Sábado Santo: «El latido oculto bajo el sudario del tiempo»

CARTAS A DULCINEA
Sábado, 4 de abril de 2026

El mundo contiene hoy la respiración en un paréntesis de piedra y sombra, un vacío que no es ausencia, sino una espera cargada de presagios. Hoy es Sábado Santo, el día del gran silencio, esa jornada suspendida en el aire donde el eco de los lamentos de ayer se ha apagado y la alegría de mañana todavía no se atreve a despuntar. No hay procesiones estrepitosas ni campanas que rompan la calma; solo queda el reposo absoluto de un sepulcro que custodia el misterio más grande de la historia. Es el tiempo del «ya pero todavía no», un espacio liminal donde la fe se pone a prueba en la penumbra de una soledad que se siente infinita pero que, en realidad, está gestando un milagro.

En las iglesias desnudas y en los rincones del alma, se habita hoy la incertidumbre con una dignidad serena. El Sábado Santo nos enseña a convivir con el vacío, a entender que la vida también se construye en los periodos de aparente inactividad y derrota. Es el día de los que esperan contra toda esperanza, de los que velan junto a una losa fría confiando en que la oscuridad no tiene la última palabra. El aire huele a cera fría y a esperanza contenida, una mezcla sutil que nos invita a mirar hacia adentro, a buscar en nuestras propias tumbas personales el destello de una luz que se resiste a extinguirse por completo.

A medida que las sombras de la tarde se alargan, la tensión de la espera se vuelve casi palpable, como un arco tensado al máximo antes de soltar la flecha. La naturaleza misma parece aguardar ese primer chispazo de fuego que romperá la noche, el rito de la Vigilia que transformará el luto en un estallido de gloria. Pero, mientras tanto, el Sábado Santo nos regala el valor de la paciencia y la belleza del recogimiento. Es el recordatorio necesario de que, a veces, hay que saber permanecer en el silencio absoluto para poder escuchar, finalmente, el latido de la vida que se abre paso bajo la tierra.

¡Y tras la oscuridad de las últimas horas de muerte y sepulcro de Jesús, ya se adivina el resplandor del nuevo amanecer que significa la Resurrección! Feliz y ansiada velada del Sábado de Gloria.

«El eco de un madero en el vacío del mundo»

CARTAS A DULCINEA
Viernes, 3 de abril de 2026

La luz del día nace hoy con una palidez distinta, como si el sol mismo pidiera permiso para iluminar el drama que está a punto de consumarse. Hoy es Viernes Santo, el día en que el tiempo se detiene y la palabra cede su trono al silencio, ese vacío sonoro que lo llena todo. No hay música en los templos ni ruidos innecesarios en el alma; solo queda el rastro de una madera que arrastra por la piedra y el suspiro de una humanidad que, frente al sacrificio extremo, se descubre pequeña, frágil y desnuda. Es la jornada de la paradoja absoluta, donde la muerte no se presenta como un final, sino como el nudo más apretado de una historia que busca desesperadamente el sentido del dolor.

En las plazas y avenidas, el aire se vuelve denso, cargado con el aroma de la cera quemada y el sudor de quienes cargan con sus propias cruces, invisibles pero pesadas. El Viernes Santo no entiende de medias tintas; es un espejo oscuro donde nos vemos reflejados en la traición, en el juicio injusto y en la indiferencia de quienes miran hacia otro lado. Sin embargo, en esa oscuridad profunda late una belleza extraña, la de la entrega total por amor, un concepto que desafía cualquier lógica moderna de beneficio y egoísmo. Las imágenes que recorren las calles, con sus rostros de angustia y majestad, no son solo figuras de madera y oro, sino símbolos de cada lágrima derramada en la soledad de una habitación o en la frontera de una guerra.

