Exaltación de la Santa Cruz

CARTAS A DULCINEA
Lunes, 14 de septiembre

La fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, celebrada cada 14 de septiembre, es una de las festividades más antiguas y significativas del calendario litúrgico cristiano. Su origen se remonta al siglo IV, vinculada estrechamente al hallazgo de la reliquia de la cruz por parte de santa Elena y a la posterior dedicación de las basílicas en el lugar del Santo Sepulcro y el Calvario en Jerusalén. Lo que comenzó como una conmemoración local se extendió rápidamente por todo el mundo, transformando un instrumento que antiguamente era símbolo de suplicio y derrota en el emblema máximo de esperanza y victoria espiritual.

El significado teológico de esta jornada no se centra en el sufrimiento, sino en la «exaltación», es decir, en el reconocimiento de la cruz como el eje sobre el cual gira la redención. Para los creyentes, este día invita a mirar el madero no como un objeto de muerte, sino como el «árbol de la vida» cuyos frutos son la paz y la reconciliación. Es una invitación a entender que el sacrificio realizado en ella es la mayor expresión de amor entregado, lo que explica por qué en muchas tradiciones las cruces se adornan hoy con flores y luces, resaltando su carácter glorioso por encima de su naturaleza dolorosa.

Históricamente, la festividad también recuerda la recuperación de la reliquia de la Santa Cruz en el año 628 por el emperador Heraclio, quien la rescató de manos de los persas y la devolvió triunfalmente a Jerusalén. Cuenta la tradición que el emperador quiso entrar en la ciudad con gran pompa, pero una fuerza invisible se lo impidió hasta que, siguiendo el consejo del patriarca de la ciudad, se despojó de sus vestiduras imperiales y entró descalzo, emulando la humildad del acto original. Este relato refuerza el mensaje de la fiesta: que la verdadera grandeza se encuentra en la sencillez y en la capacidad de entrega.

En la actualidad, muchas localidades celebran sus fiestas mayores en esta fecha, uniendo la devoción religiosa con tradiciones populares que incluyen procesiones, ferias y actos comunitarios. Más allá de lo estrictamente eclesiástico, la Exaltación de la Santa Cruz funciona como un punto de encuentro cultural que marca el fin del verano en muchas regiones y el inicio de una nueva etapa de trabajo. Es un día para la reflexión sobre la superación de las dificultades personales, viendo en la cruz un símbolo de resiliencia y la certeza de que, tras cualquier momento de oscuridad, siempre existe la posibilidad de una luz renovada.

Y seguro que algunos, igual que yo, se preguntarán …¿Y no es lo mismo el «dia de la Cruz» que se celebra en parte de Andalucia, sobre todo en Granada, el 3 de mayo, que «el dia de la Exaltacion de la Santa Cruz» que se celebra cada 14 de septiembre en toda la Iglesia Católica
?
Pues no, mira la diferencia… El 3 de mayo, el tradicional Día de la Cruz o Cruz de Mayo que se celebra en muchos pueblos de Andalucía, muy en especial en Granada y en Motril, conmemoraba antiguamente la Invención de la Santa Cruz. La palabra “invención” no significaba crear algo, sino hallazgo. Según la tradición cristiana, ese día se recordaba el descubrimiento de la Vera Cruz por Santa Elena en Jerusalén. Con el paso de los siglos, esta celebración se mezcló con fiestas populares de primavera y dio lugar a las cruces adornadas con flores que conocemos hoy.

El 14 de septiembre, en cambio, se celebra la Exaltación de la Santa Cruz, una fiesta litúrgica de toda la Iglesia. Su origen está relacionado con la dedicación de la Basílica del Santo Sepulcro en Jerusalén y, posteriormente, con la recuperación de la Cruz por el emperador Heraclio tras haber sido tomada por los persas. Ese día se destaca el significado espiritual de la Cruz como símbolo de salvación y esperanza.

Hay un detalle curioso: hasta mediados del siglo XX existían oficialmente las dos fiestas en el calendario litúrgico. En 1960, el papa San Juan XXIII unificó ambas celebraciones en la del 14 de septiembre, aunque en lugares como Granada y gran parte de Andalucía se conservó la tradición popular del 3 de mayo.

Dicho de forma sencilla:

  • 3 de mayo: recuerda tradicionalmente el hallazgo de la Cruz y se ha convertido en una gran fiesta popular andaluza llena de flores y convivencia.
  • 14 de septiembre: celebra la Exaltación de la Cruz, es decir, su significado religioso universal para los cristianos.

Por eso podemos decir que no son exactamente la misma fiesta, aunque ambas tienen el mismo símbolo: la Santa Cruz. Históricamente nacieron por motivos distintos, pero hoy están estrechamente unidas.

Feliz velada de otro lunes de autentico verano, aunque hoy por aquí ha bajado un poco la temperatura, a pesar de los cielos muy azules, y con una brisa de poniente muy agradable.

¿A quién tienes preso en tu corazón?

CARTAS A DULCINEA
Domingo, 13 de septiembre

Hay cárceles que no tienen muros, ni rejas, ni candados. Sin embargo, pueden ser las más difíciles de abandonar. Son las cárceles que construimos dentro de nosotros cuando guardamos rencor, cuando no olvidamos una ofensa o cuando pasamos años recordando una herida que alguien nos hizo.

