«Pequeñas piedras pueden construir grandes montañas.. Pequeños pasos pueden cubrir muchas millas… Pequeños gestos de amor y ternura pueden hacer al mundo feliz…
Un pequeño abrazo puede secar muchas lágrimas.. Una pequeña palabra, amor, puede colmarnos de felicidad… Una pequeña oración, puede obtener un milagro de Dios
Una pequeña sonrisa, puede transformar el mundo… Son esas pequeñas cosas las que construyen nuestro mundo… Cuando pienso en ellas, cálidas imágenes vienen a mi mente.
Pienso en los momentos que compartimos en la red intercambiando mensajes que nos alegran el espíritu… No importa quien los escribió… Lo más importante es que esos textos llegan… Gracias por compartir esta hermosa amistad…
Hay gestos, palabras y pasos que aparentemente pueden ser considerados pequeños, pero que en realidad pueden tener una gran trascendencia. Gracias por esas pequeñas cosas…» (Web católico de Javier)
Esta reflexión ensalza el poder de lo sencillo, recordándonos que la grandeza no reside en acciones heroicas aisladas, sino en la acumulación de gestos cotidianos hechos con amor. ¿Y qué nos enseña?….Pues que las grandes obras no se miden por su tamaño, sino por la profundidad del amor y la constancia de los pequeños detalles que las construyen.
La vida es un camino donde lo principal no se mide por el oro acumulado, sino por la luz que guardamos en el alma. Para no perdernos en la ambición, debemos aprender la serenidad de quien confía en que todo suceso —sea aparente gracia o desgracia— es solo una pieza del plan de Dios que aún no alcanzamos a comprender. En esa espera confiada, descubrimos que la verdadera grandeza no está en lo espectacular, sino en la fidelidad a lo pequeño: en la palabra amable, la oración humilde y el gesto de amor cotidiano. Al final, cuando se cierre la puerta de este mundo, no llevaremos con nosotros lo que las manos agarraron con ansiedad, sino las «pequeñas piedras» de afecto y fe que, paso a paso, construyeron nuestra eternidad.
Feliz velada de domingo, ya adentrándonos en la primavera, ¡que es lo que toca!
La expresión «hacer sábado» trasciende la mera limpieza doméstica para convertirse en un rito de purificación y orden que pone fin al caos acumulado durante la semana. No se trata simplemente de pasar una bayeta o barrer el suelo; es una ceremonia de renovación donde el hogar, y por extensión la mente de quien lo habita, se despoja de las capas de polvo y desorden que el ajetreo diario ha ido depositando. Al «hacer sábado», abrimos las ventanas de par en par, permitiendo que el aire fresco expulse el estancamiento y que la luz reclame su espacio, recordándonos que el entorno en el que vivimos es el reflejo más fiel de nuestro paisaje interior.
Este hábito tiene raíces profundas que mezclan la higiene con la espiritualidad, una herencia de tiempos donde el descanso dominical exigía una preparación previa de pureza y decoro. En el acto de mover muebles, sacudir alfombras y organizar cajones, hay una intención casi terapéutica de tomar las riendas de nuestra realidad inmediata. Es el momento en que decidimos qué se queda y qué debe irse, un ejercicio de discernimiento que nos ayuda a soltar lo viejo para dejar sitio a lo nuevo. El hogar, tras un buen «sábado», no solo brilla más, sino que se siente más ligero, como si las paredes mismas respiraran aliviadas tras haber sido liberadas de su carga.
Sin embargo, lo más valioso de «hacer sábado» es la satisfacción silenciosa que deja tras de sí. Existe una paz profunda en el olor a limpio, en la visión de una estantería ordenada y en el orden recuperado que nos permite transitar el domingo con una disposición distinta. Al cuidar nuestro refugio, nos estamos cuidando a nosotros mismos; estamos declarando que nuestra paz es prioritaria y que merecemos habitar un espacio de armonía. Es, en última instancia, un acto de amor propio disfrazado de tarea cotidiana, un recordatorio de que para que la vida fluya con claridad, a veces es necesario detenerse, arremangarse y limpiar a fondo los rincones de nuestra existencia.
Y nosotros… ¿hacemos sábado» cada fin de semana para limpiar nuestra mente, para reordenarla y comenzar la nueva semana con ella totalmente limpia y lista para escribir una nueva página de la semana que llega? ¿decidimos el fin de semana que, de nuestros recuerdos de nuestras vivencias se queda conn nosotros y qué dejamos marchar para que no nos perturbe…? yo creo que es muy bueno que lo intentemos hacer si aún no lo hacemos. Feliz velada de sábado, un sábado de primavera ya que ha vuelto a ser meteorológicamente mas invernal u otoñal que primaveral.
