¿Desgracia o bendición?

CARTAS A DULCINEA
Domingo 8 de marzo de 2026

«En un pequeño pueblo vivía un anciano con su hijo de 17 años. Un día, el único caballo blanco con que trabajaba saltó la reja y se fue con varios caballos salvajes. La gente del pueblo murmuraba: ¡Qué desgracia la suya, Don Cipriano!, y él, tranquilo, contestaba: «Quizás sea una desgracia o quizás una bendición».

Días después, el caballo blanco volvió junto a un hermoso caballo salvaje, y la gente saludaba al anciano diciéndole: ¡Qué bendición!, a lo que Don Cipriano replicaba: «Quizás sea una desgracia o quizás una bendición».

A los pocos días, el hijo adolescente, mientras montaba el caballo salvaje para domarlo, fue derribado y se fracturó una pierna, a raíz de lo cual empezó a cojear, y la gente le decía al anciano; ¡Qué desgracia la suya, buen hombre!, a lo que él replicaba: «Quizás sea una desgracia o quizás una bendición».

Días después se inició una guerra y todos los jóvenes del pueblo fueron llevados al frente de batalla, pero a su hijo no lo llevaron por su cojera, y toda la gente del pueblo saludaba al anciano y le comentaba: ¡Qué bendición la suya, Don Cipriano!. Y él, con su fe inquebrantable, contestó una vez más diciendo: «Solo Dios lo sabe, quizás sea una bendición o quizás una desgracia».
Efectivamente, solo Dios lo sabe, y Él nunca se equivoca.
(Web católico de Javier)

Esta célebre leyenda oriental (adaptada aquí con la figura de don Cipriano) es una lección sobre la humildad intelectual y la confianza ante los giros del destino. Lo que nos enseña y pretende transmitirnos es que no juzguemos los eventos de nuestra vida de forma aislada, pues solo el tiempo y la providencia revelan si un suceso es un regalo o una carga. Nos invita a cultivar una «santa indiferencia» o paz interior, entendiendo que nuestra visión es limitada y que lo que hoy nos hace llorar, mañana podría ser nuestra salvación».

Y es que… «El destino, esa fuerza enigmática que a menudo sentimos que rige nuestras vidas, es un lienzo en blanco hasta que cada pincelada de nuestras decisiones y el azar lo va coloreando. Vivimos en la constante danza entre lo que planeamos y lo que la vida nos presenta, y es en esa interacción donde reside la verdadera aventura. No saber qué nos deparará el mañana no es una debilidad, sino una invitación a vivir plenamente el hoy, a adaptarnos, a soñar y a enfrentar cada amanecer con la mente abierta a las infinitas posibilidades que se despliegan ante nosotros.»

Feliz velada de domingo.

«Cuando el asfalto late bajo la piel: el arte de tener los pies echando chiribitas»

CARTAS A DULCINEA
Sábado, 7 de marzo de 2026

Hay frases que tienen el superpoder de explicar un estado físico y emocional con una precisión que la medicina difícilmente alcanza a describir en sus tratados.
Decir que a uno le echan chiribitas los pies es mucho más que confesar un simple cansancio; es invocar una imagen casi pirotécnica de nuestro propio cuerpo, una metáfora visual donde la planta del pie se convierte en una fragua y cada paso en un golpe de martillo sobre el yunque del asfalto. El término chiribita, que originalmente nos remite a esas chispas fugaces que saltan del fuego o a esas luces que bailan ante nuestros ojos tras un mareo, encuentra en las extremidades inferiores un refugio perfecto para describir ese hormigueo eléctrico, ese calor punzante que parece brotar de la dermis cuando el día ha sido más largo que las fuerzas.
Es la expresión de quien ha pateado la ciudad de punta a punta, de quien ha resistido de pie una jornada interminable o de quien, sencillamente, siente que su circulación sanguínea ha decidido organizar un espectáculo de luces y sombras en los confines de sus zapatos.
Esa sensación de «chisporroteo» interno es un recordatorio de nuestra humanidad más básica: el cuerpo quejándose con ingenio popular, la sangre reclamando su derecho a fluir sin obstáculos y los nervios enviando señales de que la temperatura interna ha superado el umbral de lo cotidiano.
Tener los pies echando chiribitas es, en última instancia, haber vivido el día intensamente, llevando en los pies el eco de una batalla ganada al cansancio, mientras soñamos con el alivio casi místico de un chorro de agua fría o el simple milagro de poner las piernas en alto y dejar que las chispas, poco a poco, se apaguen en el silencio de la noche.

