«El Suspiro de la Tierra»… la urgencia de un aire sin veneno.

CARTAS A DULCINEA
Domingo, 31 de mayo de 2026

El Día Mundial sin Tabaco no es simplemente una fecha en el calendario de la salud pública, sino un grito de auxilio por la libertad de nuestros pulmones y la integridad de nuestro entorno. Esta jornada nos invita a confrontar una de las dependencias más normalizadas de la historia moderna, una que consume no solo la vitalidad de quienes fuman, sino también los recursos de un planeta que ya no puede permitirse el lujo de la negligencia. Al apagar un cigarrillo, no solo se interrumpe un ciclo de autodestrucción personal, sino que se inicia un acto de resistencia contra una industria que prospera a costa del bienestar colectivo y la pureza del aire que todos compartimos.

La problemática del tabaquismo trasciende el daño individual para convertirse en una herida ambiental de proporciones alarmantes, donde las colillas se han transformado en la forma más común de basura plástica en nuestros océanos. Cada bosque talado para el cultivo de tabaco y cada gramo de contaminante liberado en su combustión representan un retroceso en la lucha por un futuro sostenible. Por ello, este día nos urge a replantear nuestra relación con el consumo, recordándonos que el derecho a respirar aire limpio debe prevalecer sobre los intereses comerciales y los hábitos que, bajo una falsa promesa de alivio, encadenan la salud de las nuevas generaciones.

La verdadera victoria en esta lucha no se encuentra en la prohibición, sino en la toma de conciencia y en la recuperación de la autonomía sobre nuestra propia biología. Celebrar un mundo sin tabaco es apostar por la longevidad, por el sabor recuperado de la vida y por la capacidad de enfrentar el estrés sin necesidad de un filtro mediador. Al final, cada pulmón que vuelve a expandirse plenamente, libre de ceniza y humo, es un testimonio de esperanza y un paso firme hacia una civilización que valora la vida por encima de cualquier combustión innecesaria.

Yo fui fumador, y es curioso,… hice la «mili» en Melilla, donde el tabaco es mucho mas barato y allí no fumaba, fue después cuando empecé a hacerlo; aun que eso tambien tiene su explicación… disponía de muy poco dinero y ni se me ocurriría, «quemarlo» en forma de tabaco. Empecé cuando ya trabajaba como maestro… ¡y hay que ver cómo engancha!; me solía fumar un paquete diario de «Fortuna», pero esos paquetes pasaron a ser de unas cajetillas que había mas grandes, de 30 cigarrillos, al final. Me cansaba, tosía mucho cuando caminaba, sobre todo en las cuestas arriba…. Hasta que un año, hace ya mas de 20, por mi cumpleaños, que cayó en Miércoles de Ceniza, como «regalo de cumpleaños» y al mismo tiempo como sacrificio por ser el día que era, decidí tener «un día sin tabaco»… al día siguiente decidí prolongarlo durante toda la Cuaresma, como sacrificio real… y al acabar la Cuaresma pensé… ¿y por qué no seguir ya sin tabaco?. ¡Y hasta el día de hoy! Jamás volvía a encender un cigarro y no puedes ni imaginar cómo ha cambiado, cómo ha mejorado mi calidad de vida…por eso, sin lugar a ninguna duda te recomiendo, si eres fumador, que lo dejes, que te vas a hacer el mejor de los regalos…¡bueno, y eso, además unido a lo que te vas a ahorrar en dinero quemado!

Y ¡se acabó el mes de mayo de 2026!… ya mañana comenzamos el de Junio, el de las vacaciones, el mes cuando comienza el verano…y a ver si dejan de fustigarnos, de querernos asustar con las «olas de calor», que calor, en verano, ha hecho siempre…y en primavera tambien, pero no se cansan de repetirnos que «cada año es el mas caluroso»… cosa que no es cierta… ¿no es una consigna para amedrantarnos, para asustarnos, para que nos centremos y nos preocupemos en eso, en el calor y el cambio climático, en lugar de otras cosas «que preocupan mas a los gobiernos?

Feliz velada última de mayo, feliz último día de la primavera, porque mañana comienza el verano «climatológico» 0 «metereológico». El astronómico comenzará el próximo 21 de junio, en el llamado «solsticio de verano», cuando el eje de la Tierra alcanza su máxima inclinación hacia el Sol en el hemisferio norte, y eso ocurrirá en España exactamente a las 9 horas y 24 minutos de la mañana.

“Estar esfaratao»… el límite entre el esfuerzo y la derrota.

CARTAS A DULCINEA
Sábado, 30 de mayo de 2026

El lenguaje popular tiene una manera única de expresar sensaciones que, de otra forma, serían difíciles de describir con tanta precisión. Una de esas expresiones es “estar esfaratao”, un término que transmite la idea de agotamiento extremo, de sentirse completamente roto, física o mentalmente. No se trata solo de estar cansado, sino de haber llegado a un punto en el que el cuerpo y la mente no pueden más, donde el esfuerzo ha sido tan intenso que apenas queda energía para continuar.