A las 15, 46 horas de este 20 de marzo hemos entrado en la primavera, aunque por el tiempo no lo pueda parecer en muchos sitios…vientos, frio. Y esa que… «El equinoccio de primavera es el instante exacto en que la Tierra recupera su equilibrio perdido, un breve y mágico paréntesis cósmico donde el día y la noche se reparten el tiempo con absoluta justicia. Tras el largo sueño del invierno, este evento astronómico no es solo un cambio en el calendario, sino un grito de victoria de la vida sobre el letargo. Es el momento en que el eje del planeta se inclina lo justo para que el sol bese el ecuador, enviando una señal eléctrica a las raíces, a las alas y a nuestra propia sangre: el ciclo del frío ha terminado y la luz, finalmente, comienza a ganar la partida.
Esta fecha ha sido, desde el origen de las civilizaciones, el verdadero año nuevo del alma. Es el tiempo de la siembra, no solo en la tierra, sino en nuestras intenciones más profundas. Al igual que los brotes rompen la dureza del suelo, el equinoccio nos invita a romper nuestras propias inercias y a permitir que las ideas que hemos estado gestando en la oscuridad de los meses fríos salgan a la superficie. Hay una energía renovadora que lo inunda todo; las aves regresan, las flores despliegan su geometría oculta y el aire se llena de una promesa de expansión que nos empuja a abrir las ventanas y sacudirnos el polvo de la introspección invernal.
La primavera no pide permiso, se impone con la fuerza de lo inevitable. En este equilibrio de fuerzas que es el equinoccio, se nos recuerda que nosotros también formamos parte de ese ritmo estacional. Es el momento ideal para armonizar nuestro caos interno y buscar ese punto medio entre lo que hemos sido y lo que deseamos llegar a ser. La naturaleza nos enseña que nada florece todo el año, pero que el renacimiento es una ley sagrada; tras la poda y el silencio, siempre llega el estallido de color y la oportunidad de volver a empezar con una energía más vibrante y luminosa.
Celebrar el equinoccio es, en última instancia, un acto de fe en la regeneración. Es aceptar que la oscuridad fue necesaria para descansar, pero que ahora toca estirar los brazos hacia el sol y dejarse contagiar por el entusiasmo de la tierra que despierta. Al observar cómo los días se alargan y la vida recupera sus colores, recuperamos también la certeza de que, sin importar cuán duro haya sido el invierno personal de cada uno, la primavera siempre encuentra el camino de regreso para recordarnos que estamos vivos y que es tiempo de florecer.
La primavera no es un periodo de duración estática, sino un intervalo dinámico que refleja la imperfección de nuestros sistemas de medición frente a la coreografía celeste. Entender estos cambios no solo nos conecta con el rigor de la astronomía, sino que nos recuerda que vivimos en un sistema planetario en constante ajuste, donde la luz y la sombra se reparten de forma equitativa solo por un breve y fascinante instante anual antes de que el ciclo continúe su curso hacia el calor estival.
¿Y cómo se definiría mediante una alegoría el nacimiento de la Primavera?…. En el corazón de la Tierra, donde los últimos ecos del invierno aún se aferraban a las rocas y los sueños de hielo se desvanecían lentamente, nació una luz. No era una luz cegadora, sino un suave resplandor esmeralda que emanaba de una semilla latente, el corazón de la Primavera. Los Espíritus del Invierno, con sus túnicas de escarcha y aliento helado, intentaron sofocarla, pero el resplandor crecía, alimentado por la esperanza que dormía en las profundidades. De la semilla brotó un tallo delicado, y en su punta, un capullo. Este capullo era una esfera de cristal, y dentro, la Primavera, una joven doncella de cabellos de hebras doradas y piel pálida, dormía. Los Lamentos del Viento, los últimos suspiros del Invierno, susurraron a su alrededor, intentando arrastrarla de nuevo al frío abrazo del letargo. Pero entonces, un Rayo de Sol, el primer heraldo del equinoccio, perforó las nubes. Era un hilo de oro puro que se enredó alrededor del capullo, infundiéndole calor y vida. La doncella abrió los ojos, que eran del color de los primeros brotes, y una sonrisa floreció en sus labios. Con cada aliento de la Primavera, el cristal que la envolvía se transformaba en rocío, cayendo sobre la tierra como lágrimas de renacimiento. Donde caían, las flores brotaban, sus pétalos, cada uno un símbolo de una promesa cumplida. Los narcisos representaban el ego del invierno que se desvanecía, las violetas, la humildad de la nueva vida, y los tulipanes, la declaración de un amor incondicional por la existencia.