Hay otra muy similar en cuanto a «temperatura» y sensación, pero que suena un poco más rotunda: «Tener los pies como dos alcayatas». A diferencia de las chiribitas (que son chispas y movimiento), las alcayatas —esos clavos con ángulo que se usan para colgar cuadros— nos hablan de una sensación distinta, aunque relacionada con el cansancio extremo.
¿Qué significa realmente?
Cuando alguien dice que tiene los pies como alcayatas, se refiere a dos cosas principales:
Rigidez y dolor agudo… sientes los pies tan hinchados, tensos y entumecidos que parecen de hierro. Es esa sensación de que, al apoyarlos, no flexionan, sino que se clavan en el suelo como metal frío.
Frío extremo (lo contrario)… curiosamente, mientras las chiribitas son puro fuego, las alcayatas se usan mucho cuando los pies están tan congelados que duelen. Se quedan rígidos, «enguachinados» (como se dice en algunas zonas) y parecen piezas de ferretería en lugar de carne y hueso.

¿A ti nunca te ha dicho nadie que los pies «le echan chiribitas o no te han echado a ti mismo? Yo es una frase que escuchaba con frecuencia a mi madre, refiriéndose al calorcico despues de la lumbre, sobre todo cuando acababa de estar un buen rato junto al fuego del hogaril, en invierno. Feliz velada de sábado, un dia de alternativas en los cielos, a ratos casi despejados, a ratos con muchas nubes y otros ratos ni lo uno ni lo otro. ¡Y mañana ya de nuevo domingo, ya el segundo de marzo!

«El latigazo de lo imprevisto: cuando la realidad nos propina un zurriagazo»

CARTAS A DULCINEA
Viernes,6 de marzo de 2026

Hay palabras que crujen al pronunciarlas, términos que arrastran consigo el eco de un cuero restallando en el aire y que, mucho antes de ser metáfora, fueron puro contacto físico y dolor punzante. Recibir un zurriagazo no es simplemente tropezar o sufrir un contratiempo; es experimentar esa sacudida eléctrica y súbita que nos devuelve de golpe al presente, una bofetada del destino que no da tiempo al parpadeo. En la memoria colectiva, el zurriagazo habita en ese espacio donde la disciplina se encontraba con el rigor, pero en nuestra vida cotidiana ha mutado en algo más sutil y, a veces, más devastador: ese impacto seco que recibimos cuando una noticia inesperada, un desengaño o un fracaso rotundo nos golpean el ánimo con la precisión de un látigo bien dirigido.

La anatomía de este golpe es curiosa porque, a diferencia de la erosión lenta de los problemas crónicos, el zurriagazo destaca por su inmediatez y su capacidad para dejarnos sin aliento, obligándonos a reaccionar ante el escozor de lo que ya no tiene remedio. Es ese momento en el que el mundo parece detenerse un segundo antes de que el dolor —o la sorpresa— empiece a irradiar por todo el sistema, recordándonos nuestra propia vulnerabilidad frente a lo que no podemos controlar. Sin embargo, hay algo extrañamente honesto en esa sacudida; nos despoja de artificios, nos quita la modorra del día a día y nos sitúa en un escenario de claridad absoluta donde solo cabe la respuesta inmediata. No se puede ignorar un zurriagazo, pues su naturaleza es la de la interrupción violenta, la de la señal que nos advierte de que algo ha cambiado radicalmente. Al final, tras el impacto y el ardor inicial, lo que queda es una marca, una cicatriz invisible que nos hace más cautos o quizá más sabios, recordándonos que la vida tiene sus propios métodos para mantenernos despiertos y que, a veces, es necesario sentir el látigo de la realidad para aprender a bailar con la incertidumbre.