En el vasto y colorido léxico de Andalucía, pocas expresiones poseen la carga gráfica y la elasticidad emocional de «estar esfaratao». Este término no solo describe un estado físico o mental, sino que actúa como una onomatopeya del alma cuando la estructura que nos sostiene decide, por un momento, declararse en huelga. Estar esfaratao es mucho más que estar simplemente cansado; es sentir que los engranajes internos se han desajustado, que las costuras del ánimo se han deshilachado y que la gravedad ejerce una presión extraordinaria sobre los hombros, dejándonos en una especie de desorden biológico tan caótico como honesto.

La magia de esta expresión radica en su capacidad para unificar bajo un mismo techo el agotamiento tras una jornada de siega, la resaca emocional tras una pena o el simple desbarajuste doméstico de quien no encuentra el norte en un lunes cualquiera. Cuando un andaluz confiesa que está esfaratao, está pidiendo una tregua al mundo, reconociendo que su «armonía» se ha desmoronado y que necesita un tiempo de reconstrucción antes de volver a la carga. Es un término que carece de la rigidez de la depresión o la brevedad del cansancio; tiene una textura de piezas sueltas, de reloj desmontado sobre la mesa del joyero, esperando que la paciencia y el descanso vuelvan a poner cada muelle en su sitio.

Finalmente, reivindicar el estar esfaratao es, de alguna manera, celebrar nuestra propia humanidad frente a la tiranía de la perfección y el dinamismo constante. Hay una belleza humilde en el reconocimiento de ese desmoronamiento temporal, una señal de que hemos vivido, trabajado o sentido con tal intensidad que la maquinaria ha necesitado un respiro. Al final, estar esfaratao es el paso previo y necesario para volver a armarse, recordándonos que, a veces, hay que dejar que todo se desmorone un poco para poder construirnos de nuevo con más fuerza y, sobre todo, con más sabiduría sobre nuestros propios límites.

¿Conocía esta expresión? Yo si que la escuché mucho de pequeño en mi tierra natal, en mi pueblo. Procede directamente de una evolución popular, muy viva en el habla andaluza y de otras zonas del sur de España, del verbo castellano desbaratar, una palabra muy curiosa porque viene de la combinación del prefijo des- (que indica inversión o negación) y el verbo antiguo baratar, que en la Edad Media significaba negociar, permutar, trampear o buscarse la vida con el comercio (de ahí que algo que cuesta poco se llame «barato», porque se consideraba un buen trato). Por tanto, des-baratar significaba literalmente romper el trato, deshacer el negocio o arruinar lo que se estaba construyendo. Con el paso de los siglos, esa idea de «romper un acuerdo» se extendió a romper y desorganizar cualquier cosa, ya fuera un plan, un objeto o el cuerpo mismo.

Feliz velada de este último sábado y penúltimo día del mes de mayo de 2026; hoy con estas dos fotos que he tomado hace escasa media hora en Calahonda, en una perfecta tarde de playa y con mucha afluencia… se nota que ya el tiempo acompaña. Hasta mañana… si quieres.

Estar cayendo «mijillas»… cuando la lluvia se vuelve poesía popular.

CARTAS A DULCINEA
Viernes, 29 de mayo de 2026

En los pueblos, donde el tiempo parece transcurrir a otro ritmo, las expresiones populares son como ventanas que abren a un mundo lleno de imaginación y sabiduría cotidiana. Una de esas frases que escuchaba de niño, y que siempre me hizo sonreír, era “estar cayendo mijillas”. No se refería a nada grandioso ni místico, sino a algo tan simple y vital como la lluvia menuda, esa que cae suave y persistente, mojando la tierra sin estruendos. Pero en su sencillez, la expresión encerraba una poesía peculiar, una manera de nombrar lo cotidiano que transformaba lo ordinario en algo cercano y casi mágico.

“Mijillas”, una palabra que parece salida de un cuento, evoca algo pequeño, casi diminuto, como granos de algo que se desprenden del cielo. No es la lluvia torrencial que arrasa, ni el chaparrón repentino que empapa en segundos. Es esa llovizna fina, casi tímida, que se siente en la piel como un susurro y que, sin embargo, tiene el poder de calar hasta los huesos si te descuidas. En el campo, esta lluvia era bienvenida, porque empapaba la tierra lentamente, sin erosionarla, preparándola para la siembra. Era una lluvia de paciencia, como la vida misma en aquellos lugares.

Pero más allá de su significado literal, la expresión “estar cayendo mijillas” tenía un tono coloquial, casi afectivo. Era una forma de hablar que reflejaba la relación íntima entre las personas y su entorno. No se decía “está lloviendo”, sino que se le daba un nombre propio, como si la lluvia fuera un vecino más del pueblo. Y, en cierto modo, lo era. La lluvia marcaba los ritmos del trabajo, de las cosechas, de las reuniones en la plaza. Era parte de la vida, y nombrarla así era una manera de hacerla propia.

Hoy, cuando escucho esa expresión, me transporta a aquellos días en los que el mundo parecía más pequeño y cercano. Me recuerda que el lenguaje no solo sirve para comunicar, sino también para crear vínculos con lo que nos rodea. “Estar cayendo mijillas” no es solo una forma de describir la lluvia; es una manera de habitarla, de sentirla, de convertirla en algo familiar. Y en ese gesto aparentemente simple, hay toda una filosofía de vida: la de encontrar belleza y significado en lo pequeño, en lo cotidiano, en lo que cae del cielo sin hacer ruido pero dejando huella.