La vida tiene algo curioso. Todos necesitamos comprensión, paciencia y una segunda oportunidad. Cuando cometemos un error, esperamos que los demás entiendan nuestras razones. Cuando nos equivocamos, deseamos que nos perdonen. Pero muchas veces, cuando es otro quien falla, somos mucho más duros de lo que nos gustaría que fueran con nosotros.

Nos cuesta reconocer que también hemos cometido errores, que también hemos necesitado ayuda y que, en más de una ocasión, alguien nos tendió la mano cuando no lo merecíamos del todo. Padres, amigos, parejas, compañeros o incluso desconocidos nos han perdonado alguna vez, nos han comprendido o nos han dado una nueva oportunidad para empezar de nuevo.

Sin embargo, hay personas que siguen encerradas en la cárcel de nuestro corazón. Quizás un familiar con quien dejamos de hablar. Un amigo que nos decepcionó. Un vecino con el que tuvimos un problema hace años. O alguien que dijo una palabra desafortunada y que todavía seguimos recordando.

Perdonar no significa decir que lo que ocurrió estuvo bien. Tampoco significa olvidar de golpe ni permitir que nos vuelvan a hacer daño. Perdonar es algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, más difícil: decidir que esa herida no va a seguir gobernando nuestra vida.

El rencor suele parecer un castigo para quien nos hizo daño, pero en realidad acaba convirtiéndose en una carga para quien lo guarda. Cada vez que recordamos una ofensa con amargura, volvemos a cargar una mochila que nos pesa solo a nosotros.

Por eso, una de las decisiones más liberadoras que puede tomar una persona es soltar. Soltar la rabia, el deseo de venganza y la necesidad de ajustar cuentas constantemente con los demás. No porque ellos siempre lo merezcan, sino porque nosotros merecemos vivir en paz.

Quizás hoy sea un buen momento para preguntarnos algo muy sencillo: ¿hay alguien encerrado en la cárcel de mi corazón? ¿Hay alguna vieja herida que sigo alimentando? ¿Hay alguna deuda emocional que llevo años intentando cobrar?

La respuesta no siempre será fácil. Pero quien aprende a perdonar descubre algo importante: la libertad no empieza cuando cambia la otra persona. La libertad empieza cuando cambiamos nosotros.

Porque, al final, todos necesitamos comprensión. Todos cometemos errores. Y todos, tarde o temprano, dependemos de la bondad de los demás para seguir adelante. Por eso, cuando somos capaces de ofrecer el perdón que un día nosotros también recibimos, la vida se vuelve un poco más ligera y el corazón encuentra, por fin, la puerta de salida de su propia prisión.

El perdón no es un sentimiento, es una decisión que brota del recuerdo agradecido de la misericordia recibida. Quien olvida cuánto se le ha perdonado, termina viviendo como acreedor perpetuo, encadenado a su propio resentimiento. Quien, en cambio, vive consciente de la gracia, se vuelve capaz de perdonar “setenta veces siete”, es decir, siempre.

La parábola, está tomada del evangelio de hoy domingo, pero modificada para que sirva a creyentes y no creyentes, y a todos creo yo que nos interpela directamente: ¿a quién tengo yo en la “cárcel” de mi corazón? ¿Qué deuda pequeña estoy cobrando con dureza mientras Dios me ha cancelado la inmensa? El Reino de los Cielos pertenece a los misericordiosos, porque solo ellos saben que han sido misericordiados primero… ¿esto vale para todos o sólo para los católicos?

Feliz velada de domingo de septiembre en otro dia radiante y de temperaturas veraniegas… pero con el aire acondicionado y saliendo poco, apenas se notan.

Saber más que Lepe… el elogio al ingenio que sobrepasa.

CARTAS A DULCINEA
Sábado, 12 de septiembre

Hay expresiones que hemos escuchado toda la vida y que siguen diciendo mucho con muy pocas palabras. Una de ellas es: “saber más que Lepe”. Cuando alguien la utiliza, quiere decir que una persona es muy lista, que tiene mucha experiencia o que encuentra soluciones donde los demás solo ven problemas.

Todos hemos conocido a alguien así. Ese vecino que siempre sabe cómo arreglar cualquier cosa. Esa abuela que tiene un consejo para cada situación. Ese niño que sorprende a todos con preguntas y respuestas que parecen propias de una persona mucho mayor. Entonces alguien sonríe y dice: “¡Este sabe más que Lepe!”.

Lo curioso es que Lepe no era un personaje inventado. Fue una persona real llamada Pedro de Lepe, un andaluz que vivió hace más de trescientos años. Era un hombre muy culto y muy respetado por sus conocimientos. Con el paso del tiempo, su fama fue creciendo tanto que su apellido acabó convirtiéndose en una forma popular de medir la inteligencia de una persona.

La gente empezó a exagerar la expresión con el humor que siempre ha caracterizado al pueblo español. Así aparecieron frases como “sabe más que Lepe, Lepijo y su hijo”, para dar a entender que alguien era extraordinariamente listo. Y así, de generación en generación, el dicho llegó hasta nuestros días.