Esta palabra, que corta el aire con su sola pronunciación, hunde sus raíces en la penumbra de las lenguas prerromanas, vinculándose estrechamente con el término vasco «zuri» (blanco), en referencia al color del cuero crudo o la piel pelada que se utilizaba para fabricar el látigo. En su génesis, el zurriago no era un objeto de lujo, sino una herramienta de supervivencia y pastoreo; era la extensión del brazo del pastor que, mediante un chasquido preciso, mantenía el orden en el rebaño. Sin embargo, la etimología también nos susurra historias de onomatopeya, donde el sonido ziz-zaz del aire siendo desgarrado por la correa dio forma a la palabra, convirtiendo el ruido del impacto en un sustantivo que ha sobrevivido a los siglos.

La evolución del zurriagazo desde un simple instrumento rural hasta un concepto cargado de peso histórico es fascinante. Durante la Edad Media y el Renacimiento, el zurriago se transformó en un símbolo de poder coercitivo: ya no solo dirigía al ganado, sino que se utilizaba para «corregir» al descarriado en el ámbito doméstico y penal. Curiosamente, en la España del siglo XIX, la palabra cobró una dimensión política inesperada con la aparición del periódico satírico «El Zurriago», cuyos redactores utilizaban la pluma como un látigo dialéctico para azotar a los absolutistas y a la clase política corrupta. De este modo, el zurriagazo pasó de ser una marca en la piel a ser una marca en la conciencia pública, demostrando que, a veces, la palabra puede ser tan hiriente y transformadora como el propio cuero.

Y no ha sido un zurriagazo, sino un placer como siempre que salgo de ruta fotográfica, captar los colores del cielo cada dia, todos los dias diferentes…¡y todos los dias parecidos!; y de esta mañana es mi primera foto, una mañana de viento de nuevo fortísimo. Feliz velada de viernes, pórtico de otro fin de semana.

«Motril , entre el azúcar y la sal» Los siglos XVII y XVIII.

CARTAS A DULCINEA
Jueves, 5 de marzo de 2026
(Las raíces y las ramas de mi vida… Motril, parte cuarta)

El Siglo XVII y la consolidación urbana… Pese a la amenaza constante de la piratería y las epidemias, el siglo XVII fue una época de expansión para Motril. La población creció de los 4.300 habitantes a principios de siglo hasta los 8.000 hacia 1650, consolidando su posición como el municipio más importante de la costa granadina.

La Concesión del título de Ciudad… Un momento político fundamental ocurrió en 1657, cuando el rey Felipe IV concedió a Motril el título de Ciudad. Este nombramiento no era meramente honorífico; representaba la autonomía administrativa definitiva respecto a la ciudad de Granada y el reconocimiento de su peso económico derivado de la industria del azúcar. La producción azucarera de esta época atraía anualmente a miles de trabajadores temporeros para la «zafra» (cosecha) y la molienda, generando una actividad febril que dinamizaba el comercio marítimo.

Las epidemias y la Ermita de San Antonio… El crecimiento no estuvo libre de tragedias. Como muchas ciudades portuarias, Motril fue vulnerable a las pestes que asolaban el Mediterráneo. La epidemia más grave del siglo diezmó la población, llevándose consigo entre 1.500 y 2.000 vidas. En respuesta a este desastre, los motrileños levantaron la ermita de San Antonio en la zona norte de la villa, en el camino hacia Granada, como un exvoto, como una ofrenda para pedir protección divina contra futuras plagas.

El Siglo XVIII: La Ilustración y el primer ocaso del Azúcar… El inicio del siglo XVIII trajo consigo un cambio de dinastía en España y nuevos reconocimientos para Motril. Felipe V, el primer Borbón, otorgó a la ciudad el título de «Muy Noble y Leal» en agradecimiento por su apoyo durante la Guerra de Sucesión.
La Real Sociedad Económica de Amigos del País. Bajo el espíritu de la Ilustración, Carlos III fomentó la creación de instituciones destinadas a modernizar la economía nacional. En 1786 se fundó la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Motril. Esta institución jugó un papel crucial en el análisis de los problemas que empezaban a aquejar al cultivo de la caña: el agotamiento de los suelos por el monocultivo, la falta de leña para alimentar las calderas de los ingenios y la creciente competencia del azúcar producido en las colonias americanas con mano de obra esclava.