Y precisamente hoy no estaban cayendo «mijillas» en nuestra costa, como se puede ver en la primera de mis fotos de hoy que tomaba esta mañana en Motril, ante el Cerro de la Virgen. Recordando que tenia otra foto de este mismo lugar en mi primera visita a Motril, siendo estudiante universitario, con mis compañeros de promoción, he querido dejarla como recuerdo de ese mismo espacio, pero hace 56 años, en 1970, rodeado de buenos amigos… yo soy el que está mas a la derecha en la foto… ¡aquellos inolvidables 19 años sobre mis actuales 75!. Feliz velada de viernes.

El amanecer de una vocación

CARTAS A DULCINEA
Jueves, 28 de mayo de 2026
«Torrenueva, el despertar de mis inquietudes sociales»
(Las raíces y las ramas de mi vida… Torrenueva, parte octava y final)

Aprobé las oposiciones en 1977, y con ello llegó el sueño cumplido: ya era maestro de verdad, funcionario del Estado, con mi primer destino en Torrenueva, un pequeño pueblo costero que se convertiría en el escenario donde mi vocación empezó a tomar forma definitiva. Era la primera vez que sentía que todo el esfuerzo, los años de estudio y de espera, cobraban sentido. Entrar por la puerta de aquella escuela fue como abrir un nuevo capítulo de mi vida.

Desde el primer día, mis mejores amigos fueron mis alumnos. Siempre lo fueron, pero en Torrenueva lo sentí de manera especial. Aquellos chicos y chicas se convirtieron en parte esencial de mi vida diaria. Terminadas las clases, muchos se quedaban conmigo por las tardes, y las aulas seguían llenas de risas, de conversaciones, de confidencias y de sueños compartidos. No eran solo mis alumnos: eran mis compañeros de camino en aquel inicio lleno de ilusión y energía.

Enseguida encontré en el pueblo a personas que me acogieron con afecto y compañerismo. Mis compañeros de escuela —Ángel, Paco, Manoli, María Dolores— me hicieron sentir parte de un grupo unido y entusiasta. Pero sobre todo, allí conocí a Antonio Rubiño, el director del colegio, que muy pronto se convirtió en algo más que un amigo: fue casi un hermano. Él y su familia —Carmelina, Jorge y Begoña— me abrieron las puertas de su casa y de su corazón. En sus reuniones, sus charlas y su hospitalidad encontré una segunda familia, la que uno escoge en la vida por afinidad y cariño.

Mi casa de maestros era modesta, casi simbólica. Apenas la usaba más que para dormir, y ni siquiera llegué a dar de alta la luz. La verdadera vida estaba en la escuela, en las actividades con los niños, en las tardes que se alargaban entre juegos, ensayos teatrales o conversaciones espontáneas. Torrenueva fue el lugar donde florecieron mis inquietudes artísticas. Junto a Mariano, el de la Caja de Ahorros y padre de uno de mis alumnos más queridos, Víctor, organizábamos obras de teatro, recitales y todo tipo de actividades que llenaban de entusiasmo a mis alumnos. La creatividad era la mejor herramienta para enseñarles que aprender podía ser divertido, y que la escuela era algo más que un lugar para estudiar.

Recuerdo especialmente una experiencia que me marcó como educador. Propuse una actividad de diálogo entre los alumnos y la madre de una de las niñas, Begoña, con el propósito de que hablaran libremente sobre sus diferencias generacionales, sobre lo que pensaban los jóvenes y lo que pensaban los adultos. Les pedí que lo hicieran con sinceridad, pero también con respeto. Aquella cita, aunque con algún momento de tensión, fue un éxito. Nadie se sintió ofendido, todos aprendimos algo, y comprendí que educar también era eso: enseñar a escuchar, a comprender y a expresarse sin miedo.

En mis clases de Lengua y de Francés disfrutaba enormemente. Aún sonrío al recordar cómo pedía ayuda a una de mis alumnas, Virginia, que había vivido en Francia y dominaba el idioma. Ella leía los textos con soltura y su ejemplo animaba al resto. Aquella complicidad en el aula era la mejor recompensa para un maestro joven que soñaba con dejar huella.

Muchos nombres siguen resonando en mi memoria: las hermanas Antonia y Cristina Rico, Víctor, Antonio Dueñas, Antonia Funes, Virtudes, Maria José, Luis, Carmen, Loles, … Tantos rostros, tantas sonrisas, tantas pequeñas historias que forman parte de mi vida… Me gusta pensar que, de alguna manera, yo también sigo vivo en sus recuerdos, como ellos lo están en los míos.

Uno de los momentos más especiales fue el viaje de estudios a Mallorca con los mayores, acompañado por Mariano como padre. Fue una aventura inolvidable: visitamos el Pueblo Español, la majestuosa catedral, las cuevas del Drack y del Hams en Manacor.
Nos alojamos en El Arenal, donde los días pasaban entre visitas culturales, baños de mar y noches de canciones y risas. Aquel viaje fue mucho más que una excursión: fue una lección de vida compartida, una experiencia que nos unió aún más a alumnos, padre y maestro.