Sin embargo, esta expresión también nos deja una enseñanza. Ser inteligente no consiste solamente en haber estudiado mucho o en tener muchos títulos. Hay personas que apenas fueron a la escuela y poseen una sabiduría enorme. La vida les ha enseñado a observar, a escuchar y a comprender a los demás. Esa experiencia vale muchas veces más que un libro.

También es verdad que, a veces, la frase se usa con cierta ironía. Cuando alguien presume demasiado de lo que sabe, no falta quien diga entre risas: “Sí, hombre, este sabe más que Lepe”. Porque la verdadera inteligencia suele ser discreta. No necesita presumir ni levantar la voz para demostrar lo que vale.

Quizás por eso este viejo dicho sigue tan vivo. Porque todos admiramos a las personas que aportan soluciones, que tienen buen juicio y que saben encontrar el camino cuando los demás están perdidos. Son personas que hacen la vida un poco más fácil a quienes las rodean.

Así que la próxima vez que alguien te sorprenda con una idea brillante, con una respuesta ingeniosa o con un consejo acertado, ya sabes lo que puedes decirle: “Tú sí que sabes más que Lepe”. Y aunque hayan pasado siglos desde que vivió aquel andaluz tan sabio, su nombre continúa siendo un hermoso elogio para quienes destacan por su inteligencia, su experiencia y su buen sentido.

Nuevo fin de semana de este verano aún de 2026 y que hace honor al titulo de «verano» y que es, además, para los que tienen la suerte de disfrutar de sus vacaciones en este mes, de una mucho mayor tranquilidad, tanto en la playa como en los bares y restaurantes…¡y me atrevo decir que hasta en los precios! Feliz velada de sábado… y como se ve en la segunda foto anochecía hace media hora en Calahonda, con algunos aún en la playa … ¡seguro que el vientecillo de levante les hacia sentirse a gusto!

Tener buenas aldabas… el poder que llama a las puertas. correctas

CARTAS A DULCINEA
Viernes, 11 de septiembre

En España existe una expresión muy antigua que todavía se escucha de vez en cuando (cada vez menos): “tener buenas aldabas”. Cuando se dice de alguien que tiene buenas aldabas, lo que se quiere decir es que cuenta con personas que le ayudan, le apoyan o le abren puertas cuando lo necesita.

Hace muchos años, las casas importantes solían tener en sus puertas unas aldabas grandes y bonitas. La aldaba era la pieza de metal que servía para llamar golpeando la puerta. Cuanto más grande y elegante era, más rica o influyente parecía la familia que vivía dentro. Por eso nació la idea de relacionar las aldabas con el poder y la importancia.

Con el paso del tiempo, la expresión dejó de referirse a las puertas y empezó a aplicarse a las personas. Así, tener buenas aldabas pasó a significar tener amigos, conocidos o familiares capaces de echar una mano cuando surge algún problema o cuando hace falta conseguir algo.

Todavía hoy usamos esta expresión. Por ejemplo, cuando alguien encuentra un buen trabajo gracias a una recomendación. También cuando un trámite se resuelve mucho más rápido de lo normal o cuando una persona consigue ayuda de alguien bien situado. En esos casos es frecuente escuchar: “Ese tiene buenas aldabas”.

Sin embargo, la frase también tiene una segunda lectura. Muchas veces se utiliza con un poco de ironía, como dando a entender que una persona ha llegado lejos más por sus contactos que por su esfuerzo. Y es que no siempre basta con conocer a la gente adecuada. Las ayudas pueden abrir una puerta, pero después cada uno tiene que demostrar lo que vale.

La realidad es que las relaciones humanas siempre han sido importantes. Todos necesitamos alguna vez el consejo de un amigo, el apoyo de un familiar o la ayuda de alguien que nos aprecia. Eso no tiene nada de malo. Lo importante es no olvidar que los favores y los contactos pueden facilitar el camino, pero no sustituyen al trabajo, la honradez y la constancia.

Hoy las aldabas ya no suelen estar en las puertas de las casas modernas, pero la expresión sigue viva. Las antiguas aldabas de hierro se han convertido en una llamada de teléfono, un mensaje de WhatsApp o una amistad cultivada durante muchos años.

Por eso, cuando oigas decir que alguien tiene buenas aldabas, ya sabrás lo que significa. No se habla de puertas ni de llamadores de metal. Se habla de algo mucho más humano: de las personas que están dispuestas a responder cuando llamamos a su puerta.

Y ayer daba comienzo el nuevo curso escolar… cambian los tiempos y cambian las formas, imagino que con deseos de motivar mas a los alumnos y aquí te dejo una composición con dos comienzos de curso, el de ayer (hice la foto antes de que hubiese niños), con viñetas en un panel, con globos, y con cortina y alfombra roja (que la vi pero que no se ve porque está tras la cortina); la foto de la derecha es del comienzo de curso de 2009, hace ya 17 años… eran otros tiempos y posiblemente hacia falta motivar menos, pero el entusiasmo con el que entraban nuestros alumnos al colegio es evidente en la foto…¡corriendo, con ganas de empezar!, Feliz velada de viernes y feliz nuevo curso a todos los que lo comenzaron ayer durante dos horas y hoy ya de jornada completa y un abrazo fuerte para esos otros alumnos que comenzaban el curso un 15 de septiembre de 2009…¡hace ya 17 años, pero no les olvido ni les olvidaré jamás!…Lucía, Nerea, Alvaro, Darío, Antonio…. y tantos y tantos de ese curso y de otros muchos a quienes llevo en mis mejores recuerdos y que siempre serán mi alegría.