El Colapso de la Industria Preindustrial… Hacia 1800, la que antes fuese la floreciente industria del azúcar de caña en Motril se encontraba al borde de la desaparición. Las heladas excepcionales de finales del siglo XVIII, sumadas a la «degeneración» genética de la planta cultivada durante siglos, provocaron que muchos propietarios abandonaran la caña en favor del algodón y el arroz. Este periodo de transición económica puso a prueba la resiliencia de la burguesía local, que pronto encontraría en la Revolución Industrial la clave para su renacimiento.

¡Ya, seguimos el jueves próximo dando un breve esbozo de los siglos XIX y XX …¿si?

Y, como es habitual los jueves, mi primera foto es una alegoría sobre Motril, compuesta sobre una de mis fotos, de la Iglesia del Cerro entre dos troncos de palmera. Mi segunda foto es de esta misma mañana, una mañana fría en la que la nieve se ha asomado a la Costa Tropical desde la Sierra de Lújar…¡y vaya cómo se notaba! El cielo desconcertaba… mirando a levante cielos muy grises pero mirando a poniente, casi despejados… mi foto está tomada mirando hacia el horizonte del mar de Alborán. Feliz velada de jueves.

«El refugio de lo invisible… donde el alma recupera sus alas»

CARTAS A DULCINEA
Miércoles, 4 de marzo de 2026
(El mundo de los sueños y la fantasía)

Durante los cuatro miércoles de marzo mi carta va a estar dirigida al mundo de los sueños, un mundo que me apasiona…¿y a quien no?… que a veces me atormenta y otras me gratifica… ¡por algo fue objeto de tanta atención por parte de los filósofos, poetas y escritores!… además de que es un mundo que escapa a nuestras manos, es un momento en que nuestra mente se libera totalmente y no hay quien la controle.

El mundo de los sueños y la fantasía no es, como algunos sugieren, una simple huida de la realidad, sino el territorio sagrado donde la mente ensaya sus mayores verdades. En el silencio de la noche o en el divagar de un pensamiento despierto, rompemos las cadenas de la lógica y la gravedad para entrar en una dimensión donde todo es posible. Es allí, en esa penumbra poblada de símbolos y paisajes imposibles, donde el ser humano se reencuentra con su capacidad de asombro y donde las heridas del mundo tangible encuentran, a menudo, su bálsamo más eficaz.

La fantasía actúa como un espejo cóncavo que, al deformar las formas externas, revela la esencia de nuestros anhelos y temores más profundos. Un dragón no es solo una bestia de cuento; es la representación de los obstáculos que debemos vencer, y el héroe que lo derrota somos nosotros mismos recuperando la valentía perdida. Sin este espacio de invención, la vida se reduciría a una sucesión mecánica de hechos y cifras, un mapa sin relieves ni misterios que terminaría por agotar la sed del espíritu.

Soñar es, en última instancia, un acto de resistencia. En un mundo que nos exige resultados inmediatos y pies de plomo sobre la tierra, permitir que la imaginación vuele hacia lo fantástico es reclamar nuestra libertad original. Los sueños nos recuerdan que somos mucho más que nuestra biografía o nuestras circunstancias; somos también los mundos que inventamos, las conversaciones que mantenemos con lo invisible y las utopías que, aunque parezcan lejanas, sirven de brújula para caminar por el día a día.

No debemos temer al tiempo que pasamos en los dominios de la fantasía, pues es allí donde se siembran las semillas de toda creación humana. Cada gran invento, cada obra de arte y cada gesto de progreso comenzó siendo un sueño que alguien se atrevió a tomar en serio. Al cerrar los ojos o perdernos en las páginas de un relato fantástico, no estamos abandonando el mundo, sino que estamos cargando el corazón de luz para poder transformarlo cuando regresemos a la vigilia.