Su risa, suave como el murmullo de un arroyo, despertó a los pájaros, que comenzaron a tejer melodías en el aire. Sus pasos, ligeros como el aleteo de una mariposa, dejaban un rastro de verde esmeralda y flores silvestres. Las abejas, las mensajeras del polen, zumbaban a su alrededor, llevando consigo el néctar de la vida. Finalmente, cuando el último vestigio del invierno se disolvió en el abrazo cálido de la Primavera, la doncella se irguió en toda su gloria. No llevaba coronas de oro ni joyas resplandecientes, sino una corona de hojas tiernas y flores recién abiertas, un símbolo de su conexión inquebrantable con la tierra. En sus manos sostenía un cuerno de la abundancia, del que caían frutos y semillas, la promesa de la cosecha futura. Y así, la Primavera no solo había nacido, sino que se había manifestado, trayendo consigo no solo el fin del frío, sino la renovación de la esperanza, la promesa de la vida y el ciclo eterno de la existencia.
Mi primera foto de esta noche es precisamente una imagen plasmada de esa alegoría sobre su nacimiento. Mi segunda foto es una muestra del tiempo aún invernal que nos acompaña estos últimos dias, con fuertes vientos y una mar muy embravecida. Y ya sólo desearte una feliz velada de viernes, de la primera velada de primavera.
CARTAS A DULCINEA Jueves, 19 de marzo de 2026 «Motril , entre el azúcar y la sal» (Las raíces y las ramas de mi vida… Motril, parte sexta)
El gran cambio de la economía… el fin de la caña y el auge de los cultivos subtropicales… Tras la posguerra, la industria azucarera motrileña vivió un último periodo de esplendor antes de su colapso definitivo. El sistema de cuotas de la Unión Europea y la irrupción del azúcar de remolacha —mucho más rentable de cultivar en las tierras del interior— sellaron el destino de la caña en la costa granadina.
A partir de los años 70 y 80, Motril protagonizó una de las transformaciones agrarias más exitosas de Europa. La construcción de nuevas infraestructuras de riego permitió llevar agua a tierras situadas a mayor altitud (entre las cotas 50 y 200), donde el clima libre de heladas permitía el cultivo de frutas exóticas. La chirimoya, el aguacate y el mango se convirtieron en el nuevo motor económico de la ciudad. Este cambio no fue solo botánico, sino social. En 1973, un grupo de agricultores fundó la Cooperativa Granada La Palma, con el objetivo de gestionar de forma colectiva la comercialización y exportación de estos productos, alcanzando niveles de competitividad internacional que hoy sitúan a la zona como líder mundial en producción de chirimoya.
Los principales cultivos en cada época fueron… Siglos X – XVIII Caña de Azúcar (Preindustrial) , con una estructura feudal-mudéjar y burguesía rentista.
Siglo XIX Caña de Azúcar (Industrial); es cuando surge el proletariado industrial y burguesía financiera.
Siglo XX (1970 hasta Hoy) Frutos Subtropicales con la hegemonía del modelo cooperativo y exportación global.
Siglo XXI La logística y el Turismo Cultural , convirtiéndose en Ciudad de servicios y nexo de unión con el Magreb.
Motril en el Siglo XXI: Logística y Patrimonio En la actualidad, Motril se define por su doble vertiente como puerto estratégico y guardián de un patrimonio industrial único. El Puerto de Motril se ha consolidado como la principal ventana de la provincia de Granada al mundo, con un crecimiento en el tráfico de mercancías superior al 7% anual en los últimos ejercicios. Gracias a su agilidad operativa y a su Zona de Actividades Logísticas (ZAL), el puerto funciona como un enlace vital entre Andalucía y el Magreb. No solo es un motor para las exportaciones mineras y agroalimentarias, sino que también ejerce de principal suministrador de pescado fresco para el sureste español a través de su moderna lonja y muelles pesqueros.