Al llegar la tarde, cuando el último aliento se entrega y el velo se rasga, queda una quietud que sobrecoge el espíritu. El mundo parece contener la respiración ante el sepulcro, habitando ese territorio incierto entre lo que se ha perdido y lo que aún no ha nacido. No es un día para respuestas rápidas ni para consuelos fáciles, sino para permanecer ahí, a pie de cruz, aceptando que la vulnerabilidad es nuestra condición más sagrada. En ese horizonte de sombras, el Viernes Santo nos deja una promesa suspendida en el aire: que ninguna soledad es definitiva y que, a veces, es necesario que todo se apague para poder ver, por fin, la verdadera luz.

Y mis dos imágenes de hoy son las propias de un Viernes Santo: la primera de la procesión del Santo Entierro en Calahonda de hace justo 11 años que cayó tambien, curiosamente en 3 de abril. Feliz y bendecida velada de Viernes Santo. Y la segunda de unos de los miles y miles de penitentes anónimos que en estos dias hacen penitencia en sus cofradías … con esa mirada de fervor y esperanza… ¡mas aún cuando es al mirada inocente de un niño!

«El susurro del pan y el silencio de las sombras»

CARTAS A DULCINEA
Jueves, 2 de abril de 2026

Bajo el manto de un cielo que empieza a oler a incienso y a despedida, el calendario se detiene en una frontera invisible donde el tiempo parece plegarse sobre sí mismo. Hoy es Jueves Santo, y en el aire flota una densidad distinta, una mezcla de fragilidad humana y misterio divino que se cuela por las rendijas de las casas y las iglesias. No es un día cualquiera de descanso; es el epicentro de una sacudida emocional que comienza con el gesto más humilde de todos: el roce del agua sobre los pies cansados, una lección de servicio que, pasados dos mi años, sigue resultando incómodamente revolucionaria.

En las mesas se dispone el pan y el vino, pero lo que realmente se comparte es la certeza de una entrega inminente. El ambiente se tiñe de una luz dorada y crepuscular, la de los monumentos que aguardan en vela, mientras las campanas enmudecen para dejar paso al sonido seco de las carracas o al simple murmullo de los pasos en procesión.

Es la jornada del Amor Fraterno, ese concepto que suena a sueño inalcanzable pero que hoy se manifiesta en la mirada del que espera, en la mano extendida y en la mesa puesta para el que no tiene sitio. Hay algo profundamente conmovedor en esta tradición que nos obliga a mirar al otro no como un extraño, sino como un compañero de ruta en esta extraña travesía que es la vida.

Sin embargo, a medida que la tarde se apaga y da paso a la noche, el tono del día cambia radicalmente. La alegría de la cena se transforma en la angustia del huerto, y el Jueves Santo nos muestra su cara más cruda: la de la soledad y la traición. Es el momento en que la lealtad se pone a prueba y las sombras se alargan, recordándonos que incluso en la luz más brillante acecha la posibilidad del abandono. Las calles, antes bulliciosas, se recogen en un respeto casi sagrado, preparándose para el silencio que vendrá después, mientras el eco de un «amaos los unos a los otros» sigue vibrando con la fuerza de un mandato que aún no hemos terminado de cumplir.

Y hoy es el día por excelencia DEL AMOR, el día del AMOR FRATERNO… el que deberíamos tenernos todos, unos a otros, por encima de intereses y de buscar nuestra propia satisfacción… el AMOR que nos enseñó Jesús con su vida, que hasta la dio por salvarnos. Feliz velada de Jueves Santo.

«La vaselina»

CARTAS A DULCINEA
Miércoles, 1 de abril de 2026

La vaselina es uno de los productos más versátiles que puedes tener en casa. Su principal función es oclusiva, lo que significa que crea una barrera física que impide que la humedad se escape y protege contra agentes externos.
Aquí tienes un desglose de sus mejores usos divididos por categorías:

  1. Cuidado de la Piel y Belleza
  • Hidratación intensa: Ideal para suavizar zonas extremadamente secas como codos, rodillas y talones agrietados. Si la aplicas en los pies y te pones calcetines antes de dormir, notarás la diferencia al día siguiente.
  • Bálsamo labial: Es el remedio clásico para labios cortados por el frío o el viento.
  • Desmaquillante suave: Disuelve fácilmente el maquillaje, incluso el que es resistente al agua (waterproof), sin irritar la piel.
  • Protector de tinte: Antes de teñirte el pelo en casa, aplícala en el contorno de la cara y las orejas para evitar que la piel se manche.
  • Fijador de perfume: Aplica una pequeña cantidad en los puntos de pulso (muñecas, cuello) antes de rociar tu fragancia para que el aroma dure más tiempo.
  • Cuidado de cejas y pestañas: Sirve para peinar y fijar las cejas rebeldes o para dar un aspecto más grueso y saludable a las pestañas.
  1. Salud y Primeros Auxilios
  • Cicatrización de heridas: Aplicar vaselina en pequeños cortes, raspaduras o quemaduras leves mantiene la zona húmeda, lo que acelera la curación y ayuda a que la cicatriz sea menos visible.
  • Prevención de rozaduras: Muy útil para deportistas (en muslos o pies) o para bebés, ya que crea una barrera contra la humedad del pañal.
  • Alivio post-depilación: Calma la irritación y reduce el enrojecimiento después de afeitarse o depilarse.
  1. Usos en el Hogar
  • Mantenimiento de muebles: Ayuda a disimular marcas de agua en madera y a dar brillo al cuero (bolsos, zapatos o chaquetas).
  • Lubricante doméstico: Elimina el chirrido de las bisagras de las puertas o ayuda a que los cajones de madera se deslicen mejor.
  • Objetos atascados: Si tienes un anillo que no sale, un poco de vaselina ayudará a que resbale fácilmente.
  • Protección de herramientas: Una capa fina evita que el metal se oxide si se guarda en lugares húmedos.

⚠️ Precauciones importantes

  • No es hidratante por sí sola: No aporta agua, solo «atrapa» la que ya tienes. Úsala siempre sobre la piel algo húmeda para mejores resultados.
  • Evita el acné: Si tienes piel grasa o tendencia al acné, evita usarla en el rostro, ya que puede obstruir los poros.
  • No inhalar: No se recomienda aplicarla dentro de la nariz de forma profunda o frecuente, ya que la inhalación accidental de lípidos puede ser perjudicial para los pulmones.

Inventada en 1870 por el químico Robert Chesebrough, la vaselina (o gelatina de petróleo) ha pasado de ser un simple bálsamo para quemaduras a convertirse en un producto de culto. Su secreto no reside en lo que «aporta», sino en lo que «evita»: es el oclusivo perfecto.
A diferencia de las cremas hidratantes que penetran en la piel, la vaselina crea una barrera física impermeabilizante. No añade agua, pero evita que la que ya tienes se evapore. Por eso es imbatible para reparar la piel seca.

Y para finalizar… en invierno, aplícate una capa generosa en los pies antes de dormir y ponte calcetines de algodón. Al despertar, tus pies estarán tan suaves como los de un bebé.

Hoy es Miércoles Santo, de nuevo un miércoles muy azul, y subiendo poco a poco la temperatura. Feliz velada con las dos imágenes que te dejo hoy, una de esta mañana y la otra del casi final de la tarde, ambos limpios.

¿Qué cinco remedios naturales nos ayudan a mantener el colon sano y limpio?

CARTAS A DULCINEA
Martes, 31 de marzo de 2026

🌿🚽 Mantener un colon saludable es fundamental para el bienestar general. Un colon limpio y en buen estado puede contribuir a una digestión eficiente y a la prevención de diversas enfermedades. Afortunadamente, la naturaleza nos brinda una variedad de opciones para cuidar de nuestro colon de forma natural.

Aquí te tienes cinco remedios naturales que podrían ayudarte a mantener tu colon en óptimas condiciones. 🌱🥗🍌

1️⃣ Fibra dietética: La fibra es esencial para una buena salud intestinal. Alimentos como frutas, verduras, legumbres y cereales integrales son ricos en fibra y pueden ayudar a promover la regularidad intestinal y prevenir el estreñimiento.