Por cierto, que ayer, mientras caminaba, me crucé con una pareja de jóvenes y nada mas pasar, se vuelve el chico y me pregunta que si yo habia sido maestro en Carchuna…. me sorprendió porque no me sonaba su cara…¡y es que no lo veía desde que dejó la escuela hace ya muchísimos años!…Jose Vicente Clemente… me dio mi pequeña gran alegría porque te aseguro que, para mi, la mejor recompensa que puede tener un maestro es el recuerdo de sus alumnos…¡eso nadie te lo puede quitar y vale un montón! y ayer ese detalle de llamarme la atención de Jose Vicente me hizo feliz el dia. GRACIAS DE CORAZÓN. Y es que para el maestro estos son los pequeños momentos que te cambian el dia y la vida.

«Yunquera… el comienzo de mi vida de maestro»(capitulo final)

CARTAS A DULCINEA
Jueves, 10 de septiembre
Yunquera… o la ilusión de comenzar mi larga carrera de maestro»
(Las raíces y las ramas de mi vida… Yunquera, parte séptima)

Hay lugares que no se olvidan porque en ellos empezó algo importante, porque marcaron el rumbo de lo que uno llegaría a ser. Yunquera fue eso para mí: el principio de mi vida como maestro, mi primera escuela, mi primer sueldo, mi primer contacto con la emoción diaria de enseñar. Acababa de terminar el servicio militar y, con la ilusión de quien empieza a caminar por fin su propio camino, pedí trabajo en varios sitios. Me ofrecieron uno en la enseñanza privada, pero también otro en la pública, en Málaga. Elegí sin dudar: Málaga sonaba bien, aunque el nombre del destino —Yunquera— me resultaba completamente desconocido. No sabía entonces que aquel pueblo, perdido en la Sierra de las Nieves, se grabaría para siempre en mi memoria.

Llegué con mi traje y corbata, mi vieja maleta de cartón y una mezcla de nervios y entusiasmo. Me presenté en casa del alcalde, donde le saludé con el respeto que me inspiraba el cargo y con la timidez propia de quien aún se siente un aprendiz. Me alojé en la fonda de la plaza, en la Fonda Central, un lugar sencillo, pero lleno de humanidad, donde me trataron como a uno más de la familia. Pronto comencé a sentirme como en mi propia casa.

En aquellos tres meses, que parecieron mucho más largos por todo lo que viví, hice grandes amigos. José Andrés, el de la Caja de Ahorros de Ronda, con quien compartí charlas y risas; mis compañeros de escuela, José María, Pepi y su marido, que me ayudaron en todo momento; y, sobre todo, Antonio Segovia, compañero de ratos libres y de confidencias,… y tambien ocupa un lugar destacado Ascensión Cueto, otra maestra, gran amiga y gran mujer. Con Antonio compartía tardes y noches en las tascas del pueblo, entre vasos de vino y almejas crudas, charlando de todo y de nada, de la vida y de los sueños. Aquel pequeño mundo se fue convirtiendo en mi refugio, en un hogar provisional pero entrañable.

La vida en la escuela era sencilla pero intensa. Mis alumnos de segundo de EGB fueron mis primeros discípulos, y también mis primeros maestros. Con ellos aprendí lo esencial del oficio: la paciencia, la vocación y el valor de una sonrisa. Mi compañero del aula contigua, José María Duarte, fue un ejemplo de sabiduría y generosidad. De él aprendí más sobre enseñar que de todos los libros que había estudiado.

Hubo anécdotas que aún me hacen sonreír. Como aquella vez que me quedé dormido —algo que nunca más me volvió a pasar— y fue la señora de la pensión quien, al ver que no bajaba a desayunar, subió a despertarme. Era ya la hora del recreo. También recuerdo la noche en que se incendió la Sierra de las Nieves e iban por los bares buscando “voluntarios a la fuerza” para ayudar a apagar el fuego, pero aquella noche, por suerte, Antonio y yo no estábamos en ninguno de esos bares. Tambien recuerdo con cariño a su prima, Anita, donde vivia Antonio …¡y al abuelo!, con el que me quedó un a tarea pendiente…!ir a buscar «cagarrias» a la Sierra de las Nieves.

Mi primera nómina fue de 12.500 pesetas, unos setenta y cinco euros de hoy. Apenas daba para pagar la pensión y cubrir los gastos más básicos, pero bastaba para sentirme feliz: estaba empezando a hacer mi vida con mi trabajo, mi vocación. Sentía que empezaba a ser dueño de mí mismo, aunque tambien echaba de menos a mi familia.

Cuando llegó el momento de despedirme, al reincorporarse el maestro al que yo sustituía, sentí una pena que no esperaba. Me había encariñado con aquel pueblo blanco, con sus calles tranquilas, con sus gentes sencillas y amables. Los niños me despidieron con abrazos y lágrimas, sin entender por qué su maestro se marchaba. Yo tampoco supe explicarlo bien. Me iba con la promesa de seguir adelante, rumbo a San Pedro, sin saber que aquel sería otro capítulo decisivo en mi vida personal.