Paralelamente al desarrollo logístico, Motril ha apostado por la puesta en valor de su historia. El Museo Preindustrial de la Caña de Azúcar, construido sobre los restos arqueológicos del Ingenio de la Palma del siglo XVI, es una institución pionera en Europa que permite comprender los tres siglos de esplendor productivo preindustrial. Por otro lado, la rehabilitación de la Fábrica del Pilar busca convertir este monumental complejo del siglo XIX en un centro de investigación y turismo industrial de referencia. Estos espacios no solo preservan maquinaria y edificios, sino que rescatan la memoria de las generaciones de motrileños cuyas vidas estuvieron marcadas por el ritmo de la zafra y el humo de las chimeneas.
Así pues, y concluyendo, la historia de Motril es una lección de supervivencia y reinvención constante. Pocas ciudades han sabido transitar con tanto éxito por cambios de paradigmas tan radicales: desde la sofisticación andalusí hasta la dureza de la frontera pirata; desde el estallido de la revolución del vapor hasta la traumática experiencia de la guerra civil; y finalmente, desde el ocaso de un monocultivo milenario como la caña hasta el éxito global de la agricultura subtropical y la logística portuaria.
La identidad motrileña está forjada en la mezcla de la sal marina, el dulce de la melaza y el sudor del trabajo en la vega. Su futuro, ligado inexorablemente al desarrollo del puerto y a la sostenibilidad de su agricultura, se apoya en una base histórica sólida que ha demostrado que, ante cada crisis, Motril siempre encuentra un nuevo «oro» —ya sea blanco, negro o verde— con el que seguir escribiendo su crónica a orillas del Mediterráneo.
Y hasta aqui el ligero esbozo de lo que fue, es y podría ser nuestra querida tierra Motrileña. Ya mi comentario de la próxima semana tendrá como tema central mi experiencia en Motril como maestro del Colegio Principe Felipe y las amistades que alli forjé y consolidé, aunque les llevo conmigo allá donde el destino me sigue llevando.
Y aunque hoy una de mis fotos deberia estar dedicada al mal estado de la mar en nuestras costas, la dejo para mañana porque hoy quiero que mis dos fotos estén dedicadas como un merecido homenajen a Motril, la primera una alegoría sobre unan de mis fotos y la segunda una foto mia tal cual. Feliz velada de jueves… dia de San José y, comercialmente, «dia del Padre»
Si tienes dificultad para dormir por las noches, seguramente te falte esta vitamina. El insomnio es un problema bastante común en la población mundial y suele estar más presente en las personas adultas, debido a que en su mayoría, están expuestos a una mayor cantidad de estrés. Los médicos recomiendan que una persona adulta debe dormir entre 7 y 8 horas diarias para poder funcionar correctamente a lo largo del día. Sin embargo, si no logra conciliar el sueño durante la noche, es probable que tenga deficiencia de vitamina D.
La vitamina D es una vitamina liposoluble que se puede ingerir a través de los alimentos o sintetizar en el cuerpo con la ayuda de la luz solar, según explica el sitio Apollo Hospitals. El mismo medio explica que distintos estudios arrojaron que la deficiencia de la vitamina D está relacionada con un mayor riesgo de trastornos como insomnio, alteración del sueño y apnea del sueño. Por lo que si no puede dormir en la noche, será recomendable consumir alimentos que sean ricos en esta vitamina.
¿Por qué podemos sufrir deficiencia de vitamina D? -Exposición limitada a la luz solar: El cuerpo produce vitamina D mientras está expuesto a la luz solar. Si suele estar mucho tiempo en entornos cerrados y no sale a respirar aire libre, es probable que tenga deficiencia de vitamina D. -Su dieta no tiene suficiente vitamina D: Los expertos aconsejan que incluya una cantidad generosa de fuentes de origen animal, como leche, huevos y carne, para garantizar una ingesta suficiente de vitamina D. -Obesidad: Los pacientes obesos o con un índice de masa corporal superior a 30 tienen una absorción reducida de vitamina D por parte del organismo. Las células grasas la absorben de la sangre, por lo que los niveles en el cerebro y el resto del cuerpo son deficientes. -Edad: A medida que una persona va envejeciendo, el cuerpo no puede convertir la vitamina D en su forma activa, lo que aumenta el riesgo de deficiencia de vitamina D. -Trastornos digestivos: Algunas enfermedades como la celiaquía, la enfermedad de Crohn o la fibrosis quística, reducen la capacidad del intestino para absorber la cantidad adecuada de alimentos. -Enfermedad renal: Los riñones ayudan a convertir la vitamina D en su forma activa. Por esta razón, las enfermedades renales reducen esta conversión y contribuyen a la deficiencia de vitamina D. Asi es que no nos olvidemos de mirar por nuestra salud…¡que es algo muy muy importante!