Cuando llegó el final del curso, sentí que algo dentro de mí se quedaba en Torrenueva. Me esperaba mi siguiente destino, Motril, un paso más en mi camino como maestro, pero despedirme no fue fácil. Cada rincón del colegio, cada calle del pueblo y cada mirada de mis alumnos me recordaba cuánto había crecido allí, cuánto había aprendido de ellos y de mí mismo.

Aquel primer destino tras aprobar las oposiciones fue más que un trabajo… fue el inicio de una manera de entender la enseñanza como un acto de amor y compromiso. Torrenueva no solo fue un lugar en el mapa, fue el punto de partida de una vida dedicada a educar, a acompañar y a aprender junto a quienes, sin saberlo, me enseñaron el verdadero sentido de ser maestro. Y a todos ellos, dedico, con todo mi cariño estas lineas del recuerdo.

Torrenueva me ha marcado para siempre…allí despertaron mis inquietudes sociales y luché con los vecinos para defender su futuro, y allí dejé un montón de amigos… los mas importantes, mis alumnos, de los que te dejo hoy un recuerdo, uno de los muchos momentos de convivencia en nuestras fiestas de fin de curso, con esa foto del grupo de 6º y 7º en nuestro improvisado escenario del Colegio; y otra con los de 8º en un inolvidable viaje de estudios a Palma de Mallorca, en el que nos alojamos en «El Arenal», en este Hotel El Mansour», en cuya puerta nos hicimos la foto, con un magnifico padre que nos acompañó…mi buen amigo Mariano, al que jamás tampoco olvidaré.

Feliz velada de este último «jueves torreño», ya el próximo estará dedicado a mi anterior pueblo en el que fui maestro, «San Pedro de Alcántara», en Málaga, y al que titulo con el nombre que mejor lo define y es que allí fue «donde nació el amor, mi verdadero amor»

Pero, si así lo deseas, mañana dejaré en Facebook otro documento sobre mi vida en Torrenueva, un video, un documento audiovisual que recoge gráficamente y con sonido un repaso a mis momentos mas destacados allí, con mi gente.

🌾 La Leyenda del Secreto de la Caña Dulce y el Lamento del Ingenio (Motril/Costa Tropical)

CARTAS A DULCINEA
Miércoles, 27 de mayo de 2026

Se cuenta que, cuando los árabes dominaban Al-Ándalus (que trajeron la caña de azúcar a la zona de Motril y Salobreña), el proceso para convertir la caña en el blanco y cristalino azúcar era un secreto celosamente guardado.
Este secreto se custodiaba en los Ingenios (las fábricas azucareras), donde el trabajo era agotador. El clima cálido, la molienda constante de la caña y la ebullición del jarabe creaban un ambiente infernal. Gran parte de la mano de obra estaba compuesta por esclavos (tanto moriscos como africanos), cuyas vidas se consumían rápidamente por el esfuerzo y las duras condiciones.

La leyenda dice que el «dulce» que producía Motril estaba impregnado de la amargura de las almas que lo elaboraban. En los antiguos Ingenios, especialmente en aquellos que trabajaban sin descanso, se escuchaba un lamento que no provenía de una persona viva. Era el Canto del Ingenio. Este lamento se escuchaba cuando las grandes muelas de piedra (o los cilindros de los trapiches) molían la caña, y sonaba como un quejido profundo y arrastrado.

Según el relato, el origen de este lamento era el espíritu de un joven esclavo, de gran fuerza y nobleza, que murió trágicamente mientras trabajaba. En algunas versiones, murió aplastado por los rodillos al intentar evitar un accidente, o cayó a las calderas de cocción del jarabe. Su alma, atada al lugar por su sufrimiento, se quedó atrapada en el ciclo productivo del azúcar. Su lamento era un aviso:
Advertía a los capataces crueles de que no debían abusar de los trabajadores, pues el destino los castigaría con desgracias o mala cosecha. Y a los trabajadores, les daba fuerzas para resistir la jornada.

Se creía que el espíritu de este esclavo leal velaba por la calidad del azúcar. Si se trataba bien a la gente, el azúcar saldría más blanco y fino; pero si había injusticia y crueldad, el azúcar saldría oscuro y granulado, con sabor a ceniza, como castigo divino por la avaricia. Por eso, los dueños más antiguos de los Ingenios procuraban ser más justos, no por humanidad, sino por temor al lamento del esclavo, que era la voz de la conciencia atrapada en la máquina de hacer fortuna.

Como todas las leyendas es sólo eso, una «leyenda», pero que vale la pena tener en cuenta porque, aparte de que tenga mas o menos parte de realidad, siempre recoge la tradición, generalmente oral, de nuestros pueblos, siempre digna de ser tenido en cuenta…y en este caso tambien tiene su «moraleja», que sería que la verdadera riqueza y el éxito no pueden construirse sobre el sufrimiento ajeno ni la codicia desmedida. A través del azúcar que se oscurece y se vuelve amargo con la injusticia, el relato transmite que toda acción cruel conlleva un castigo o una consecuencia moral, recordándonos que la empatía y el trato digno hacia los trabajadores valen más que cualquier fortuna material, convirtiendo al lamento del esclavo en la voz eterna de la conciencia y la justicia social.

