CARTAS A DULCINEA
Miércoles, 8 de abril de 2026

«¡Me prometió que bailaría conmigo si le llevaba rosas rojas! —gritó el joven Estudiante—, ¡y no hay ni una sola rosa roja en todo mi jardín!». Desde su nido en la encina, lo escuchó el Ruiseñor, que miró a través de las hojas asombrado.
«¡Ah, de qué pequeñas cosas depende la felicidad! —gemía el Estudiante—. He leído todo lo que han escrito los sabios, conozco todos los secretos de la filosofía… ¡y sin embargo, por falta de una rosa roja, mi vida es un desastre!».
«Este es en verdad el amor —dijo el Ruiseñor—. Lo que a mí me pasa al cantar, a él le sucede al sufrir. Lo que a mí me causa alegría, a él le causa dolor. ¡El amor es maravilloso, es más precioso que las esmeraldas más finas y los ópalos más brillantes! Ni las perlas ni las granadas pueden comprarlo. No se puede exhibir en un mercado, y los mercaderes no pueden encontrarlo. ¡Parece que está llorando por una rosa roja!».
El Estudiante seguía lamentándose: «Mañana el Príncipe dará un baile y mi amor estará allí. Si le llevo una rosa roja, bailará conmigo toda la noche. Si no, se burlará de mí. ¡El Amor es algo ridículo, no es la mitad de útil que la Lógica, ni nos cuenta nada que vaya a ocurrir!».
El Ruiseñor, sin embargo, se convenció más y más de que el Estudiante era el único y verdadero enamorado. Salió volando del nido, planeó sobre el jardín, y al pasar junto al Rosal, se detuvo en una rama. «Dame una rosa roja —le suplicó—, y te cantaré mi canción más dulce».
Pero el Rosal sacudió su cabeza: «Mis rosas son blancas, tan blancas como la espuma del mar y más blancas que la nieve de las montañas. Ve a mi hermano, el que crece bajo la ventana del sol, quizá él pueda darte lo que buscas».
Entonces el Ruiseñor voló hacia el Rosal que crecía bajo la ventana. «Dame una rosa roja —le suplicó—, y te cantaré mi canción más dulce». Pero el Rosal sacudió su cabeza: «Mis rosas son amarillas, tan amarillas como el cabello de una sirena que se sienta en un trono de ámbar. Ve a mi hermano, el que crece bajo el sol, quizá él pueda darte lo que buscas».
Entonces el Ruiseñor voló hacia el Rosal que crecía cerca del reloj de sol. «Dame una rosa roja —le suplicó—, y te cantaré mi canción más dulce». Y el Rosal le respondió: «Mis rosas son rojas, tan rojas como la pata de una paloma y más rojas que los grandes abanicos de coral… Pero el invierno ha helado mis venas, la escarcha ha marchitado mis capullos, y la tormenta ha roto mis ramas. ¡No tendré rosas rojas en todo el año!».
«Una sola rosa roja es lo que necesito —gritó el Ruiseñor—, solo una rosa roja. ¿No hay manera de conseguirla?».
«Hay una forma —dijo el Rosal—, pero es tan terrible que no me atrevo a decírtela».
«Dímela —insistió el Ruiseñor—, ¡no le tengo miedo a nada!».
«Si quieres una rosa roja —dijo el Rosal—, debes construirla con música a la luz de la luna, y teñirla con la sangre de tu propio corazón. Debes cantar para mí toda la noche, con tu pecho apoyado en mis espinas. Debes dejar que mi espina afilada traspase tu corazón, y la vida que corre por tus venas fluirá en mis venas, y se convertirá en mía».
«La Muerte es un alto precio por una rosa roja —dijo el Ruiseñor—, y la vida es muy preciosa para todos. Es dulce sentarse en el bosque verde y ver al sol en su carro de oro, y a la luna en su carro de perlas. Pero el Amor es mejor que la Vida, ¿y qué es el corazón de un pájaro comparado con el corazón de un hombre?».
