CARTAS A DULCINEA
Lunes, 23 de febrero de 2026

«Aquel 23 de febrero de 1981 quedó grabado a fuego en la memoria colectiva de España como el instante en que el tiempo pareció detenerse bajo el peso del metal y el silencio del miedo. La joven democracia española, que apenas empezaba a caminar con paso firme tras décadas de dictadura, se vio súbitamente asaltada por el estruendo de las ráfagas de subfusil en el Congreso de los Diputados. El teniente coronel Antonio Tejero, al mando de un grupo de guardias civiles, irrumpía en la sesión de investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo al grito de «¡quieto todo el mundo!», una frase que se convirtió en el eco de una amenaza que buscaba hacer retroceder las manecillas del reloj histórico.
Mientras los diputados permanecían cuerpo a tierra bajo sus escaños, la incertidumbre se apoderaba de las calles, las redacciones y los hogares, donde las radios se convirtieron en el único cordón umbilical con una realidad que se antojaba irreal. La ocupación militar en Valencia por parte de las tropas de Milans del Bosch aumentaba la tensión de una noche que se preveía interminable y oscura. Fue una jornada de transistores, de susurros y de una tensa espera que puso a prueba la solidez de las instituciones y el compromiso de una ciudadanía que, a pesar del terror latente, se negaba a renunciar a la libertad recién conquistada.
El punto de inflexión definitivo llegó de madrugada, cuando la figura del Rey Juan Carlos I apareció en las pantallas de televisión vistiendo su uniforme de Capitán General para desautorizar el golpe y defender la legalidad constitucional. Aquel mensaje televisado actuó como un bálsamo de autoridad y calma, desactivando las piezas de un tablero de ajedrez que amenazaba con derivar en una nueva tragedia fratricida. El fracaso de la asonada no solo supuso el fin de la intentona golpista, sino que, paradójicamente, sirvió para blindar el sistema democrático al evidenciar que el camino hacia la modernidad y la convivencia era ya un proceso irreversible.
Hoy, al recordar aquel 23F, se percibe como una cicatriz necesaria que recordó a los españoles la fragilidad de sus derechos y la importancia del consenso. La imagen de Adolfo Suárez permaneciendo sentado en su escaño mientras las balas silbaban sobre su cabeza se erigió en el símbolo de una resistencia civil digna frente a la barbarie del autoritarismo. Aquella noche, España no solo salvó su democracia, sino que se reconcilió con su futuro, dejando atrás los fantasmas del pasado para integrarse definitivamente en el concierto de las naciones libres de Europa.
El fracaso del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 funcionó como un acelerador histórico que despejó las incógnitas que aún rodeaban a la democracia española. La consecuencia política más inmediata fue la consolidación definitiva de la Corona, ya que la intervención televisada de Juan Carlos I desarticuló la legitimidad que los golpistas pretendían obtener del estamento militar. Este gesto no solo desarmó la asonada en los cuarteles, sino que otorgó al monarca un «capital político» inmenso ante la izquierda y los sectores republicanos, quienes aceptaron la institución monárquica como la garante última de las libertades civiles frente a la involución.
Aquella noche de transistores y despachos terminó por cerrar la «herida de la Guerra Civil», demostrando que las instituciones eran capaces de resistir el embate del autoritarismo. La democracia española dejó de ser un experimento frágil para convertirse en una realidad consolidada, permitiendo que España mirara hacia Europa con la seguridad de quien ha superado su prueba de fuego más difícil.
El intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 fue el resultado de una acumulación de tensiones que pusieron en jaque la Transición española, destacando principalmente el profundo malestar en las Fuerzas Armadas ante la legalización del Partido Comunista y el avance del modelo autonómico, que muchos militares de la vieja guardia consideraban una amenaza directa a la unidad de la nación. A este clima de inestabilidad se sumó la extrema violencia de la banda terrorista ETA, cuyos constantes asesinatos de oficiales generaron un sentimiento de vulnerabilidad e indignación en los cuarteles, mientras la economía sufría una grave crisis con altas tasas de paro e inflación que alimentaban el desencanto social hacia el nuevo sistema democrático. El detonante final fue la fragilidad política del momento, marcada por la dimisión de Adolfo Suárez y el vacío de poder resultante, lo que llevó a diversos sectores golpistas a aprovechar la sesión de investidura de Calvo-Sotelo para irrumpir en el Congreso bajo el mando de Tejero, aunque finalmente la falta de cohesión entre los conspiradores y la intervención decisiva de la Corona impidieron que la asonada tuviera éxito.
Han pasado ya 45 años tras aquella tarde y aquella noche de incertidumbre y muchos políticos españoles, sobre todo los que gobiernan España, parecen olvidar que de aquel frustrado golpe de estado nació una concordia y una convivencia, tambien entre los partidos, que no deberíamos olvidar porque nos estamos jugando mucho… nuestro futuro y el de las generaciones venideras… yo jamás olvidaré la incertidumbre de aquella noche… era ese año maestro de Torrenueva y viví el intento de Golpe «en vivo a través de la radio»… ¿Se han parado los Gobernantes actuales a reflexionar por qué pasó aquello? ¿Se han preguntado el por qué del malestar entre , no sólo muchos militares sino muchas gentes del pueblo? ¿Se estaba haciendo algo mal? ¿Se estaban traspasando limites? Sería muy bueno que reflexionen porque el malestar que se vive hoy día en nuestra sociedad es mas que comparable con el de aquel entonces, yo diría que lo supera, y no sólo en la sociedad, y además se le une el nivel de corrupción tan grande que tenemos en las altas esferas, las ansias separatistas catalana y vasca y las concesiones a ellos de Sánchez,… un malestar que tambien se percibe entre los agentes del orden, el sector sanitario, el sector empresarial…y no sigo porque no acabaría! ¡Y encima desde el Gobierno de Sánchez, a propósito, divide cada dia mas a la sociedad española, volviéndonos a recordar y a llevar a la España de Derechas y la España de Izquierdas, al guerra civilismo!…¡se quieren cargar la transición! ¿tendremos que llegar a lamentarlo?
Feliz velada de lunes, de un lunes en el que tal día como hoy, a estas horas, teníamos el corazón encogido y vivíamos con el alma pendiente de un hilo, pegados a los transistores, hasta quede madrugada el Rey don Juan Carlos, habló por TV para devolvernos la tranquilidad que, por momentos, habíamos perdido»….¡supo estar a la altura cuando fue necesario!. (esa es mi humilde y totalmente convencida opinión)





