De aquellos tres meses en Yunquera guardo un cariño inmenso. Aún conservo la amistad de algunos de aquellos niños, que hoy rondan los sesenta años. A veces hablamos, recordamos anécdotas, y en sus palabras siento el mismo afecto de entonces. También recuerdo a Ruiz López, el municipal, un hombre bueno, cercano, que se convirtió en otro gran amigo de aquellos días.

Yunquera fue mi primer destino, pero fue más que eso… fue la escuela donde aprendí a ser maestro. Allí comprendí que enseñar no era solo dar lecciones, sino compartir la vida con quienes te rodean. Por eso, cada vez que pienso en aquellos tres meses, me parece escuchar aún el bullicio del aula, el murmullo de la plaza, el eco de las risas en la fonda. Fue poco tiempo, sí, pero bastó para marcar el comienzo de todo.

Y con esta carta de este jueves termino con la etapa de mi vida dedicada a la enseñanza… Empecé hacia atrás, desde Carchuna, donde me jubile hace ya 15 años y sigo viviendo, pasando por Picena, Guadahortuna, Motril, Torrenueva y YUNQUERA, que fue mi comienzo.

A partir del jueves próximo voy a seguir hablando de mi vida, relacionada en los otros sitios donde he vivido y contando, aparte de su historia, tambien mis vivencias y lo que cada uno ha aportado a mi vida: primero Melilla, donde hice la «mili» previa a mi incorporación a Yunquera… luego Granada, en donde me formé, desde mi infancia, adolescencia y juventud para llegar a ser quien soy y finalmente Huelma, mi pueblo nata, con todas las vivencia de mi primera infancia y las vacaciones de mi adolescencia y juventud. y…posiblemente esto sea el primer paso para escribir el libro con el que llevo años soñando, un libro en el que describa mis años, la segunda mitad del siglo XX y lo que viva del XXI para que quede constancia de cómo era la vida en esos años bajo mi punto de vista y mis vivencias.

Feliz velada de jueves, del último jueves «yunquerano» con mi recuerdo mas entrañable y mi abrazo para todos los que fueron mis alumnos y mi gratitud y recuerdo para este gran pueblo de la Sierra de las Nieves , que yo ni conocía hasta que llegué allá, pero que me cautivó en sólo tres meses. GRACIAS, YUNQUERA.

En los próximos dias voy a intentar hacer una pequeña pelicula con musica e imágenes sobre mi experiencia en Yunquera… ya os avisaré.

Día Mundial de la Agricultura.

CARTAS A DULCINEA
Miércoles, 9 de septiembre

El Día Mundial de la Agricultura se celebra cada 9 de septiembre como un homenaje a una de las actividades más antiguas y esenciales de la humanidad. Esta efeméride no solo reconoce el esfuerzo incansable de millones de agricultores en todo el planeta, sino que también busca sensibilizar a la sociedad sobre los desafíos actuales que enfrenta el sector para garantizar la seguridad alimentaria global. Es un día para recordar que cada alimento que llega a nuestra mesa es el resultado de un ciclo complejo que comienza en la tierra y que depende directamente del equilibrio de nuestros ecosistemas.

La agricultura ha sido el motor del desarrollo de las civilizaciones, permitiendo el asentamiento de las poblaciones y el crecimiento de las economías. Sin embargo, en el siglo XXI, esta práctica se encuentra en una encrucijada crítica debido al cambio climático, la escasez de agua y el agotamiento de los suelos. El Día Mundial de la Agricultura pone el foco en la necesidad de transitar hacia modelos más sostenibles, donde la innovación tecnológica y el respeto por los métodos tradicionales se den la mano para producir más con menos impacto ambiental, protegiendo así la biodiversidad que sustenta la vida.

En este contexto, la figura del pequeño agricultor cobra una relevancia especial, ya que son ellos quienes gestionan la mayor parte de las explotaciones agrícolas del mundo y preservan las variedades de cultivos locales. La jornada invita a reflexionar sobre la importancia de un comercio justo que garantice condiciones de vida dignas para quienes trabajan el campo, evitando el abandono de las zonas rurales y asegurando el relevo generacional. Sin un medio rural vivo y tecnificado, la estabilidad de las ciudades y el suministro de materias primas básicas estarían en grave riesgo.

Finalmente, celebrar este día supone un compromiso colectivo por reducir el desperdicio de alimentos y fomentar un consumo más responsable y consciente. Al elegir productos de temporada y apoyar la agricultura de proximidad, los consumidores contribuimos directamente a la resiliencia del sector primario. El 9 de septiembre es, en definitiva, un recordatorio de nuestra conexión intrínseca con la naturaleza y de la urgencia de cuidar el suelo que nos alimenta, entendiendo que la salud de la agricultura es, en última instancia, la salud de toda la humanidad.

Hoy debería ser un día grande, muy importante y de esperanzas para las gentes que se dedican a extraer nuestros alimentos de la tierra, para nuestros agricultores a los que, desde estas líneas, quiero expresar mi máximo agradecimiento y respeto… son de los peor tratados por los organismo públicos y son los mas i prescindibles. Feliz tarde y velada de miércoles, «día Mundial de la Agricultura»

Los alimentos que debemos evitar para mantener un corazón sano.