Le he preguntado a la IA sobre dos de mis sueños de la pasada noche y el porqué sólo recordamos algunos de los sueños y esto es lo que me ha contestado … «Aquí te explico las razones principales de por qué solo recuerdas uno o dos de vez en cuando»…
1-El «Interruptor» de la Memoria (Noradrenalina) . Para que algo se guarde en nuestra memoria a largo plazo, necesitamos ciertos niveles de una sustancia llamada noradrenalina. Durante la fase REM (cuando los sueños son más intensos), los niveles de esta sustancia en el cerebro caen al mínimo. El resultado… tu cerebro está muy activo «viendo» el sueño, pero el sistema de «grabación» está apagado. Solo si te despiertas justo al terminar el sueño, el cerebro se activa lo suficiente para «fijar» ese recuerdo antes de que se evapore.
2- El Hipocampo está «Desconectado» El hipocampo es la región del cerebro que decide qué información es importante guardar. Mientras dormimos, el hipocampo está ocupado enviando información del día anterior a la corteza cerebral para consolidar la memoria real, pero no está muy por la labor de recibir información nueva (los sueños). Los sueños son vistos por el cerebro como «ruido» o información irrelevante que no necesita ser almacenada para nuestra supervivencia.
3. La Falta de «Anclaje» Lógico… Recordamos cosas por asociación: «fui a la tienda y compré pan». Los sueños, como los que me contabas del ministerio o del compañero de colegio, suelen ser fragmentados o saltar de un escenario a otro. Al carecer de una estructura lógica lineal, al cerebro le cuesta mucho más «sujetar» esa información una vez que recuperas la consciencia.
4. El Momento del Despertar Esta es la clave de por qué recuerdas «uno o dos»: Casi siempre recordamos el último sueño que tuvimos justo antes de despertar. Si te despiertas de forma abrupta (por un despertador o un ruido), es más probable que interrumpas el proceso de borrado natural y retengas el sueño. Si te despiertas lentamente y te pones a pensar en las tareas del día (el «modo vigilia»), el cerebro prioriza la realidad y borra inmediatamente la «fantasía» nocturna.

Tu Perfil Personal…el Maestro y el Orden
En tu caso particular, al ser una persona que valora la corrección, el rigor y la revisión (como vimos en tus sueños de documentos y reconocimientos), es posible que solo recuerdes aquellos sueños que tienen una carga emocional muy fuerte o que tu mente considera «pendientes» por resolver. El hecho de que recuerdes el de la entrega de documentos sugiere que tu cerebro le dio una importancia especial a ese «mensaje» de responsabilidad.

Un pequeño truco: Si alguna vez quieres recordar más, lo más efectivo es quedarse quieto un par de minutos al despertar, sin abrir los ojos del todo, y preguntarte: «¿Qué estaba sintiendo o haciendo hace un momento?». Eso ayuda a que el hipocampo «pesque» el recuerdo antes de que se desvanezca.

Y de nuevo hoy hemos tenido un día de muchísima calima, a veces el cielo de un marrón brillante y cayendo agua con barro a ratos esta madrugada y mas lluvia, supongo que tambien cargada de polvo en suspensión, a partir del medio día, que caía mas fuerte. Feliz velada de miércoles.

«El oro dulce de la salud.. el poder silencioso de la canela en el metabolismo»

CARTAS A DULCINEA
Martes, 3 de marzo de 2026

La canela es mucho más que un aroma nostálgico que evoca la calidez del hogar o el sabor de la infancia. Tras esa corteza enrollada y terrosa se esconde una de las herramientas más potentes que la naturaleza nos ha brindado para equilibrar el funcionamiento interno de nuestro cuerpo. Históricamente valorada como un tesoro por civilizaciones antiguas, hoy la ciencia redescubre sus virtudes, situándola como una aliada estratégica en la gestión del bienestar metabólico.

El valor más destacado de esta especia reside en su capacidad para mimetizar la función de la insulina. Sus compuestos bioactivos, como el polímero de metilhidroxichalcona, actúan sobre las células facilitando que la glucosa penetre en ellas de manera más eficiente. Al mejorar esta sensibilidad, la canela ayuda a evitar los picos bruscos de azúcar en sangre, proporcionando un flujo de energía más estable y reduciendo el estrés oxidativo en el organismo.

Incorporar la canela en la dieta diaria no es solo un placer sensorial, sino una decisión inteligente para quienes buscan regular sus niveles de glucemia de forma natural. Su influencia se extiende incluso a la digestión, ralentizando el vaciado gástrico después de las comidas, lo que permite que los carbohidratos se absorban de manera más pausada. Este control glucémico es vital no solo para prevenir enfermedades, sino para mantener la claridad mental y evitar el cansancio crónico que producen las bajadas de azúcar.