Feliz velada de miércoles, el de un nuevo día ya preveraniego, con la temperatura hoy de nuevo en alza y los cielos totalmente limpios, como bien muestran mis fotos

¿Qué puedo hacer 10 minutos al día que mejorará en gran medida mi vida?

CARTAS A DULCINEA
Martes, 26 de mayo de 2026

Al principio parecía ridículo…. Sentía que no servía de nada hacer un minuto de ejercicio día por medio. Era tan poco que parecía irrelevante. Pero estaba equivocado….El error en el que todos caemos:

Sobrevaloramos lo que podemos lograr en una semana. Subestimamos lo que podemos lograr en un año.
Diez minutos no impresionan. Pero diez minutos diarios durante un año sí.

Si dedicas 10 minutos al día a una actividad concreta, acumulas:
3650 minutos al año. Eso equivale a aproximadamente 61 horas.
Sesenta y una horas enfocadas en una sola habilidad cambian tu nivel.

Qué puedes hacer en 10 minutos diarios No necesitamos transformar nuestra vida completa. Solo elegir un eje.
Podemos dedicar esos 10 minutos a…Leer, Escribir, Meditar, Estudiar un tema específico, Pintar, Ejercitarnos. La clave no es la intensidad. Es la repetición. Un pequeño avance diario reduce la resistencia mental. Y lo que es fácil de repetir se sostiene.

¡Cuidado! No existe una receta universal Cada persona se enfrenta a desafíos distintos.
Para algunos, mejorar la alimentación genera un cambio inmediato en energía y claridad mental.
Para otros, empezar a meditar reduce ansiedad y mejora el enfoque.
Para otros, el ejercicio físico transforma su estado emocional.
No todos necesitamos lo mismo.

El error es preguntarte qué hábito deberías adoptar.

La pregunta correcta es otra.
¿Qué tipo de persona quieres ser?
Cuando defines eso, el siguiente paso es lógico. ¿Qué hábitos tiene esa persona?
Si quieres ser alguien culto, lees.
Si quieres ser alguien fuerte, entrenas.
Si quieres ser alguien enfocado, meditas o estudias con disciplina.

La lógica detrás de los 10 minutos. ¿Por qué resulta tan efectivo?
Diez minutos reducen la excusa.
No es intimidante.
No requiere una reorganización completa de tu agenda.
No genera resistencia extrema.
Pero acumulados, generan identidad.
No cambias de golpe. Te transformas por repetición.

Y es que las cosas que hacemos todos los días, una y otra vez, son mucho más importantes de lo que parece a simple vista. Al principio, cuando aprendemos a hacer algo nuevo, nos cuesta mucho trabajo y tenemos que estar muy atentos para no equivocarnos. Pero si repetimos esa misma acción muchas veces, al final nos acaba saliendo de forma natural, casi sin tener que pensarlo.
Esto es algo muy bueno porque ayuda a que nuestra cabeza no se canse tanto y nos permite ser cada vez mejores en lo que hacemos, ya sea en el trabajo, cuidando la casa o aprendiendo una tarea nueva. Si cada día nos esforzamos en hacer un poquito de algo bueno, al final de mucho tiempo habremos conseguido algo muy grande y valioso.
Por ejemplo, nadie aprende a cocinar bien o a arreglar algo en un solo día; hace falta repetir y repetir hasta que las manos ya saben qué hacer por sí solas. Estas costumbres diarias nos dan mucha tranquilidad porque nos ayudan a organizar nuestro tiempo y nos hacen sentir seguros en nuestro día a día.
Al final, lo que somos como personas depende de esas pequeñas cosas que decidimos repetir siempre. No hace falta hacer cosas increíbles de vez en cuando, sino hacer cosas sencillas pero hacerlas todos los días con mucha paciencia. Esa es la verdadera forma de mejorar nuestra vida y de sentirnos orgullosos de nosotros mismos poco a poco, porque la constancia siempre da sus frutos.

No es obligatorio que todos los hábitos sean de lunes a domingo sin parar. Lo más importante es entender que hay dos tipos de cosas: las que necesitan descanso y las que necesitan constancia.
Por ejemplo, si tu hábito es hacer ejercicio, es obligatorio descansar uno o dos días a la semana… el cuerpo necesita ese tiempo para recuperarse y ponerse fuerte; si intentas hacerlo todos los días sin parar, te puedes lastimar o cansar demasiado y acabarás dejándolo. En este caso, descansar el fin de semana está muy bien.

Pero si el hábito es algo como leer, estudiar o comer sano, lo mejor es intentar no perder el ritmo. El cerebro es como un músculo que se acostumbra a lo que hacemos. Si dejas de hacer algo totalmente el sábado y el domingo, el lunes te costará mucho más trabajo empezar otra vez. Es como si el coche se quedara frío y le costara arrancar.

Puedes y debes descansar, sobre todo si es algo físico, pero intenta que el descanso no sea tan largo que luego te dé pereza volver a empezar. La clave es que la rutina sea tu amiga, no una cárcel. Es mejor hacer un poquito casi siempre que hacer mucho y luego rendirse.

