CARTAS A DULCINEA
Domingo, 19 de abril de 2026

«Dicen que una vez un hombre, era perseguido por varios malhechores que querían matarlo. El hombre entró a una cueva. Los malhechores empezaron a buscarlo por las cuevas anteriores de la que él se encontraba.
Con tal desesperación elevó una plegaria a Dios, de la siguiente manera: «Dios todopoderoso, haz que dos ángeles bajen y tapen la entrada, para que no entren a matarme».
En ese momento escuchó a los hombres acercándose a la cueva en la que él se encontraba, y vio que apareció una arañita. La arañita empezó a tejer una telaraña en la entrada.
El hombre volvió a elevar otra plegaria, esta vez más angustiado:
«Señor te pedí ángeles, no una araña.»
Y continuó: «Señor, por favor, con tu mano poderosa coloca un muro fuerte en la entrada para que los hombres no puedan entrar a matarme».
Abrió los ojos esperando ver el muro tapando la entrada, y observó a la arañita tejiendo la telaraña.
Estaban ya los malhechores accediendo a la cueva anterior a la que se encontraba el hombre y éste quedó esperando su muerte. Cuando los malhechores estuvieron frente a la cueva que se encontraba el hombre, la arañita ya había tapado toda la entrada. Entonces se escuchó esta conversación:
Primer hombre: Vamos, entremos a esta cueva.
Segundo hombre: No. ¿No ves que hasta hay telarañas? Nadie debe haber entrado en esta cueva desde hace tiempo. Sigamos buscando en las demás cuevas.
Moraleja. «La fe es creer que se tiene lo que no se ve. Perseverar en lo imposible» Hay una frase muy bella que dice:
«Si le pides a Dios un árbol te lo dará, en forma de semilla».
Pedimos cosas que desde nuestra perspectiva humana son lo que necesitamos, pero Dios nos da aquellas con las cuales nos muestra que con cosas muy sencillas, Él puede hacer mucho más.
Como en esta lectura, a veces pedimos muros para estar seguros, pero no tendría ningún mérito pues sabríamos y tendríamos la certeza de que estamos protegidos. Dios, en cambio, nos pide además confianza en Él, para dejar que su Gloria se manifieste y haga que algo como una telaraña nos dé la misma protección que una muralla.
Si has pedido un muro y no ves más que una telaraña, recuerda que Dios puede convertir las cosas… y confía en Él.
(Web católico de Javier)
Mi carta de esta noche habla de FE, y al definir la fe como el acto de creer en lo que no se ve, se establece que el motor de nuestras acciones no debe ser únicamente lo tangible, lo que se ve y parece ser, sino esa visión interna que nos permite proyectar realidades que aún no han germinado en el plano físico… que aún no han fructificado.
Insistir una y otra vez en lo imposible es el acto de rebeldía más puro del ser humano frente a las limitaciones del entorno. Es esa terquedad constructiva que permite a inventores, líderes y soñadores mantenerse en pie cuando todas las señales externas sugieren la retirada. No es un optimismo ciego, sino una resistencia disciplinada que entiende que la «imposibilidad» suele ser un estado transitorio que se rinde ante la constancia.
Esta mentalidad transforma la percepción del tiempo y del esfuerzo, ya que quien posee esa fe no trabaja para alcanzar un resultado incierto, sino que actúa con la certeza de que su meta ya existe en algún lugar del camino. La perseverancia se convierte entonces en el puente que une la idea con la materia, validando que lo invisible solo necesita de nuestra persistencia para hacerse presente ante los ojos del mundo.
Y es que tenemos que poner de nuestra parte al pedir que Dios nos ayude en algo, porque es posible que nos esté dando los medios para conseguirlo pero que no los veamos porque esperamos ver lo que le hemos pedido, ya hecho.
Feliz velada de domingo de primavera que empezó justo hace un mes y que se está consolidando como tal. Buenas noches.




















