CARTAS A DULCINEA
Sábado, 5 de septiembre

¿Tú has oido a alguna persona decir de otra que «ve menos que Pepe Leches»? Yo, cuando era pequeño, muchas veces por mi tierra… ¿Y quieres saber de dónde viene esa expresión popular? Pues yo te lo voy a contar en mi carta de hoy…
Entre todas las frases graciosas y de toda la vida que usamos al hablar, hay muy pocas tan claras y simpáticas como la de «ver menos que Pepe Leches». Es una frase que le soltamos a cualquiera que tiene una vista malísima, a quien apenas distingue lo que tiene delante de las narices, a quien se choca con cosas que se ven a la legua o a quien confunde lo que está cerca con lo que está lejos.
No se trata simplemente de necesitar gafas: es tener una vista tan torpe que ya parece de risa, donde todo se vuelve una mancha borrosa y los fallos tontos son imposibles de evitar.
La historia más conocida y la que más se cuenta, sobre todo en Madrid, nos habla de un hombre de carne y hueso llamado José Fernández Albusac, un guardia del ayuntamiento que había nacido en Leganés y que vivió hace más de cien años.
Su mote de «Pepe Leches» no tenía nada que ver con la leche de vaca o de cabra, sino con su costumbre de solucionar las peleas a tortazo limpio, porque repartía guantazos y golpes a la mínima que se armaba un lío en la calle.
Pero lo que de verdad hizo famoso a este hombre en todas partes fue que no veía casi nada, con una vista tan gastada y tan mala que cada jornada de trabajo era una auténtica locura llena de confusiones.
La leyenda cuenta que quiso ingresar en la Guardia Civil y que, aprovechando una fiesta donde estaba presente el Duque de Ahumada, fundador del cuerpo, intentó impresionarlo con un discurso. Pero confundió al duque con una niña disfrazada de gitana y le dirigió a ella todas sus alabanzas, provocando las risas de los presentes.
También se dice que murió atropellado por una carroza fúnebre porque la confundió con una familiar suya. Aunque estos detalles tienen un tono claramente humorístico y legendario, la historia sirvió para popularizar la expresión «ver menos que Pepe Leches», que todavía se utiliza para referirse a alguien que ve muy poco o que no se da cuenta de lo que ocurre a su alrededor.
La gente contaba entre risas que Pepe, siempre con los ojos llorosos y la mirada nublada, era capaz de regañar a la persona equivocada en medio de un corro de vecinos o de confundir por la calle a un señor importante con una niña vestida de fiesta. Aquella mezcla de tener la mano muy suelta para dar golpes y no ver un pimiento lo convirtió en el comentario de todos los barrios. Muy pronto, en cuanto alguien tropezaba con una farola o no veía tres en un burro, todo el mundo decía que «veía menos que Pepe Leches».
Pero tambien se cuentan otras historias sobre su origen, y una dice que «Pepe Leches» era un lechero que iba repartiendo por los pueblos de Andalucía, el dueño miope de una taberna del centro o hasta el patrón despistado de un barco pequeño, pero la historia del guardia de uniforme es la que se le quedó grabada a la gente en el corazón.
Como pasa siempre con estas cosas tan viejas, la verdad y las exageraciones se fueron mezclando con los años hasta que ya nadie sabe dónde termina el hombre y dónde empieza el cuento inventado.
Hoy en día seguimos usando estas palabras con total tranquilidad y con mucho cariño entre nosotros. Cuando un amigo se pega la pantalla del teléfono a la cara para leer un mensaje, cuando alguien pasa al lado de un conocido por la acera y no lo saluda por despiste, o cuando el que va al volante casi no ve una señal de tráfico, le soltamos entre risas: «¡Pero si ves menos que Pepe Leches!». Es una manera muy graciosa, muy de pueblo y muy nuestra de decirle a alguien que está cegato sin que se enfade ni le siente mal.
Pero volviendo a la versión mas utilizada, la del municipal de Leganés, la historia de este guardia nos enseña que a todos nosotros se nos escapan cosas a diario, ya sea con los ojos de la cara o con las cosas de la cabeza. Nos recuerda que a veces el camino de la vida se pone oscuro, que no siempre lo vemos todo claro y que tropezar de vez en cuando le pasa a cualquiera. La mala vista de aquel policía, convertida con el paso del tiempo en un dicho popular, nos sigue sirviendo para reírnos de nuestras propias torpezas y para tomarnos con buen humor las faltas que todos tenemos. Porque a fin de cuentas, en un mundo tan lleno de detalles que pasan volando, lo más sensato que podemos hacer es reconocer, igual que le pasaba al bueno de Pepe, que muchas veces vemos bastante menos de lo que nos creemos, y seguir tirando para adelante con una sonrisa.
¿Y tú, cómo tienes la vista? Yo, la verdad que por ahora no me puedo quejar…¡y ojalá siga así! Feliz tarde y velada de sábado, del primer sábado de septiembre que va avanzando entre calimas, y calores.




