Si tus niveles de vitamina D están por debajo de lo necesario, es probable que experimentes… -Insomnio o dificultad para conciliar el sueño. -Sueño de corta duración (dormir menos de 6 horas). -Apnea del sueño: Algunos estudios sugieren que la deficiencia de vitamina D aumenta el riesgo de trastornos respiratorios durante la noche. -Sudoración nocturna y cansancio excesivo al despertar.
Feliz velada de este martes ya 17 de marzo, a un saltillo pequeño de la primavera.
La palabra renuncia suele evocar una sombra de amargura, el eco de algo que se nos ha arrebatado o de un deseo que hemos tenido que sofocar a la fuerza. Sin embargo, cuando media la libertad plena, el concepto cambia por completo de naturaleza. Si existe una libre elección, lo que a ojos del mundo parece una pérdida es, en realidad, un ejercicio de soberanía personal; es la decisión consciente de soltar lo que es bueno para abrazar lo que consideramos mejor.
Vivir con propósito implica entender que el tiempo y la energía son recursos finitos. Quien elige un camino con convicción no está perdiendo las rutas que deja atrás, sino que está ganando la profundidad de la senda elegida. En este sentido, la renuncia se convierte en un concepto vacío, pues la voluntad no siente el peso de lo que abandona, sino el impulso de lo que persigue. Es la diferencia entre el cautivo que es privado de su libertad y el asceta que elige el silencio: el primero sufre una carencia, el segundo disfruta de una conquista.
La verdadera libertad no consiste en acumular todas las opciones posibles, sino en tener la capacidad de descartar lo accesorio para proteger lo esencial. Cuando una madre se desvela por su hijo o un profesional sacrifica su ocio por un proyecto en el que cree, no hay una renuncia real si su corazón está puesto en el resultado. La libertad de elegir transforma el «tengo que» en un «quiero», y en ese sutil cambio gramatical desaparece el sacrificio y nace la plenitud.
Al final, no somos lo que retenemos, sino lo que somos capaces de elegir con el alma entera. Si hay libertad, no hay resta, sino una simplificación liberadora. Solo cuando elegimos por miedo o por presión externa sentimos el dolor de la pérdida; pero cuando elegimos por amor o por valores, lo que dejamos en la orilla no es una renuncia, sino el lastre necesario para que nuestro barco pueda, por fin, navegar hacia su verdadero destino.
Mira, diciéndolo muy claramente… uno solo puede decir que algo es suyo cuando le ha nacido de dentro hacerlo, sin que nadie le empuje. A veces vamos por la vida como si fuéramos en un autobús donde otros conducen: hacemos lo que dicen los vecinos, lo que manda la costumbre o lo que toca para no quedar mal. Pero todo eso no nos pertenece de verdad, porque no lo hemos «cocinado» nosotros.
La verdadera dueña de su vida es la persona que, aunque se equivoque, puede decir: «Esto lo decidí yo». Cuando eliges con libertad, te haces responsable de lo bueno y de lo malo, y eso es lo que te da autoridad sobre tu propia historia. Si haces las cosas por miedo o porque «así son las cosas», al final sientes que tu vida no es tuya, sino un traje prestado que te queda apretado. En cambio, cuando te plantas y escoges tu camino —aunque sea el más difícil—, ahí es cuando realmente eres el jefe de tu destino. Al final del día, lo único que nos llevamos a la tumba es lo que elegimos de corazón.
Y a cuatro dias ya sólo de la primavera, hoy el dia ha sido casi primaveral, como muestran mis fotos… cielos totalmente limpios de nubes y, eso si, un dia algo fresquito por el viento que soplaba mas bien flojo, de levante, del este. Feliz velada de lunes
«Un muchacho entró con paso firme a la joyería y pidió que le mostraran el mejor anillo de compromiso que tuviera. El joyero le presentó uno. La hermosa piedra, solitaria, brillaba como un diminuto sol resplandeciente. El muchacho contempló el anillo y con una sonrisa lo aprobó. Preguntó luego el precio y se dispuso a pagarlo. ¿Se va usted a casar pronto? – Le preguntó el joyero. No – respondió el muchacho – Ni siquiera tengo novia.