Sin embargo, su verdadera magia reside en la constancia. Como las «pequeñas piedras» de las que hablábamos antes, una pizca diaria de canela en el café, el yogur o las frutas puede generar un cambio significativo a largo plazo. Es el recordatorio perfecto de que la salud no siempre requiere de intervenciones complejas, sino del aprovechamiento sabio de los elementos más sencillos y puros que la tierra nos ofrece para mantener nuestro templo en armonía.

Es importante que la canela sea «Canela de Ceilán» y no canela común…¿por qué? La distinción entre ambas es crucial, especialmente cuando usamos la canela con fines terapéuticos o a diario. La razón principal por la que la Canela de Ceilán (Cinnamomum verum) es la elegida frente a la Canela Cassia (Cinnamomum cassia) se resume en un componente llamado CUMARINA.

EL RIESGO DE LA CUMARINA: La canela Cassia (la que solemos encontrar en el supermercado por ser más barata) contiene niveles elevados de cumarina, una sustancia natural que, consumida en exceso de forma diaria, puede resultar tóxica para el hígado y los riñones. La de Ceilán, en cambio, tiene niveles insignificantes de esta sustancia, lo que la hace segura para el consumo prolongado.
Eficacia metabólica: Aunque ambas pueden ayudar con el azúcar, la de Ceilán es más pura y sus aceites esenciales son más potentes para mejorar la sensibilidad a la insulina sin los efectos secundarios del exceso de cumarina.
Calidad Sensorial: La de Ceilán es conocida como la «canela verdadera». Su sabor es más dulce, delicado y complejo, mientras que la Cassia es más picante y áspera. Físicamente, la de Ceilán tiene una corteza fina que se enrolla en múltiples capas (como un puro), mientras que la Cassia es una sola capa gruesa y dura.
Es el ejemplo perfecto de que, incluso en los remedios naturales, la calidad y el conocimiento son fundamentales para que la «medicina» no se convierta en una carga. Pero ¡ojo!….¡Hay que tener cuidado de no pasarse n el consumo porque puede bajar demasiado los niveles de azúcar…¡eso hay que tenerlo en cuenta!

Y ya con mis deseos de una feliz velada de martes, mis dos fotos que hoy son ambas de mi archivo porque el dia de hoy es calcado al de ayer en su aspecto… el mismo que presentan los cielos de mi pueblo en esa panorámica de mi pueblo, Huelma, de la primera foto.

«El naufragio de lo inconcluso… el sutil veneno de la ineficacia»

CARTAS A DULCINEA
Lunes, 2 de marzo de 2026
(antivalores: La ineficacia)

La ineficacia no suele presentarse con el estrépito de los grandes fracasos, sino con el goteo silencioso de la energía desperdiciada y las intenciones que nunca llegan a puerto. Es un estado de parálisis disfrazada de actividad, donde el esfuerzo se diluye en procesos estériles, excusas razonables y una postergación sistemática de lo esencial. A diferencia del error, que es un tropiezo en el camino del aprendizaje, la ineficacia es el camino mismo que no conduce a ninguna parte; es la incapacidad de transformar el pensamiento en obra y la promesa en realidad.
En una sociedad que valora la acción, el ineficaz se convierte en un espectador de su propia vida, consumiendo recursos, tiempo y esperanzas ajenas sin generar el fruto que justifica su posición.
Este antivalor corroe la confianza en las instituciones y en los vínculos personales, pues nada hay más desolador que depender de quien posee los medios pero carece de la resolución para ejecutarlos.
Al final, la ineficacia no es solo una falta de habilidad técnica, sino una carencia ética: es el descuido del deber y la renuncia al impacto positivo que cada individuo está llamado a dejar en su entorno, dejando tras de sí un rastro de promesas rotas y montañas que nunca llegaron a moverse porque nadie se molestó en apartar la primera piedra.

