con mis inolvidables alumnos, de los que fui tutor, de 6º de EGB…¡todos esos! ¿pocos?. Y con ellos tambien mi compañero tutor de 7º, Pepe Torres, una gran persona que nunca he olvidado aunque apenas he vuelto a ver. El próximo jueves, mas cosas sobre San Pedro, por si está interesado en ellas. Feliz velada de jueves.




