2️⃣ Probióticos: Los probióticos son microorganismos beneficiosos que se encuentran en ciertos alimentos fermentados, como el yogur, el kéfir y el chucrut. Estos microorganismos pueden ayudar a mantener un equilibrio saludable de bacterias en el intestino, promoviendo así la salud del colon.

3️⃣ Hierbas digestivas: Algunas hierbas, como el jengibre, la menta y el cilantro, tienen propiedades digestivas que pueden ayudar a aliviar la inflamación y mejorar la función intestinal. Puedes incorporar estas hierbas en infusiones o utilizarlas como condimentos en tus comidas.

4️⃣ Agua: La hidratación adecuada es fundamental para mantener un colon saludable. Beber suficiente agua durante el día ayuda a mantener las heces blandas y facilita su paso a través del colon.

5️⃣ Ejercicio regular: El ejercicio físico regular no solo beneficia al sistema cardiovascular y muscular, sino que también puede favorecer el tránsito intestinal. Realizar actividades físicas como caminar, correr o practicar yoga puede contribuir a mantener un colon sano y limpio.

Recuerda que estos remedios naturales deben complementarse con una alimentación equilibrada y hábitos de estilo de vida saludables. Siempre es importante escuchar a tu cuerpo y consultar a un profesional de la salud si tienes inquietudes o síntomas persistentes.

Y ahora es tu turno:
¿Has probado alguno de estos remedios naturales para mantener tu colon sano y limpio? ¿Tienes algún otro remedio natural que hayas encontrado efectivo? ¡Cuidemos de nuestra salud porque en ello nos va la vida!

Feliz Martes Santo, un nuevo día radiante, como hace muchos años no se veía en una Semana Santa; y hoy menos fresco….¡que ya llegará el calor!. Y con mis deseos de una feliz velada de Martes Santo, mis dos fotos de esta noche que son un reflejo del día que hemos vivido… y que además ha significado el final del mes de marzo, su despedida.

El espejismo del yo… la soledad de quien solo habita en sí mismo.

CARTAS A DULCINEA
Lunes, 30 de marzo de 2026

Vivir para uno mismo es como intentar iluminar una habitación con un espejo que no recibe luz de ninguna parte; se puede poseer la superficie más brillante, pero sin el reflejo del otro, la estancia permanece en penumbra. Esta forma de existencia, a menudo disfrazada de independencia o autorrealización, es en realidad una forma sutil de asfixia emocional donde el horizonte se estrecha hasta coincidir con el propio ombligo.
El ser humano es, por naturaleza, una criatura de encuentro, y cuando se encierra en la burbuja de sus propios deseos, intereses y comodidades, amputa la mitad de su capacidad de sentir y de crecer.
Quien vive exclusivamente para su provecho podrá evitar el roce del conflicto o el peso de la responsabilidad ajena, pero también se priva de la expansión del alma que solo ocurre cuando nos entregamos, cuando nos preocupamos y cuando nos volvemos vulnerables ante la necesidad del prójimo. Al final del camino, una vida volcada hacia el interior resulta ser un relato incompleto, una melodía de una sola nota que, por falta de armonía con otras vidas, termina por volverse monótona y vacía, recordándonos que la verdadera plenitud no es un tesoro que se custodia bajo llave, sino un caudal que solo se renueva cuando se permite fluir hacia los demás.

¿Un cuentecillo para completar el comentario?…. se titula «El jardín de los muros invisibles»

En una ciudad donde todos compartían sus cosechas, vivía un hombre llamado Amaro que poseía el terreno más fértil de la comarca. Amaro decidió que no quería que nadie disfrutara de sus frutos sin que él recibiera algo a cambio, así que construyó un muro altísimo alrededor de su propiedad.
«Aquí viviré para mí, sin las interrupciones de los necesitados ni las cargas de los vecinos», se dijo con satisfacción.