CARTAS A DULCINEA
Martes, 8 de septiembre

El corazón es uno de los órganos más importantes de nuestro cuerpo. Trabaja sin descanso, día y noche, bombeando sangre para que todas las partes del organismo reciban oxígeno y nutrientes. Sin embargo, muchas veces no le prestamos la atención que merece. Solemos preocuparnos por nuestra salud cuando aparecen problemas, pero la mejor medicina es siempre la prevención. Y una de las formas más sencillas de cuidar el corazón es vigilar lo que ponemos cada día en nuestro plato.
No existe ningún alimento que por sí solo provoque una enfermedad del corazón, igual que tampoco existe un alimento milagroso que lo cure todo. Lo que realmente importa son los hábitos que mantenemos durante años. Cuando una persona consume con frecuencia alimentos poco saludables, las arterias pueden ir acumulando grasa en sus paredes. Poco a poco, la circulación de la sangre se vuelve más difícil y aumenta el riesgo de sufrir problemas cardiovasculares.

Mantener un corazón sano es crucial para el bienestar general, y una de las formas más eficaces de conseguirlo es seguir una dieta cardiosaludable. Aunque hay muchos alimentos que pueden favorecer la salud del corazón, también hay otros que conviene evitar o limitar para mantenerlo en plena forma. Éstos son algunos de los alimentos que debe evitar:

  1. Carnes procesadas: El beicon, los perritos calientes, los embutidos y otras carnes procesadas tienen un alto contenido en sodio y grasas saturadas, lo que puede aumentar el riesgo de padecer enfermedades cardiacas.
  2. Productos lácteos ricos en grasa: El queso, la nata y la mantequilla son alimentos ricos en grasas saturadas, que pueden elevar los niveles de colesterol y contribuir a las cardiopatías.
  3. Bebidas azucaradas: Los refrescos, las bebidas energéticas y otras bebidas azucaradas pueden provocar un aumento de peso e incrementar el riesgo de diabetes y enfermedades cardiacas.
  4. Grasas trans: Presentes en alimentos fritos, productos de bollería y aperitivos procesados, las grasas trans pueden elevar los niveles de colesterol malo y reducir los de colesterol bueno.
  5. Exceso de sal: Comer demasiada sal puede provocar hipertensión arterial, que es uno de los principales factores de riesgo de las enfermedades cardiacas.
  6. Hidratos de carbono refinados: El pan blanco, la pasta, el arroz y otros carbohidratos refinados pueden causar picos de azúcar en sangre y provocar un aumento de peso, lo que puede aumentar el riesgo de padecer enfermedades cardíacas.
  7. Alcohol: Aunque el consumo moderado de alcohol puede tener algunos beneficios cardio saludables, beber en exceso puede provocar hipertensión arterial, accidentes cerebrovasculares y otros problemas de salud.

Evitando o limitando estos alimentos en nuestra dieta, puede ayudar a proteger la salud de su corazón y reducir el riesgo de cardiopatías. En su lugar, debemos centrarnos en comer mucha fruta, verdura, cereales integrales, proteínas magras y grasas saludables como las que se encuentran en los frutos secos y las semillas. Una dieta equilibrada es la clave para mantener un corazón sano, así que debemos asegurarnos de tomar todos los nutrientes necesarios para mantenerlo fuerte y sano.

Te recuerdo que esto no es ningún artículo médico, por tanto es una mera orientación para quien le pueda interesar; el único que puede asesorar con pleno conocimiento es nuestro médico… pero nunca viene mal saber que hay cosas que nos puede dañar el ingerirlas y cosas que si que pueden ser muy beneficiosas. Nuestro corazón nos acompaña desde antes de nacer y trabaja sin tomarse un solo descanso. Merece que lo cuidemos. Las decisiones que tomamos hoy al sentarnos a la mesa pueden parecer pequeñas, pero con el paso de los años se convierten en una inversión valiosísima para disfrutar de una vida más larga, más activa y con mejor salud.

Feliz tarde y velada del martes, de otro martes de calor, aunque tambien de color, como se ve en mi segunda foto de una de nuestras plazas vista esta mañana de martes.

La imprudencia: el vértigo que precede a la caída

CARTAS A DULCINEA
Lunes, 7 de septiembre

La imprudencia es esa voz interna que susurra “no pasará nada” justo antes de que todo se desmorone. Es el impulso que ignora las señales de alerta, el gesto apresurado que desprecia las consecuencias y la ligereza con la que jugamos con nuestra vida y la de los demás. No siempre es dramática ni heroica; muchas veces aparece en lo cotidiano: un mensaje al volante, una palabra soltada sin pensar, una decisión tomada sin medir riesgos.

Lo que hace peligrosa a la imprudencia es su disfraz de valentía o espontaneidad. Se presenta como libertad, como rebeldía contra las normas aburridas, como confianza en la buena suerte. Sin embargo, detrás de esa máscara se esconde una falta grave de respeto hacia la realidad. La imprudencia no calcula, no prevé, no protege. Simplemente avanza, dejando a su paso heridos, arrepentimientos y oportunidades perdidas para siempre.

