CARTAS A DULCINEA
Lunes, 2 de noviembre

Querida Dulcinea:
El 2 de noviembre tiene un significado especial. Después de celebrar el Día de Todos los Santos, llega el Día de los Difuntos, una jornada en la que recordamos a las personas que estuvieron en nuestra vida y que ya no están físicamente junto a nosotros. Es un día de recuerdos, de oración y, sobre todo, de cariño.
Para los cristianos, no se trata solamente de recordar a quienes han muerto. Es también un día para rezar por todos los fieles difuntos y mantener viva la esperanza en la resurrección y en la vida eterna. La Iglesia enseña que el amor no termina con la muerte y que nuestros seres queridos siguen formando parte de esa gran unión de personas que llamamos comunión de los santos.
Esta costumbre viene de muy lejos. Aunque la oración por los muertos existe desde los primeros tiempos del cristianismo, la celebración del 2 de noviembre tiene su origen, de una manera más concreta, en el siglo X. San Odilón, abad del monasterio de Cluny, en Francia, estableció alrededor del año 998 una jornada especial para rezar por todos los difuntos. Con el paso de los siglos, aquella costumbre se fue extendiendo hasta llegar a toda la Iglesia de rito latino.
Y quizá sea bonito pensar que no hemos cambiado tanto desde entonces. Han pasado más de mil años, han cambiado las casas, las calles, los vestidos y las formas de vivir, pero seguimos teniendo la misma necesidad de recordar a quienes amamos.
En España, estos días tienen además una tradición muy arraigada. Visitamos los cementerios, limpiamos las tumbas, llevamos flores y nos detenemos unos momentos ante los nombres de nuestros familiares. Allí, frente a una lápida, muchas veces no vemos solamente un nombre. Vemos una vida entera.
Vemos a nuestros padres, a nuestros abuelos, a un hermano, a un amigo, a un compañero de escuela o a aquella persona que un día nos tendió la mano cuando la necesitábamos.
Las flores que ponemos sobre una tumba hablan un lenguaje que todos entendemos. Dicen: «No te hemos olvidado». Y quizá eso sea una de las cosas más hermosas que podemos hacer por quienes se fueron: mantenerlos vivos en nuestra memoria.
Porque la muerte puede llevarse una presencia, pero no puede llevarse todo lo vivido. No puede borrar una sonrisa, una conversación, un abrazo, una enseñanza o tantos momentos compartidos.
Recuerdo que, cuando éramos pequeños, estas fechas tenían algo de misterio. Los mayores hablaban de quienes habían muerto y nosotros escuchábamos con respeto, quizá sin comprender del todo lo que significaba perder para siempre a una persona querida. Con los años, uno va entendiendo que la muerte forma parte de la vida y que, tarde o temprano, todos tendremos que despedirnos de alguien.
Por eso el Día de los Difuntos también nos invita a valorar más a quienes todavía tenemos cerca. A llamar a un familiar, a visitar a un amigo, a decir «te quiero» sin esperar a que sea demasiado tarde.
Noviembre nos recuerda que la vida pasa deprisa. Pero también nos enseña que el amor sabe quedarse.
Y quizá por eso cuando estos días caminamos entre las flores de un cementerio, no deberíamos pensar solamente en la muerte. Deberíamos pensar en la vida que hubo detrás de cada nombre.
Porque cada tumba guarda una historia. Y mientras haya alguien que la recuerde con amor, esa historia nunca estará completamente perdida…. y jamás olvides que «mientras nuestros seres queridos sigan en nosotros, no han muerto del todo», y cuando llegue nuestra hora, nos reencontraremos con ellos PARA SIEMPRE. Feliz velada del día de los Fieles Difuntos… todas esas que nos han acompañado en nuestra vida, que nos amaron y alas que amamos y que, aunque físicamente no las tengamos al lado, SIGUEN VIVAS EN NOSOTROS. MI primer recuerdo de hoy en imagen es para para los míos, los que siguen conmigo, junto a otros muchos mas… estos son los mas cercanos. La segunda foto está cargada de simbología…la ESPERANZA de un FUTURO AMANECER, limpio, como ha sido el de esta mañana, en el que de nuevo nos vamos a REENCONTRAR.




