La muda sorpresa del joyero divirtió al comprador. Es para mi mamá -dijo el muchacho – Cuando yo iba a nacer estuvo sola; alguien le aconsejó que me matara antes de que naciera, así se evitaría problemas; pero ella se negó y me dio el don de la vida. Y tuvo muchos problemas. Muchos. Fue padre y madre para mí. Fue mi amiga, mi hermana y mi maestra. Me hizo ser lo que soy. Ahora que puedo le compro este anillo de compromiso. Ella nunca tuvo uno. Yo se lo doy como promesa de que si ella hizo todo por mí, ahora yo haré todo por ella. Quizá después entregue otro anillo de compromiso, pero será el segundo. El joyero no dijo nada. Solamente ordenó en caja que hicieran al muchacho el descuento aquel que se hacía nada más que a los clientes importantes»
Y es que la vida hoy se nos presenta de una forma complicada… -Tenemos casas más grandes, pero familias más pequeñas. -Tenemos más compromisos, pero menos tiempo. -Tenemos más medicinas, pero menos salud. -Hemos multiplicado nuestras fortunas, pero hemos reducido nuestros valores.
-Hablamos mucho, amamos poco y odiamos demasiado. -Hemos llegado a la Luna y regresamos, pero tenemos problemas para cruzar la calle y conocer a nuestro vecino. -Hemos enviado equipos a Marte y conquistado el espacio exterior, pero no el interior. -Tenemos mayores ingresos, pero menos moral.
-Estos son tiempos con mas libertad, pero menos alegría. -Hay más comida, pero menos nutrición. -Son días en los que quizás llegan dos sueldos, pero entran los divorcios.
Son tiempos de casas más bonitas, pero más hogares rotos. -No guardes nada «para una ocasión especial», porque cada día que vives es una ocasión especial. -Lee más, siéntate en la terraza y admira la vista sin fijarte en las malas hierbas. -Pasa más tiempo con tu familia y con tus amigos. -Come tu comida preferida y visita los sitios que te encantan. -La vida es una sucesión de momentos para disfrutar, no es solo para sobrevivir. -Usa tus copas de cristal; no guardes tu mejor perfume, úsalo cada vez que te den ganas de hacerlo. Las frases «Uno de estos días», «algún día», quítalas de tu vocabulario. Escribamos aquella carta que pensábamos escribir «uno de estos días». -Digamos hoy a nuestros familiares y amigos, cuánto los queremos.
Por eso, no demores nada que agregue risa y alegría en tu vida. Cada día, hora, minuto, es especial. Si estás tan ocupado y no puedes tomarte unos minutos para invitar a algún amigo a que lea esta reflexión y te dices a ti mismo que le avisarás «uno de estos días», piensa que «uno de estos días» puede estar muy lejano, o puede que tú no llegues nunca. (Web católico de Javier)
Y ya sólo queda desearte un feliz velada de domingo y decirte que aqui te espero mañana, si lo deseas… yo deseo y espero estar.
La expresión popular «ser más corto que las mangas de un chaleco» es una de las joyas más afiladas y humorísticas de nuestro refranero. Con una lógica aplastante y una ironía visual insuperable, esta frase retrata la ausencia total de algo, ya sea de inteligencia, de paciencia o de generosidad. Al igual que un chaleco carece por definición de mangas, quien recibe este calificativo es señalado por una carencia tan evidente que resulta casi cómica. Es el retrato de lo que no llega, de lo que se queda a medio camino, de aquello que, por mucho que se estire, nunca alcanzará a cubrir las necesidades de la situación.
A menudo, usamos esta frase para referirnos a la cortedad de luces, ese estado en el que el ingenio parece haber sufrido un recorte presupuestario. Pero más allá de la burla, la expresión encierra una observación sutil sobre las expectativas humanas. Nos recuerda que intentar sacar algo de donde no lo hay es tan inútil como buscar abrigo en los brazos de una prenda diseñada para el torso. En un mundo que nos exige ser brillantes, rápidos y elocuentes, «ser corto» se convierte en el diagnóstico de una desconexión entre lo que se requiere y lo que se ofrece, dejando al descubierto nuestras limitaciones más evidentes.
Sin embargo, hay una cierta ternura escondida en el disparate de la comparación. Lo de las «mangas de un chaleco» nos habla de la imperfección y de la naturaleza incompleta de las cosas. Todos somos, en algún momento o ante alguna materia, un poco «cortos». A veces es la paciencia la que se nos queda en los hombros ante una injusticia, o la visión de futuro la que no llega a cubrir las manos cuando el miedo nos atenaza. Reconocer esa cortedad es, paradójicamente, un acto de lucidez: saber dónde termina nuestra tela nos permite pedir ayuda a otros para completar el traje de nuestra existencia.