Yo, que llevo ya años llevando una «rutina repetitiva» (que así se llama), con mi ejercicio físico diario, te aseguro que eso es así, que te lo puedes creer. Para mi, salir a caminar alrededor de 12 kms diarios, si no tuviera el descanso que me tomo de fin de semana, estoy seguro que sería insoportable, pero el hecho de caminar 5 dias y descansar 2, lo hace soportable y muy llevadero, y no cuesta retomarlo cada lunes después del fin de semana de descanso…¡y de eso se trata!; así es que si necesitas reforzar algo en tu vida, la insistencia, la repetición, es lo que mas ayuda, no lo dudes ni un momento.

Y ya sólo desearte una feliz velada de martes con mis dos fotos de hoy, muy propias del día que hemos vivido, un día que es un paso mas hacia el verano ya inminente. ¿Hasta mañana? te espero…

«El vuelo del Viento», … la memoria viva del lunes de Pentecostés.

CARTAS A DULCINEA
Lunes, 25 de mayo de 2026

El Lunes de Pentecostés se despliega como el eco necesario de una transformación que no termina con la fiesta del domingo, sino que comienza a caminar en el quehacer diario del mundo. Mientras que la solemnidad previa, la de ayer domingo, celebraba el descenso del Espíritu como un evento estruendoso de lenguas de fuego y vientos impetuosos, el lunes representa la internalización y el efecto en las personas de ese fuego, el momento en que lo extraordinario se asienta en el corazón de los hombres para convertirse en acción. Es el día en que la comunidad, aún asombrada por la promesa cumplida, comprende que la inspiración no es un refugio estático, sino una fuerza dinámica destinada a disolver fronteras y unificar lenguajes en una sola voz de esperanza.

En la geografía espiritual de muchas naciones, esta jornada trasciende los muros del templo para ocupar las plazas y los caminos, convirtiéndose en un puente entre lo sagrado y lo popular. Desde las romerías que atraviesan los campos bajo el sol de la primavera hasta las celebraciones litúrgicas que honran la maternidad de la Iglesia, el Lunes de Pentecostés es un recordatorio de que la espiritualidad no está reñida con la alegría del encuentro humano. Es el tiempo del «envío», donde el individuo abandona la comodidad del cenáculo interior para enfrentarse a la realidad con una mirada renovada, entendiendo que la verdadera libertad consiste en servir al prójimo con la misma generosidad con la que se ha recibido la luz.

Y también este día nos invita a reflexionar sobre la persistencia de lo invisible en un mundo obsesionado con lo tangible y lo inmediato. El Lunes de Pentecostés sugiere que, tras cada gran revelación o momento de claridad, existe un compromiso posterior de coherencia y perseverancia que da sentido a la experiencia vivida. Es la celebración de una herencia que no se agota en el rito, sino que se renueva en cada gesto de entendimiento y en cada esfuerzo por construir armonía en medio de la diversidad. Al final del día, lo que queda es la certeza de que el viento sigue soplando, impulsando a la humanidad hacia un horizonte de mayor fraternidad y propósito compartido.

Asi es que, y para quienes tengan dudas, recordar que el «Día del Rocío» (conocido como Lunes de Pentecostés) se celebra hoy lunes, 25 de mayo. Es el día grande de la Romería de El Rocío (Huelva), cuando culmina la peregrinación y tiene lugar la tradicional procesión de «la Blanca Paloma». La romería, y el «día del Rocío» cambia de fecha cada año porque se celebra 50 días después del Domingo de Resurrección, coincidiendo con la festividad de Pentecostés.

Ayer, domingo de Pentecostés, conmemorábamos la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles y la Virgen María, cincuenta días después de la resurrección de Jesús. Este acontecimiento se considera tradicionalmente como el nacimiento de la Iglesia Católica, el momento en que los discípulos reciben la fuerza para salir a predicar el Evangelio por el mundo.


Y hoy, Lunes de Pentecostés, es como como una «prolongación» de esa alegría. Al igual que ocurre con el Lunes de Pascua (tras la Resurrección), la Iglesia dedica este día a asimilar, a empezar a poner en práctica y celebrar con calma la grandeza del don recibido. En el ámbito puramente litúrgico, marca también el final del tiempo pascual.

Más allá de la liturgia en los templos, el Lunes de Pentecostés tiene una trascendencia cultural y devocional inmensa en el sur de España, vinculada de forma inseparable a la Romería de El Rocío en Almonte (Huelva).

Debido a su importancia histórica, el Lunes de Pentecostés es un día festivo en el calendario civil de numerosas regiones y países de tradición cristiana (como Francia, Alemania, Bélgica, Austria o varios cantones suizos). En España, aunque no es un festivo a nivel nacional, sí lo es en muchas localidades y comunidades autónomas dependiendo del año, permitiendo a las familias reunirse y participar en las celebraciones religiosas y romerías locales.