Entonces extendió sus alas para el vuelo. Tres veces revoloteó a la redonda y le dijo al Estudiante lo que iba a hacer. El Estudiante no podía entender lo que el Ruiseñor le decía, pero el Árbol, que sí lo entendió, sintió pena y suspiró. Cuando la Luna brilló en el cielo, el Ruiseñor voló hasta el Rosal, se acercó a la espina y apoyó su pecho contra ella. Toda la noche cantó, con su pecho apoyado en la espina. Cantó sobre el nacimiento del Amor en el corazón de un chico y una chica. Y poco a poco, la espina se hundió más profundamente en su pecho, y la vida se le escapaba.
Primero, su canto fue sobre el nacimiento de la pasión, y en la rama más alta del Rosal apareció una rosa maravillosa, como una sombra reflejada en un espejo de plata. Pero la espina no había llegado a su corazón, por lo que la rosa era blanca. Luego, el canto del Ruiseñor se hizo más intenso. Cantó sobre el nacimiento del amor en el alma de un hombre. Y apareció en la rosa un tono sonrosado. Pero la espina no había llegado aún a su corazón, por lo que la rosa solo era rosada. Entonces, la espina se hundió en su corazón y un intenso dolor lo atravesó. Su canto se hizo más feroz y desesperado. Cantó sobre el Amor que se perfecciona en la Muerte. La rosa se tiñó de un rojo maravilloso, y sus pétalos se abrieron. El Ruiseñor cayó muerto, con el corazón traspasado por la espina.
A mediodía, el Estudiante abrió su ventana y exclamó: «¡Qué maravillosa suerte! ¡Aquí hay una rosa roja! ¡Nunca he visto una flor tan hermosa!». Se agachó, la recogió y corrió feliz a presentársela a su amada. Llevaba la rosa en su mano.
«Me dijiste que bailarías conmigo si te llevaba una rosa roja —le dijo—. Aquí tienes la rosa más roja del mundo. Llévala esta noche prendida en tu vestido, y bailaremos juntos».
Pero la chica arrugó el ceño. «Me temo que esta rosa no hace juego con mi vestido —dijo—. Además, otro joven me ha enviado unas joyas de verdad, y todo el mundo sabe que las joyas son mucho más valiosas que las flores».
El Estudiante se puso furioso. «¡Qué desagradecida eres! —le gritó—. Por lo visto, el amor es verdaderamente ridículo y la amistad es inútil. El Arte no tiene sentido y la Metafísica no sirve para nada». Arrojó la rosa al camino, donde un carruaje la atropelló. Luego se fue a su habitación, sacó un gran libro cubierto de polvo y se puso a estudiar Metafísica»
Este relato de Oscar Wilde es una de las críticas más feroces y bellas que se han escrito sobre el idealismo frente al materialismo. Es una historia donde el contraste entre la nobleza del ave y la mezquindad humana deja un nudo en la garganta.
-El Ruiseñor comete el error de otorgarle al amor humano una trascendencia que los humanos del relato no poseen. Para el ave, el amor es un valor absoluto por el que vale la pena dar la vida; para el Estudiante y la joven, el amor es una transacción o un capricho lógico.
-Wilde nos muestra una ironía cruel: el sacrificio más puro (la sangre del corazón convertida en pétalo) termina aplastado por la rueda de un carro, despreciado por no ser una «joya de verdad». Al final, el Estudiante regresa a sus libros de Metafísica, demostrando que puede conocer todos los secretos de la filosofía pero es incapaz de entender el lenguaje del sacrificio. La rosa roja no era solo una flor, era una vida, pero para quien solo ve el mundo con los ojos de la utilidad, la belleza es invisible.
Y es que la vida es una constante danza entre el espíritu y la materia. El idealismo y el materialismo son las dos orillas de un mismo río: el de nuestra existencia. Mientras el primero sostiene que la idea y el espíritu son la brújula que da forma al mundo, el segundo afirma que la realidad física es el único suelo firme sobre el que caminamos. Para unos, el pensamiento crea la realidad; para otros, la materia es la que permite que el pensamiento exista. Sin embargo, el ser humano es un híbrido que necesita de ambos para no extraviarse. Sin el idealismo, careceríamos de propósitos y sueños que nos impulsen a trascender; sin el materialismo, no tendríamos las herramientas concretas para transformar esos sueños en hechos. Al final, la sabiduría consiste en mantener los pies en la tierra mientras la mirada insiste en buscar el sentido más allá de lo visible. Feliz velada de miércoles de Pascua




