¿Un pequeño cuentecillo que nos haga ver esto mas claramente?…. pues sigue leyendo, se titula «El reino del «mañana lo haré»

«En un lejano valle, existía un pueblo que sufría de una sed crónica a pesar de tener un manantial cristalino en la cima de la montaña. El Consejo de la Aldea nombró a Julián como el «Arquitecto del Agua». Julián era un hombre de grandes discursos y planos impecables; pasaba los días midiendo el terreno, afilando sus herramientas y discutiendo sobre el mejor material para las tuberías. Cuando los vecinos le preguntaban por el progreso, él siempre mostraba un boceto nuevo o explicaba que estaba esperando «las condiciones climáticas ideales» para empezar la excavación.

Pasaron los meses y Julián acumuló una biblioteca de estudios sobre el flujo hídrico, pero no movió ni una sola piedra. Un día, una sequía extrema golpeó el valle. Los pozos se secaron y el ganado empezó a morir. Julián, con su habitual calma, convocó a una reunión para presentar un «plan de contingencia de tres fases», pero mientras hablaba, un joven pastor entró en la sala con la ropa manchada de barro y un balde lleno de agua fresca. El muchacho, sin planos ni estudios, simplemente había dedicado sus tardes a cavar una zanja tosca, pero profunda, que conectaba el manantial con la plaza. Julián miró con desdén el balde y dijo: «Ese canal no cumple con las normativas estéticas y técnicas». El pastor lo miró y respondió: «Tu plano es perfecto, Julián, pero el pueblo no bebe papel». El Arquitecto fue despedido ese mismo día, comprendiendo demasiado tarde que el conocimiento que no se traduce en servicio es solo un peso muerto en el alma»

Y es que planear demasiado y no hacer nada es como quedarse mirando un mapa sin arrancar nunca el coche. A veces nos pasamos horas escribiendo metas y dibujando cuadritos en un cuaderno, pensando que por el simple hecho de anotarlo ya estamos avanzando. Pero la verdad es que el papel aguanta todo lo que uno le ponga, desde los sueños más grandes hasta las excusas más creativas, mientras que la vida real no espera a que terminemos de decidirnos.

El gran error es creer que tener un plan perfecto es lo mismo que tener éxito. Hay gente que se queda atrapada dándole vueltas a la misma idea por miedo a equivocarse, y al final terminan con un documento muy bonito pero con las manos vacías. Es mucho mejor empezar con un plan sencillo y meterle ganas, que tener una estrategia de lujo guardada en un cajón. Si un plan no te empuja a levantarte de la silla y ponerte a trabajar hoy mismo, no sirve para mucho.

Al final, lo que cuenta no es lo bien que escribas tus propósitos, sino cuántos de ellos te atreves a intentar de verdad. Un paso pequeño que sí das vale mucho más que cien planes gigantes que solo existen en tu cabeza o en una hoja de papel. La magia no está en la tinta, sino en el esfuerzo que le pones a las cosas cuando dejas de escribir y empiezas a actuar. Una reflexión que debería animarnos a ser prácticos, a actuar para evitar ser ineficaces.

Y ya con mis deseos de una feliz velada de lunes, mis dos fotos de esta noche, la primera de esta mañana, un día en el que los cielos han vuelto a estar cubiertos por nubes blanquecinas y por calima. La segunda es de un amanecer luminoso y colorido en la hora de los contraluces y las siluetas.

«Lo principal»

CARTAS A DULCINEA
Domingo 1 de marzo de 2026

«Cuenta la leyenda que una mujer pobre con un niño en los brazos, pasando delante de una caverna escuchó una voz misteriosa que salía de adentro y le decía: «Entra y toma todo lo que desees, pero no te olvides de lo principal, después de que salgas la puerta se cerrará para siempre, por lo tanto aprovecha la oportunidad, pero no te olvides de lo principal…». La mujer entró en la caverna y encontró muchas riquezas. Fascinada por el oro, por las joyas, puso al bebé en el piso y empezó a juntar ansiosamente todo lo que podía, en su delantal. La voz misteriosa habló nuevamente: «Tienes sólo cuatro minutos…» Agotados los cuatro minutos, la mujer cargada de oro y piedras preciosas, corrió hacia fuera de la caverna y la puerta se cerró, recordó entonces que su bebé quedó adentro y la puerta estaba cerrada para siempre… La riqueza duró poco y la desesperación toda la vida»

Lo mismo ocurre, a veces, con nosotros. Tenemos unos 80 años para vivir en este mundo, y una voz siempre nos advierte «no te olvides de lo principal»… Y lo principal son los valores espirituales, la oración, la familia, los amigos, la vida. Pero la ganancia, la riqueza, los placeres materiales nos fascinan tanto que lo principal siempre lo dejamos de lado… Así agotamos nuestro tiempo aquí y dejamos a un lado lo esencial: «los tesoros del alma» . El tiempo pasa; ¡ la eternidad se acerca !