Al final, esta expresión nos invita a reírnos de la carencia para que no nos duela tanto. El humor actúa aquí como un sastre generoso que remienda con gracia lo que la naturaleza dejó a medias. Porque, aunque a veces seamos más cortos que las mangas de un chaleco, la vida siempre nos ofrece la oportunidad de compensar esa falta con la anchura de un corazón que, a diferencia de la prenda, no tiene límites ni costuras fijas.
Hoy parece haber vuelto el invierno y se puede ver en mis dos fotos de esta noche… la primera la tomaba a las 7 de la tarde en Calahonda y la segunda una hora después tambien en Calahonda, en el Farillo. Feliz velada del último sábado del invierno.
¿A ti te han llamado en alguna ocasión con esta expresión para pedirte que vayas a donde está tu padre, tu madre, tu hermana mayor… alguien que tiene poder sobre ti? A mi si, en muchas ocasiones, y casi siempre no era para nada bueno, ¡y se notaba en el tono en que te lo pedían! yo lo recuerdo de pequeño en mi pueblo, decirlo a mi madre.
Y es que existen expresiones que poseen una fuerza gravitatoria propia, frases que no solo comunican una dirección, sino que establecen un espacio de intimidad y urgencia. El «ven acá pa cá» es mucho más que una redundancia sonora; es el lenguaje del afecto, de la confidencia y del refugio. En esa repetición juguetona, casi musical, se anula la distancia física y emocional para dar paso a un encuentro inmediato. Es el llamado de una madre que busca proteger, del amigo que tiene un secreto que no puede esperar o del abuelo que abre los brazos para ofrecer un consuelo que no necesita palabras, solo cercanía.
Esta locución popular actúa como un lazo invisible que nos devuelve al centro de lo humano. En un mundo donde las comunicaciones son a menudo frías, digitales y distantes, el «ven acá pa cá» reclama la presencia del cuerpo y el calor del aliento. Es una invitación a dejar de lado lo que estamos haciendo para entrar en el círculo de confianza de otra persona. Al pronunciarlo, se detiene el tiempo y se crea un refugio efímero donde lo único que importa es ese «aquí» compartido. Es la gramática del corazón que no entiende de reglas académicas, pero comprende perfectamente la necesidad de conexión.
Hay una calidez instintiva en este giro lingüístico que nos hace bajar las defensas. Cuando alguien nos lanza un «ven acá pa cá», nos está diciendo que somos importantes, que lo que tiene que decirnos o el abrazo que quiere darnos requiere que estemos lo suficientemente cerca como para sentir su pulso. Es el antídoto contra la soledad y la prisa; es la insistencia cariñosa que nos saca de nuestras preocupaciones para devolvernos al momento presente. En su aparente simplicidad, encierra la esencia misma de la hospitalidad: el deseo de compartir un espacio común donde la palabra «lejos» deja de tener sentido.
Al final, todos necesitamos, de vez en cuando, que alguien nos atraiga hacia su órbita con esa contundencia afectiva. Dejarse llevar por ese llamado es reconocer que la vida solo cobra sentido pleno en el encuentro directo. El «ven acá pa cá» nos recuerda que, a pesar de todas las tecnologías, la mayor red social sigue siendo el espacio que hay entre dos personas que deciden acortar sus pasos para estar, sencillamente, el uno frente al otro. Es el triunfo de la cercanía sobre la distancia, un recordatorio de que los mejores momentos de la vida ocurren siempre a una distancia de brazo, allí donde el «pa cá» se convierte, finalmente, en un nosotros.
Y en este nuevo viernes, ya «a punto casi de primavera», mis dos fotos de hoy son la misma foto, desde el mismo lugar exactamente, en dos momentos distintos del día… la primera es de esta mañana, y la segunda en la hora del ocaso, hace muy poco rato, e un nuevo día que ya anuncia la primavera. Feliz velada de viernes, del último viernes del invierno.
CARTAS A DULCINEA Jueves, 12 de marzo de 2026 (Las raíces y las ramas de mi vida… Motril, parte quinta)
El siglo XIX supuso una transformación radical del paisaje y la sociedad motrileña. Tras la Guerra de la Independencia, que causó graves daños materiales, la ciudad lideró el proceso de industrialización de la provincia de Granada gracias a la aplicación de la tecnología del vapor a la extracción de azúcar. El viejo modelo del «ingenio» o «trapiche» preindustrial, basado en la fuerza animal o hidráulica y en calderas abiertas que consumían ingentes cantidades de madera, fue sustituido por modernas factorías. La introducción de la máquina de vapor permitió aumentar exponencialmente la capacidad de molienda, mientras que las nuevas técnicas de cocción al vacío y el uso de turbinas mejoraron la pureza y el rendimiento del azúcar extraído.