Sus consecuencias suelen ser silenciosas al principio y devastadoras después. Una imprudencia financiera puede destruir el esfuerzo de años. Una imprudencia emocional puede romper relaciones que parecían sólidas. Una imprudencia en la salud puede cobrarse la vida que creíamos eterna. Cada vez que elegimos el camino fácil y rápido en lugar del prudente, estamos firmando un pagaré que tarde o temprano llegará a su vencimiento.

La imprudencia también revela una forma de egoísmo sutil: creemos que nuestro deseo del momento es más importante que el bienestar futuro, propio y ajeno. Es la madre que deja al niño solo “solo un segundo”, el conductor que se salta el semáforo, el amigo que traiciona una confidencia “porque no es para tanto”. Pequeños actos que, acumulados, erosionan la confianza y la seguridad colectiva.
Frente a ella se alza la prudencia, no como miedo paralizante, sino como sabiduría serena. La prudencia no es cobardía; es inteligencia aplicada al vivir. Es mirar dos veces antes de saltar, pensar en las consecuencias antes de hablar, y valorar el mañana tanto como el hoy.

Cultivar la prudencia requiere madurez, autocontrol y humildad para reconocer que no somos invencibles. En un mundo que premia la velocidad, la inmediatez y la espectacularidad, la imprudencia encuentra terreno fértil. Sin embargo, las historias que realmente perduran son las de quienes supieron detenerse a tiempo, evaluar y elegir con cabeza fría.

Porque al final, la vida no premia a quien más arriesga sin sentido, sino a quien sabe cuándo arriesgar y cómo hacerlo con conciencia.
Que la imprudencia nos sirva de advertencia y no de ejemplo. Cada día, en las decisiones pequeñas y grandes, tenemos la oportunidad de elegir: el vértigo fugaz de la imprudencia o la paz profunda de quien camina con los ojos bien abiertos. La elección, como siempre, es nuestra.

Yo reconozco que hasta ahora no he sido muy imprudente por miedo, porque yo creo que para la imprudencia se requiere audacia y yo no he sido precisamente un arriesgado audaz. Feliz velada de es te primer lunes de septiembre en el que en algunos lugares ya han comenzado sus clases los pequeños. Por aqui sigue el verano, como se ve en mis fotos… la segunda es de esta misma mañana delante del Camping Don Cactus… cielos azules, calor y una suave brisa vivificante de poniente.

El difícil arte de decir la verdad con cariño.

CARTAS A DULCINEA
Domingo, 6 de septiembre

Vivimos rodeados de personas: familia, amigos, compañeros de trabajo, vecinos. Sin embargo, convivir no siempre significa entenderse. Las relaciones humanas necesitan algo más que compartir espacio. Necesitan confianza, diálogo y la capacidad de decir las cosas con sinceridad cuando algo no va bien.

Corregir a alguien nunca es fácil. Muchas veces preferimos callar para evitar problemas o discusiones. Otras veces hablamos desde el enfado y terminamos haciendo más daño que bien. Sin embargo, cuando existe aprecio verdadero, decirle a una persona que se está equivocando puede ser una muestra de cariño. No se trata de juzgar ni de sentirse mejor que nadie. Se trata de ayudar.

La forma de hacerlo es tan importante como el mensaje. Lo más sensato suele ser hablar primero en privado, con respeto y sin humillar. Escuchar es tan importante como hablar. A veces descubrimos que no conocíamos toda la situación. Otras veces, una conversación tranquila basta para resolver un problema que parecía enorme.

El diálogo es una de las herramientas más valiosas que tenemos. Cuando las personas se escuchan de verdad, desaparecen muchos malentendidos. Las heridas encuentran una oportunidad para sanar y las diferencias dejan de ser muros para convertirse en puentes. Ninguna persona posee toda la verdad, y por eso escuchar a los demás siempre nos enriquece.

Las mejores decisiones suelen nacer de conversaciones sinceras. No de los gritos, ni de las imposiciones, ni de los silencios incómodos, sino de la voluntad de comprender y de ser comprendidos. Cuando cada persona puede expresar lo que piensa y siente con libertad y respeto, surge algo muy valioso: la confianza.

Hay momentos en los que una conversación honesta cambia por completo una relación. Después de aclarar un malentendido llega la tranquilidad. Después de pedir perdón llega el alivio. Después de escuchar al otro llega una comprensión que antes parecía imposible. Son experiencias sencillas, pero tienen una enorme fuerza.

Por el contrario, cuando evitamos siempre los conflictos, los problemas no desaparecen. Se acumulan. Los silencios que parecen cómodos terminan creando distancia. Las palabras que nunca se dicen acaban convirtiéndose en resentimientos. Por eso es tan importante afrontar las diferencias con serenidad y respeto.

Las comunidades, las familias y los grupos humanos más fuertes no son los que nunca tienen problemas. Son aquellos que saben hablar de ellos. No son perfectos, pero están vivos. No están libres de errores, pero saben reconocerlos. Y, sobre todo, entienden que la sinceridad, el respeto y el diálogo son la base de cualquier convivencia duradera.

Al final, todos necesitamos lo mismo: personas que nos digan la verdad con cariño, que sepan escucharnos y que estén dispuestas a caminar a nuestro lado incluso cuando nos equivocamos. Ahí es donde nacen las relaciones más auténticas y los lazos que realmente merecen la pena.