Durante los primeros años, Amaro disfrutó de las mejores uvas y las flores más fragantes, pero pronto empezó a notar algo extraño: las abejas, que antes volaban libres de jardín en jardín, ya no encontraban el camino hacia su recinto cerrado.
Sin polinización, los árboles dejaron de dar frutos y las flores perdieron su color.
Amaro tenía todo el espacio para él, pero su jardín se convirtió en un desierto de silencio.
Un día, debilitado y solo, escuchó risas al otro lado del muro. Trepó como pudo y vio que sus vecinos, aunque tenían jardines más pequeños, compartían herramientas, semillas y esfuerzos, creando un vergel común que rebosaba de vida.
Amaro comprendió entonces que, al encerrarse para no dar nada, se había quedado sin nada que recibir, dándose cuenta de que su libertad era en realidad la celda más pequeña del mundo».

Y es que aunque parezca mentira, la ciencia y la vida nos enseñan que se siente mucha más alegría al dar que al recibir. Es verdad que cuando nos dan un regalo o nos ayudan, sentimos una ilusión muy bonita, pero ese sentimiento suele durar poquito tiempo. En cambio, cuando somos nosotros los que echamos una mano, hacemos un favor o regalamos algo con cariño, dentro de nosotros se enciende una chispa diferente. Ayudar a los demás nos hace sentir útiles, valiosos y más conectados con la gente que nos rodea. Es como si el cuerpo nos diera las gracias por ser generosos soltando unas sustancias naturales que nos relajan y nos ponen de buen humor. Al final, el que recibe se lleva una alegría, pero el que da se queda con una paz y una satisfacción en el corazón que dura mucho más.

Y ya sólo desearte una feliz velada de Lunes Santo con mis dos fotos de hoy, las de un lunes de cielos totalmente limpios pero, eso si, un poco fresquitos, todavia impropios de la primavera.

La balanza del acero: origen y eco de una sentencia milenaria… quien a hierro mata, a hierro muere.

CARTAS A DULCINEA
Domingo, 29 de marzo de 2026

Y qué mejor dia que este «Domingo de Ramos», en el que iniciamos la semana mas importante para los creyentes cristianos para hablar de esta expresión popular, que tiene un significado mucho mas allá de su literalidad y que, como ahora verás, tiene su origen en el relato bíblico de la Pasión de Jesús, que hemos escuchado hoy completa en la misa del Domingo de Ramos.

La expresión popular «quien a hierro mata, a hierro muere» no es solo un refrán cargado de una justicia poética casi tangible, sino que constituye una de las advertencias éticas más antiguas y persistentes de la civilización occidental, funcionando como un espejo donde la violencia se refleja sobre sí misma. Su fuerza reside en la simetría perfecta de la retribución, sugiriendo que las acciones de un individuo establecen el patrón de su propio destino y que aquel que elige el camino de la agresividad termina, tarde o temprano, siendo víctima de su propio método.

Esta sentencia tiene una raíz profundamente bíblica y se extrae específicamente del Evangelio de San Mateo, en el Nuevo Testamento, donde se relata el momento crítico del arresto de Jesús en el huerto de Getsemaní. Según el texto, cuando uno de los acompañantes de Cristo —tradicionalmente identificado como Pedro— desenvaina su espada y corta la oreja de un sirviente del sumo sacerdote en un intento de defensa, Jesús le ordena detenerse diciendo: «Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán».

Aunque la formulación moderna sustituye la palabra «espada» por el material que la compone, el hierro, el núcleo del mensaje permanece intacto desde hace dos milenios. No obstante, su origen intelectual es incluso anterior, pues bebe directamente de la filosofía de la Ley del Talión, aquel «ojo por ojo y diente por diente» recogido en el Código de Hammurabi y en el Éxodo, que buscaba limitar la venganza imponiendo un castigo idéntico al daño causado.

A diferencia de la interpretación puramente legalista del pasado, el uso actual del refrán ha evolucionado hacia una dimensión casi metafísica o moral. Hoy no se utiliza únicamente para hablar de armas físicas, sino para advertir sobre la causalidad de nuestros actos: quien traiciona suele ser traicionado, y quien utiliza la crueldad como herramienta acaba encontrándola en su propio camino. Es, en última instancia, un recordatorio de que el mundo tiende a devolvernos la moneda con la que decidimos pagar, convirtiendo nuestras elecciones en nuestra propia sentencia.

