CARTAS A DULCINEA
Jueves, 4 de junio de 2026
San Pedro de Alcántara… ¡y allí nació el amor!»
(Las raíces y las ramas de mi vida… San Pedro Alcántara, parte primera)

Desde hace milenios la costa fue habitada por numerosos pueblos que dejaron su impronta cultural: fenicios, púnicos y romanos, y la posterior presencia visigoda, bizantina y musulmana. Todo ello la convirtió en un punto clave en la historia del Mediterráneo. Fenicios y cartagineses solían asentarse en promontorios no muy alejados de la costa. Los cartagineses practicaron en sus colonias ibéricas la agricultura, la ganadería y comenzaron a producir salazones. Los romanos conquistaron la costa de Málaga a lo largo del siglo II a.n.e.; se instalaron en los antiguos asentamientos púnicos y crearon otros nuevos que contribuyeron a la asimilación de la cultura romana (lengua, costumbres, religión, pensamiento) por la población indígena.
Algunos de los nuevos asentamientos poblacionales se convirtieron con el tiempo en prósperas villas, conocidas hoy día como villae a mare, enclaves que tenían una parte dedicada a la producción de salazones y garum, pars rustica, y otra zona más noble que servía de residencia a los dueños, pars urbana. A lo largo de los siglos II, III y IV n.e. estas villas florecieron al amparo del aumento en la producción y necesitaron de puertos y calzadas que hicieran posible los intercambios comerciales.
La evolución de San Pedro de Alcántara, núcleo de población situado en el extremo occidental del municipio de Marbella, constituye uno de los casos de estudio más singulares y complejos de la historiografía urbana y la colonización agraria en la España contemporánea.
A diferencia de la mayoría de los asentamientos de la Costa del Sol, cuyo origen se vincula a núcleos pesqueros o fortalezas medievales, la configuración actual de San Pedro de Alcántara es el resultado de un ambicioso proyecto de ingeniería social, económica e industrial del siglo XIX: la Colonia Agrícola impulsada por el general Manuel Gutiérrez de la Concha e Irigoyen, primer Marqués del Duero. No obstante, este territorio posee una estratigrafía histórica que se remonta al Bajo Imperio Romano y el cristianismo primitivo, configurando una identidad donde la arqueología clásica, la arqueología industrial y el desarrollo turístico de vanguardia coexisten en un espacio de transición geográfica esencial entre el litoral mediterráneo y las estribaciones de la Serranía de Ronda. Lo más probable es que la ciudad de Cilniana, citada en el Itinerario de Antonino 6, se asentara en el término municipal de Marbella… en lo que actualmente es San Pedro de Alcántara
Orígenes y arqueología: El legado de Cilniana y la antigüedad tardía
El poblamiento de la vega de San Pedro de Alcántara se encuentra indisolublemente ligado a la dinámica comercial del Mediterráneo romano. Las investigaciones arqueológicas, iniciadas formalmente a principios del siglo XX, sugieren que la zona albergó la ciudad de Cilniana, una mansio o estación de la Vía Augusta situada estratégicamente entre Gades y Carthago Nova. Este asentamiento no fue una simple parada de postas, sino un centro de producción y consumo de alto nivel, como atestiguan los restos monumentales localizados en la desembocadura del río Guadalmina y el arroyo del Chopo.
El complejo termal de Las Bóvedas: Arquitectura e ingeniería hidráulica
Las Termas Romanas de Las Bóvedas, datadas entre los siglos II y III d. C., representan uno de los testimonios más excepcionales de arquitectura hidráulica romana en la península ibérica. La estructura, de planta octogonal con una sala central abovedada y ocho habitaciones periféricas dispuestas radialmente, conserva gran parte de su alzado original, lo cual es una rareza en el panorama arqueológico nacional. El edificio se construyó a base de mampostería con mortero de cal y se estima que su uso estaba vinculado no solo a la higiene personal, sino también a la vida social de una población suntuosa que habitaba el Bajo Imperio Romano.
Localizadas en el margen derecho de la desembocadura del río Guadalmina, son termas romanas fechadas entre los siglos II y III. Se construyeron con opus caementicium y refuerzos de ladrillo revestidos con placas de mármol en algunos sectores; también hay zonas que combinan el latericium con el opus incertum. Se conserva parte de la cubierta abovedada (bóveda de cañón de arista) y dos plantas que giran en torno a un patio octogonal con estanque al que se abren siete estancias también octogonales. En la parte oriental se conserva un mosaico de grandes teselas sobre el praefurnium y parte de las estructuras subterráneas para la red de calefacción. La parte central tiene suelo de opus signinum.
En el conjunto arqueológico hay algunas piletas de una antigua factoría de salazón.
El edificio principal se articula en torno a una sala central de planta octogonal, a la cual se abren diversas estancias, también octogonales. En la parte oriental se observan los sistemas de suspensurae y restos del pavimento original con mosaicos de grandes teselas. Esta área se vincula a un praefurnium que alimentaría directamente al caldarium, pero las intervenciones arqueológicas han podido documentar la presencia de varios praefurnium en estos baños. Por el contrario, las dos salas situadas más al norte no presentan restos de los elementos anteriores y debieron corresponder a salas del recorrido frío, estando dedicada una de ellas, la más occidental, a piscina de agua fría.
La envergadura del edificio termal, que tradicionalmente supera la entidad de una villa, así como la cercanía de otros elementos y la presencia de yacimientos cercanos como la Basílica paleocristiana de Vega del Mar formarían posiblemente parte de un mismo sitio, como una ciudad romana, quizás Cilniana del Itinerario de Antonino. También avala esta hipótesis la presencia significativa de material arqueológico mueble, como cerámica romana, fundamentalmente terra sigillata, y material numismático abundante y significativo.
La ubicación de estas termas, a escasos metros de la línea de costa actual, sugiere una conexión funcional con las actividades de salazón y el comercio marítimo que caracterizaron a la provincia de la Bética, funcionando como un punto de atracción para el lujo y la higiene en un entorno de intensa actividad económica.
Y de mis dos fotos de este primer «jueves sampedreño», la primera, como vengo haciendo, es de San Pedro, un testigo de su vieja historia, con esas termas de las bóvedas. Mi segunda foto es de esta misma mañana en Carchuna, en donde a pocos minutos de mi salida a caminar, a las 8 de la mañana, la niebla procedente del mar de Alborán, invadía el Llano. Feliz velada de jueves.




