Feliz primer domingo de septiembre, sin olvidar nunca que estamos aqui, en esta vida, para servir, para ayudar, para escuchar, para no dejar que nadie ande engañado, equivocado,… en definitiva, para los demás.

Ver menos que «Pepe Leches»… la miopía que se hizo legendaria.

CARTAS A DULCINEA
Sábado, 5 de septiembre

¿Tú has oido a alguna persona decir de otra que «ve menos que Pepe Leches»? Yo, cuando era pequeño, muchas veces por mi tierra… ¿Y quieres saber de dónde viene esa expresión popular? Pues yo te lo voy a contar en mi carta de hoy…

Entre todas las frases graciosas y de toda la vida que usamos al hablar, hay muy pocas tan claras y simpáticas como la de «ver menos que Pepe Leches». Es una frase que le soltamos a cualquiera que tiene una vista malísima, a quien apenas distingue lo que tiene delante de las narices, a quien se choca con cosas que se ven a la legua o a quien confunde lo que está cerca con lo que está lejos.
No se trata simplemente de necesitar gafas: es tener una vista tan torpe que ya parece de risa, donde todo se vuelve una mancha borrosa y los fallos tontos son imposibles de evitar.

La historia más conocida y la que más se cuenta, sobre todo en Madrid, nos habla de un hombre de carne y hueso llamado José Fernández Albusac, un guardia del ayuntamiento que había nacido en Leganés y que vivió hace más de cien años.
Su mote de «Pepe Leches» no tenía nada que ver con la leche de vaca o de cabra, sino con su costumbre de solucionar las peleas a tortazo limpio, porque repartía guantazos y golpes a la mínima que se armaba un lío en la calle.
Pero lo que de verdad hizo famoso a este hombre en todas partes fue que no veía casi nada, con una vista tan gastada y tan mala que cada jornada de trabajo era una auténtica locura llena de confusiones.
La leyenda cuenta que quiso ingresar en la Guardia Civil y que, aprovechando una fiesta donde estaba presente el Duque de Ahumada, fundador del cuerpo, intentó impresionarlo con un discurso. Pero confundió al duque con una niña disfrazada de gitana y le dirigió a ella todas sus alabanzas, provocando las risas de los presentes.
También se dice que murió atropellado por una carroza fúnebre porque la confundió con una familiar suya. Aunque estos detalles tienen un tono claramente humorístico y legendario, la historia sirvió para popularizar la expresión «ver menos que Pepe Leches», que todavía se utiliza para referirse a alguien que ve muy poco o que no se da cuenta de lo que ocurre a su alrededor.

La gente contaba entre risas que Pepe, siempre con los ojos llorosos y la mirada nublada, era capaz de regañar a la persona equivocada en medio de un corro de vecinos o de confundir por la calle a un señor importante con una niña vestida de fiesta. Aquella mezcla de tener la mano muy suelta para dar golpes y no ver un pimiento lo convirtió en el comentario de todos los barrios. Muy pronto, en cuanto alguien tropezaba con una farola o no veía tres en un burro, todo el mundo decía que «veía menos que Pepe Leches».

Pero tambien se cuentan otras historias sobre su origen, y una dice que «Pepe Leches» era un lechero que iba repartiendo por los pueblos de Andalucía, el dueño miope de una taberna del centro o hasta el patrón despistado de un barco pequeño, pero la historia del guardia de uniforme es la que se le quedó grabada a la gente en el corazón.

Como pasa siempre con estas cosas tan viejas, la verdad y las exageraciones se fueron mezclando con los años hasta que ya nadie sabe dónde termina el hombre y dónde empieza el cuento inventado.

Hoy en día seguimos usando estas palabras con total tranquilidad y con mucho cariño entre nosotros. Cuando un amigo se pega la pantalla del teléfono a la cara para leer un mensaje, cuando alguien pasa al lado de un conocido por la acera y no lo saluda por despiste, o cuando el que va al volante casi no ve una señal de tráfico, le soltamos entre risas: «¡Pero si ves menos que Pepe Leches!». Es una manera muy graciosa, muy de pueblo y muy nuestra de decirle a alguien que está cegato sin que se enfade ni le siente mal.

Pero volviendo a la versión mas utilizada, la del municipal de Leganés, la historia de este guardia nos enseña que a todos nosotros se nos escapan cosas a diario, ya sea con los ojos de la cara o con las cosas de la cabeza. Nos recuerda que a veces el camino de la vida se pone oscuro, que no siempre lo vemos todo claro y que tropezar de vez en cuando le pasa a cualquiera. La mala vista de aquel policía, convertida con el paso del tiempo en un dicho popular, nos sigue sirviendo para reírnos de nuestras propias torpezas y para tomarnos con buen humor las faltas que todos tenemos. Porque a fin de cuentas, en un mundo tan lleno de detalles que pasan volando, lo más sensato que podemos hacer es reconocer, igual que le pasaba al bueno de Pepe, que muchas veces vemos bastante menos de lo que nos creemos, y seguir tirando para adelante con una sonrisa.

¿Y tú, cómo tienes la vista? Yo, la verdad que por ahora no me puedo quejar…¡y ojalá siga así! Feliz tarde y velada de sábado, del primer sábado de septiembre que va avanzando entre calimas, y calores.