Se pasa…. -de la fuerza motriz animal (en el trapiche) o hidráulica… a la Máquina de vapor. -de la molienda Rodillos de madera o piedra … a los molinos de hierro fundido. -de la cocción en calderas de cobre abiertas (tren español) … a los evaporadores al vacío. – de la separación por prga natural en moldes de barro … a la realizada mediante centrífugas y turbinas. – del combustible usando leña y bagazo … al carbón mineral y bagazo prensado.
En la década de 1840, familias con capitales procedentes del comercio y la industria textil, como los Larios, desembarcaron en Motril adoptando el modelo de la revolución industrial inglesa. El complejo más emblemático de esta época fue la Fábrica Azucarera Nuestra Señora del Pilar, construida a finales del XIX. Esta planta no solo era un centro de producción, sino una verdadera ciudad industrial que incluía destilerías, talleres, viviendas para los directivos y una casa señorial. El éxito de estas fábricas impulsó un nuevo desarrollo urbano. La antigua calle de la Muralla se convirtió en la calle de los Catalanes (hoy Martínez Campos), en honor a los comerciantes y técnicos venidos de Cataluña para participar en el boom azucarero. La ciudad creció hacia el sur, acercándose al puerto y creando un eje burgués con edificios como el Teatro Calderón de la Barca, único superviviente de los teatros decimonónicos de la ciudad.
La industrialización trajo prosperidad a la burguesía, pero también una profunda desigualdad y precariedad para el proletariado agrícola y fabril. El sistema de producción azucarero dependía de una masa de jornaleros que vivían al límite de la subsistencia durante los meses de «tiempo muerto» entre zafras.
Las tensiones estallaron definitivamente en abril de 1901. El desencadenante fue la imposición de precios muy bajos por parte del «trust» azucarero —una agrupación de fabricantes que monopolizaba la compra de caña— a los pequeños cosecheros y colonos. La desesperación por el hambre y la falta de trabajo digno llevó a una revuelta popular que culminó con el incendio provocado de la fábrica Nuestra Señora de la Cabeza, propiedad de la poderosa familia Larios. Este suceso tuvo una enorme repercusión nacional. Los instigadores intelectuales, vinculados a la burguesía local enfrentada a los Larios, nunca fueron perseguidos, mientras que los jornaleros que actuaron como «ariete» de la protesta sufrieron la represión y el encarcelamiento. El incendio marcó el fin de una era de paz social ficticia y evidenció la necesidad de reformas estructurales en el campo motrileño.
Y asi llegamos al siglo XX… A pesar de los conflictos sociales, Motril seguía apostando por la modernización. En 1909 se colocó la primera piedra de las obras del Puerto de Motril, una infraestructura vital para abaratar los costes de exportación del azúcar y permitir la llegada de carbón para las fábricas.
La Guerra Civil Española dejó una cicatriz imborrable en la ciudad. En febrero de 1937, tras la caída de Málaga ante las tropas franquistas y el contingente italiano del general Mario Roatta, Motril se convirtió en un nudo de paso para la huida desesperada de miles de civiles hacia Almería, episodio conocido como «La Desbandá». Se estima que entre 150.000 y 300.000 personas huyeron por la carretera N-340 bajo el fuego de los cruceros Canarias, Baleares y Almirante Cervera, y los ataques aéreos de la Legión Cóndor. Motril fue ocupada el 7 de febrero de 1937, pero el frente se estabilizó apenas a unos kilómetros al este, cerca de Calahonda, gracias a la intervención de la XIII Brigada Internacional y unidades como el batallón Tchapaiev, que frenaron el avance sublevado en una feroz resistencia militar.
Durante los años de guerra, el patrimonio religioso también sufrió graves daños. El Santuario de la Virgen de la Cabeza fue incendiado y parcialmente destruido, debiendo ser restaurado profundamente a mediados de siglo.
…y hasta aqui el relato de hoy…¿nos volvemos a ver el próximo jueves con mas historia de Motril? Ya solo desearte una feliz velada de un nuevo jueves dedicados a «mis raices y m is ramas», a mi paso por los distintos lugares por donde he pesado, como maestro y como persona, desde que comencé a moverme. Y esta noche, como no puede ser de otra forma, mis dos fotos están dedicadas a Motril; la primera, una composición alegórica y la segunda una foto tal y como la he capturado.