Tambien el Karma, que es un concepto fundamental de las filosofías y religiones orientales (como el hinduismo, el budismo y el jainismo) que describe la ley universal de causa y efecto, recoge ideas sobre las que se basa esta expresión… Es fascinante ver cómo conceptos de culturas tan distantes terminan convergiendo en una misma verdad universal, aunque con matices muy distintos. Mientras que el «quien a hierro mata…» tiene una carga de justicia inmediata y externa, el karma opera de una forma más sutil y profunda. Ambas visiones, la del Evangelio Cristiano y la del Karma Oriental, coinciden en la responsabilidad individual. Ambas nos dicen que el universo no es un caos aleatorio, sino un sistema con orden donde lo que lanzamos al mundo tiene un «efecto bumerán». El hierro que afilas hoy es el mismo que corta tu mañana.

Feliz velada de Domingo de Ramos, feliz SEMANA SANTA … y no olvidemos nunca esta sentencia, derivada de unas palabras bíblicas pronunciadas por Jesús de Nazareth en el Huerto de los Olivos; y es que lo que hagamos, revertirá sobre nosotros antes o después. Y hoy ha sido un dia en el que han vuelto las nubes, mas espesas y oscuras por la tarde, como se ve en mis fotos.

Vivir de puntillas sobre el viento: La filosofía del «voy en un volao»

CARTAS A DULCINEA
Sábado, 28 de marzo de 2026

La expresión popular «voy en un volao» encierra una sonoridad casi eléctrica, el ritmo frenético de nuestra existencia contemporánea. No se trata simplemente de ir rápido o de tener prisa; es la descripción de un estado de ingravidez forzada, donde el individuo parece desplazarse a milímetros del suelo, impulsado por una inercia que no permite el aterrizaje ni la pausa. Decir que uno va «en un volao» es confesar que el tiempo se ha convertido en un hilo tenso y que nuestra presencia en los lugares es apenas un destello, una ráfaga que cruza una habitación sin llegar a habitarla del todo.

Esta frase actúa como una señal de identidad de una época que ha sacralizado la inmediatez. En el «volao», la profundidad del encuentro se sacrifica en el altar de la eficiencia; saludamos mientras ya estamos pensando en la siguiente puerta que debemos cruzar, y escuchamos con el cuerpo inclinado hacia la salida. Es una forma de supervivencia urbana donde la pausa se percibe como una amenaza y la velocidad como una armadura. Sin embargo, en ese viaje aéreo y veloz, corremos el riesgo de convertirnos en meros espectadores de nuestra propia vida, pasando por encima de los detalles, los sabores y las miradas que solo se perciben cuando los pies están firmemente plantados en la tierra.

Paradójicamente, el «volao» suele esconder una profunda generosidad o un sentido del deber inquebrantable: vamos deprisa porque queremos llegar a todo, porque queremos cumplir con todos, porque el mundo nos reclama en mil frentes a la vez. Pero esa prisa constante es también un ladrón silencioso de memoria. Lo que se vive «en un volao» rara vez echa raíces en el recuerdo; las experiencias necesitan el oxígeno de la calma para fijarse en el alma. Al final, correr tanto nos deja a menudo en el mismo sitio emocional, agotados por el esfuerzo de un desplazamiento que, aunque veloz, nos ha impedido tocar la esencia de lo que hemos cruzado.

Aprender a bajar del «volao» de vez en cuando no es un signo de debilidad, sino un acto de rebeldía necesaria. Recuperar el paso lento, el café que se enfría mientras la conversación fluye y el caminar sin una meta urgente es la única forma de volver a ser dueños de nuestro tiempo. La vida, en su sabiduría más pura, no ocurre en la ráfaga, sino en el poso; no en el vuelo apresurado, sino en el instante en que decidimos, por fin, detener el reloj y permitir que el mundo, con todo su peso y su belleza, nos alcance y nos abrace.