¡¡¡Feliz día del Rocío!!! Y muchas felicidades a todas las Rocíos, en especial a las mas cercanas a mi. Y, por supuesto, feliz velada del ya último lunes del mes de mayo…el próximo lunes ya será 1 de junio. El titular de mi segunda foto, que he capturado en la playa a media mañana de hoy, es un trozo de una de las estrofas del famoso «Romance del Prisionero», un poema anónimo de la tradición oral española perteneciente al Romancero Viejo. Es una de las obras más destacadas de la literatura medieval, célebre por transmitir una profunda sensación de soledad, melancolía y el dolor del cautiverio…¡y ya habla en él de la calor del mes de mayo! Y es que da la impresión de quieren hacernos creer en la actualidad que la calor en mayo es algo anormal…¡pues no lo es!… ¡que ya se hablaba de las calores de mayo en los siglos XIV y XV! y aqui está la prueba…¡que no nos asusten, que no nos puedan acobardar!

«La Invasión del Fuego Invisible»… el despertar de los lenguajes del alma.

CARTAS A DULCINEA
Domingo, 24 de mayo de 2026

Pentecostés no es simplemente el cierre de un ciclo litúrgico o un evento confinado a las páginas de la historia sagrada, sino la irrupción de una energía renovadora que fractura el miedo y la parálisis. Representa ese instante crítico en el que la timidez se transforma en audacia y el silencio se rompe para dar paso a una palabra que todos pueden comprender, independientemente de su origen o cultura. Es el misterio de la unidad en la diversidad, donde el viento y el fuego no llegan para destruir, sino para purificar las intenciones y encender un propósito que trasciende las fronteras geográficas y personales.

Este fenómeno invita a reflexionar sobre la capacidad de la humanidad para ser habitada por algo superior a su propia fragilidad, una fuerza que los antiguos llamaron Espíritu y que actúa como un motor de transformación interna. En un mundo a menudo fragmentado por la incomprensión y el ruido, la esencia de Pentecostés propone la posibilidad de una comunicación auténtica, aquella que nace de la verdad y se dirige al corazón del otro sin necesidad de artificios. Es el recordatorio de que cada individuo posee una chispa capaz de convertirse en incendio cuando se pone al servicio de una causa colectiva basada en la paz y el entendimiento.

Finalmente, la celebración nos confronta con la idea de que no estamos condenados al aislamiento de nuestras propias limitaciones, sino que estamos llamados a ser canales de una creatividad inagotable. El descenso de esa fuerza invisible sugiere que la vida no es un proceso estático, sino un fluir constante que requiere ser refrescado por nuevas inspiraciones y visiones. Al final del día, la vigencia de este suceso radica en su invitación a dejar que el viento sople sobre nuestras propias cenizas, reactivando la esperanza y recordándonos que el lenguaje más poderoso que existe es aquel que se habla a través de los actos de justicia y fraternidad.

Y es que Pentecostés representa uno de los pilares fundamentales de la fe y la liturgia católica, consolidándose como la solemnidad que culmina el tiempo pascual y celebra la bajada del Espíritu Santo sobre los apóstoles y la Virgen María. Cincuenta días después de la Resurrección de Jesucristo, este acontecimiento, narrado en los Hechos de los Apóstoles, transforma el temor y el aislamiento inicial de los discípulos en una valentía renovada y un impulso misionero inquebrantable. Para la Iglesia católica, Pentecostés no es simplemente la conmemoración de un hecho histórico lejano, sino el nacimiento formal de la Iglesia misma como cuerpo místico de Cristo, marcando el inicio de su expansión y su misión evangelizadora universal.

Pentecostés invita a la comunidad católica a una constante renovación interior, recordando que la Iglesia es guiada y sostenida no por estrategias humanas, sino por el soplo divino que infunde vida y esperanza. En la actualidad, esta solemnidad impulsa a los fieles a salir de sus propias seguridades para salir al encuentro de los demás, promoviendo la justicia, la paz y la reconciliación… ¿puede haber un mensaje MAS SOCIAL quie el de la IGLESIA?. Pentecostés es, en definitiva, la celebración de la presencia permanente de Dios en medio de su pueblo, asegurando que la gracia divina continúe actuando en el corazón de cada creyente y sosteniendo la misión salvadora de la Iglesia hasta el fin de los tiempos.

Y si… ya hemos llegado a Pentecostés, y ya se anuncia la llegada del verano cada día mas seriamente. Esta pasada noche ha sido mas difícil conciliar el sueño por el calor y la ausencia de la mas mínima brisa. El amanecer, como ves, «de oro» y el día azul impecable, pero con ese curioso efecto óptico de la cámara de un arco iris invertido ¿lo ves? Feliz domingo.

El arte de los aspavientos… entre la exageración y la expresión.

CARTAS A DULCINEA
Sábado, 23 de mayo de 2026

La expresión popular «hacer aspavientos» es una de esas joyas del lenguaje que retrata con precisión un comportamiento humano tan común como llamativo. Proviene del término «aspaviento», que hace referencia a gestos o movimientos exagerados, generalmente acompañados de una actitud teatral o afectada. Quien hace aspavientos no pasa desapercibido: suele levantar las manos, poner los ojos en blanco, exhalar suspiros profundos o incluso elevar el tono de voz para enfatizar su descontento, sorpresa o indignación. Es una forma de comunicación que, aunque puede resultar efectiva en el corto plazo, a menudo despierta más risas que empatía.

El origen de esta expresión se remonta al siglo XVII, cuando el término «aspaviento» comenzó a utilizarse para describir gestos exagerados, especialmente aquellos relacionados con la afectación o la falsedad. En aquella época, el teatro era un espacio donde la gesticulación desmesurada era parte esencial de la actuación, y de ahí se trasladó al lenguaje cotidiano para describir a quienes actuaban de manera similar en la vida real. Hoy, hacer aspavientos sigue siendo una forma de llamar la atención, aunque no siempre con la elegancia que uno podría desear.

Lo curioso de esta expresión es que, aunque suele usarse con un matiz crítico, también encierra una verdad universal: todos, en algún momento, hemos recurrido a los aspavientos para expresar algo que sentimos con intensidad. Ya sea ante una injusticia, un disgusto o incluso una alegría desbordante, los gestos exagerados son una forma de liberar emociones que no caben en palabras. Sin embargo, el problema surge cuando los aspavientos se convierten en una herramienta manipuladora, utilizada para exagerar una situación con el fin de obtener compasión, admiración o simplemente para desviar la atención.

En el fondo, hacer aspavientos es un reflejo de nuestra necesidad de ser vistos y escuchados. En un mundo donde la información y las emociones compiten por captar nuestra atención, no es extraño que algunos recurran a la exageración para destacar. Sin embargo, como en todo, el equilibrio es clave. Un gesto exagerado puede ser efectivo en el momento adecuado, pero cuando se convierte en la norma, pierde su impacto y puede llegar a ser contraproducente. Después de todo, como dice el refrán, «quien mucho grita, poco convence».

Así, la próxima vez que alguien haga aspavientos a nuestro alrededor, tal vez valga la pena observar más allá de los gestos y preguntarnos qué hay detrás de tanta exageración. Quizás, en el fondo, solo sea una llamada de atención que merece ser escuchada, aunque no necesariamente con la misma intensidad con la que fue expresada.

Feliz velada de sábado, un sábado en el que el calor ha ido apretando…¡pero es que ya estamos a poco mas de 20 dias del verano oficial!

«No seas fullero»… o el arte de vivir con honestidad,

CARTAS A DULCINEA
Viernes, 22 de mayo de 2026

En el rico y variado conjunto de las expresiones populares, hay una que resuena con especial fuerza en el ámbito de la convivencia y las relaciones humanas: «No seas fullero». Esta frase, aparentemente sencilla, encierra una profunda sabiduría que trasciende generaciones y culturas. Ser «fullero» es actuar con astucia, engaño o falta de honestidad, y la advertencia que implica esta expresión es una llamada a mantener la integridad en nuestras acciones y palabras.

La honestidad es un valor fundamental en cualquier sociedad, y la expresión «No seas fullero» funciona como un recordatorio cotidiano de su importancia. En un mundo donde a veces parece que el éxito se mide más por los resultados que por los medios utilizados para alcanzarlos, esta frase nos invita a reflexionar sobre cómo queremos vivir y cómo deseamos ser recordados. No se trata solo de evitar engañar a los demás, sino también de no engañarnos a nosotros mismos, de ser coherentes con nuestros principios y valores.

El término «fullero» tiene sus raíces en el lenguaje coloquial y suele asociarse con comportamientos tramposos o poco éticos, especialmente en situaciones donde se busca obtener una ventaja injusta. Sin embargo, su uso va más allá de lo literal. Cuando alguien nos dice «No seas fullero», no solo nos está advirtiendo sobre un posible engaño, sino que también nos está pidiendo que seamos auténticos, que no juguemos con las expectativas o los sentimientos de los demás. Es una llamada a la transparencia y a la responsabilidad.

En el ámbito personal, esta expresión adquiere un matiz aún más profundo. Vivir con honestidad implica reconocer nuestras limitaciones, aceptar nuestros errores y aprender de ellos. Ser «fullero» con uno mismo es caer en la tentación de justificar nuestras faltas o de culpar a otros por nuestras decisiones. Por eso, «No seas fullero» es también una invitación a la autocrítica y al crecimiento personal.

En las relaciones interpersonales, la honestidad es el cimiento sobre el que se construye la confianza. Cuando alguien actúa con engaños o medias verdades, no solo daña a los demás, sino que también erosiona su propia credibilidad. «No seas fullero» nos recuerda que, aunque la verdad a veces pueda ser incómoda, siempre es preferible a la falsedad. La sinceridad, aunque duela en el momento, fortalece los lazos y construye relaciones más sólidas y duraderas.

Resumiendo, «No seas fullero» es mucho más que una frase hecha; es un principio de vida, un recordatorio de que la honestidad, aunque no siempre sea el camino más fácil, es siempre el más digno. En un mundo lleno de complejidades y tentaciones, esta expresión nos invita a elegir la autenticidad, a vivir con integridad y a construir un legado basado en la verdad y el respeto.

Y hoy ha sido un día con su toque de «especial» para los que tenemos relación con la Guardería de Calahonda, y es que, como cada mes de mayo, han celebrado el día de su patrona, «La Niña María», con una procesión de los niños y un acto en la Iglesia… y allí estaba yo y capturaba mi primera foto, siempre con el cuidado de no coger la cara de ningún niño, sino el lienzo sobre el cual se iba a desarrollar el acto. Y en la calle, mientras, un día totalmente veraniego, como muestra mi segunda foto que hacia en la playa una vez terminada la fiesta. Feliz velada de viernes.