…y «en un volao» ha llegado la primavera que ya se está asentando entre nosotros… igual que «en un volao» pasará la primavera y llegará de nuevo el otoño… igual que también «en un volao» se pasa la vida y a lo mejor no nos estamos dando ni cuenta, asi es que…¡a aprovecharla! . Vuelven poco a poco los cielos azules y van subiendo las temperaturas. Feliz velada de Sábado de Pasión.

El sabor amargo del desencanto… cuando la sorpresa escuece como la sal.

CARTAS A DULCINEA
Viernes, 27 de marzo de 2026

Hay palabras que no solo se escuchan, sino que se sienten como un impacto físico en el centro mismo de nuestro entendimiento. La expresión «echar sal en la mollera» evoca una imagen casi medieval, una forma de castigo o de purificación forzosa que describe a la perfección ese instante en que la imagen que teníamos de alguien se hace añicos. No es simplemente una decepción; es el ardor punzante de descubrir que la persona que creíamos conocer habita en realidad una geografía moral completamente distinta. Esa «sal» no busca curar, sino que penetra en la herida abierta de la confianza traicionada, recordándonos con su escozor que la vulnerabilidad siempre tiene un precio.

El desencanto es una de las experiencias más solitarias del ser humano porque nos obliga a desmantelar un altar que nosotros mismos habíamos construido. Cuando alguien nos dice, o nos hace sentir, que no es quien esperábamos, el suelo bajo nuestros pies se vuelve inestable. La «mollera», ese punto tierno y desprotegido que en la infancia simboliza nuestra apertura al mundo, vuelve a quedar expuesta en la edad adulta a través de la fe que depositamos en los demás. Que alguien vierta sal sobre ella es un acto de crueldad involuntaria o deliberada que nos obliga a cerrar los ojos y apretar los dientes, asimilando una realidad que nuestra mente se resistía a aceptar.

Sin embargo, tras el ardor inicial, la sal tiene una propiedad ancestral: es un conservante y un antiséptico. Aunque la frase nace del dolor y de la queja ante lo inesperado, ese baño de realidad cruda sirve para desinfectar nuestras percepciones de idealismos peligrosos. Aceptar que el otro es «así», con sus aristas y sus sombras que antes no queríamos ver, es un proceso de maduración forzosa. La sal quema porque está limpiando la herida de la ceguera voluntaria, obligándonos a mirar la vida y las relaciones con una nitidez que, aunque dolorosa, es la única base posible para una honestidad verdadera.

Al final, sobrevivir a la sal en la mollera nos hace más sabios, aunque quizás un poco más cautos. El «no me esperaba que fueras así» es el epitafio de una ilusión, pero también el nacimiento de una mirada más adulta. Aprendemos que las personas no son lo que nuestra fantasía proyecta sobre ellas, sino seres complejos que a veces nos fallarán. El escozor pasará, la herida cerrará y, con el tiempo, esa misma sal que hoy nos hace sufrir se convertirá en la sabiduría necesaria para no volver a entregar nuestra mollera a manos que no saben distinguir entre el cuidado y el daño.
Echar sal en la mollera. Significa decepcionar, desengañar o defraudar.

Y ya hoy es el pórtico de la Semana Santa en este «Viernes de Dolores» en el que los niños, tambien en Carchuna, han empezado a recordarnos que es casi Semana Santa con su procesión escolar por las calles de nuestro pueblo, de la que he seleccionado sesos dos tronos … la Santa Cena y «La Borriquilla». Feliz velada de viernes de Dolores y muchas felicidades a todas las Lolas, Lolitas y Dolores…y un abrazo muy grande para mi madre, al cielo, que hoy era su Santo.

«Aquel año que fui maestro en el Colegio «Principe Felipe»… entre risas, escuela y recuerdos que no se borran»

CARTAS A DULCINEA
Jueves, 26 de marzo de 2026
(Las raíces y las ramas de mi vida… Motril, parte séptima y final)

A veces basta un año para llenar toda una vida de recuerdos. Mi etapa como maestro en Motril fue precisamente eso: un tiempo breve pero intenso, tejido con amistad, juventud y experiencias que aún hoy guardo con cariño. Vivíamos en el piso del hostal La Campana, donde la convivencia con mis amigos Paco, Juan José Esteban y Juan Miguel fue tan natural como alegre. Éramos jóvenes, llenos de ganas de vivir y, según algunos, quizá demasiado juerguistas. Paco acabó marchándose porque su novia decía que el ambiente del piso no era el más tranquilo, pero mientras duró, aquella convivencia fue perfecta. Había reparto de tareas, humor en cada rincón y una complicidad que hacía del día a día algo ligero.

Recuerdo especialmente nuestras salidas al cine: una costumbre que se repetía casi cada semana. Íbamos con la ilusión de ver una buena película, pero el cansancio del trabajo y el calor de la sala acababan venciendo. Los tres, sin excepción, nos quedábamos dormidos antes de que llegara el final. Al terminar la función, el acomodador nos despertaba con paciencia, como si fuésemos parte habitual del decorado. Aquel pequeño ritual se convirtió en uno de esos recuerdos sencillos pero imborrables que hoy arrancan una sonrisa.

En la escuela, mi vida se llenaba de nombres y de rostros. Los niños de Puntalón —Celia, María José, Rosa…— y los que venían desde la Alpujarra me enseñaron más de lo que yo pude enseñarles. Su sencillez, su cariño y sus ganas de aprender hacían que cada día en el aula fuera un regalo. No tardé en sentirme parte de ellos, no solo como maestro, sino también como alguien cercano, implicado en su crecimiento y en sus pequeñas historias cotidianas.

No todo fue fácil, claro. Recuerdo la aventura del comedor escolar, cuando mis compañeros y yo fuimos apartados por protestar. Considerábamos que la comida que se servía no era lo suficientemente sana para los alumnos, y nuestra queja —tan justa como ingenua— nos costó el puesto. Aun así, lo hicimos convencidos de que era lo correcto, y con la serenidad de quien defiende lo que cree.

Uno de los momentos más duros de aquel año fue el viaje de estudios a Palma de Mallorca. Todo iba bien hasta que, en la primera noche, recibí una llamada que partió mi vida en dos: mi padre había fallecido repentinamente de un derrame cerebral. Recuerdo el vértigo de aquella madrugada, la urgencia del regreso: avión hasta Madrid y desde allí, un taxi hasta Huelma. Todo era un torbellino de dolor, incredulidad y silencio. Aquel regreso no fue solo un viaje físico, sino un tránsito íntimo entre la juventud despreocupada y la conciencia de la pérdida.

Aun así, la vida siguió su curso. Volví al colegio, a mis alumnos, a las excursiones con ellos y también con mis compañeros de piso. Recuperar la rutina fue una forma de sanar. Motril seguía ofreciéndome su luz, su brisa del mar y esa mezcla de melancolía y esperanza que solo las ciudades abiertas al horizonte poseen. En la escuela retomé mis actividades teatrales, una pasión que ya había empezado en Torrenueva, convencido de que el teatro era una forma de educar el alma tanto como la mente.

Aquel año en Motril fue un mosaico de emociones: amistad, trabajo, juventud, pérdida, ilusión… todo entretejido con la sencillez de los días compartidos. Hoy, al recordarlo, me doy cuenta de que más allá de las anécdotas y las vivencias, lo que realmente permanece es el aprendizaje humano: la certeza de que cada etapa deja una huella que no se borra, y que incluso los años más breves pueden contener toda una vida.

Feliz velada de jueves, del último jueves dedicado a mi paso como maestro por Motril, en la que lo que he escrito es una pequeña reflexión sobre mi experiencia como maestro y como persona en Motril. Y mis fotos esta noche tenía clarísimo que las dos tenían que estar dedicadas a mis alumnos, una de una de las varias excursiones que hice con ellos y la otra con un grupo de alumnos en un aula. Un abrazo muy fuerte para todos los que están en las fotos y los que no está, que a todos le llevo en un rincón privilegiado del corazón.