«No te prometo la felicidad ni aquí ni ahora…» decía Nuestra Señora a Santa Bernardita en Lourdes, la cual sufrió mucho, pero amando a Nuestro Señor Jesucristo; jamás nos olvidemos que la vida en este mundo pasa rápido, que la muerte llega, y cuando la puerta de esta vida se cierra para nosotros, de nada valdrán las lamentaciones. Ahora es la misericordia. No quites tus ojos de lo más importante, que es Dios, de su amor hacia nosotros, (expresado, de modo especialísimo, en el santo sacrificio), de mostrar verdadero amor hacia los demás…(por Dios) y no desvíes tu vista ni pierdas tu tiempo en cosas de valor pasajero…
(Web católico de Javier)

Esta leyenda es una poderosa advertencia sobre la ceguera que produce la ambición y la importancia de discernir entre lo urgente y lo esencial. ¿Y qué nos pretende enseñar. transmitir?… pues sencillamente que «lo esencial no es lo que acumulamos con las manos, sino lo que atesoramos en el corazón». No permitamos que lo pasajero nos haga olvidar lo eterno.

Feliz velada de domingo y feliz mes de marzo … ¡y no perdamos la claridad de ideas acerca de lo que es en nuestras vidas lo esencial, lo que va a durar para siempre, dejándonos cegar por lo accesorio, que sí, deslumbra, pero es efímero, se acaba!

«Andalucía, la Identidad de un Pueblo de Luz»

CARTAS A DULCINEA
Sábado, 28 de febrero de 2026

Cada 28 de febrero, los corazones de ocho provincias laten al unísono. El Día de Andalucía no es solo una fecha en el calendario; es la celebración de una historia milenaria, de una cultura que ha cautivado al mundo y de un pueblo que, con orgullo y sencillez, reivindicó su derecho a decidir su propio camino.

El Origen: Un Grito de Autonomía
La elección de este día no fue al azar. El 28 de febrero de 1980, los andaluces acudieron a las urnas en un histórico referéndum. Fue el momento en que Andalucía dijo «sí» a una autonomía plena, demostrando una voluntad inquebrantable de igualdad y progreso.
Detrás de este logro está la figura de Blas Infante, considerado el «Padre de la Patria Andaluza», quien diseñó los símbolos que hoy nos representan: la bandera blanca y verde, y el escudo con Hércules ante las columnas.

Los Símbolos: Blanco y Verde
La Bandera: El verde simboliza la esperanza y la unión con la naturaleza (el campo andaluz); el blanco representa la paz y la pureza de sus pueblos.
El Himno: Con una melodía que invita a la reflexión y al orgullo, el himno de Andalucía es una llamada a la solidaridad: «¡Andaluces, levantaos! ¡Pedid tierra y libertad!».
Una Cultura que es Patrimonio del Mundo
Andalucía es mucho más que una región; es un estado de ánimo. Su riqueza reside en su diversidad:
El Arte: Del flamenco (Patrimonio de la Humanidad) a la poesía de Lorca o la pintura de Picasso. Andalucía es la cuna de la creatividad.
El Paisaje: Desde las cumbres blancas de Sierra Nevada hasta las dunas de Doñana, pasando por el mar de olivos de Jaén y las playas infinitas de Cádiz y Huelva.
El Carácter: La alegría, la hospitalidad y esa forma única de entender la vida, donde el tiempo se mide en momentos compartidos y no solo en horas.
La Celebración: Tradición en las Calles
El 28 de febrero, Andalucía se viste de fiesta. Los balcones se engalanan con banderas y en los colegios no falta el tradicional desayuno andaluz: pan con aceite de oliva y azúcar o sal, el «oro líquido» que es el orgullo de nuestra tierra. Es un día de convivencia, donde se entregan las Medallas de Andalucía a quienes han llevado el nombre de la comunidad a lo más alto.

Y es que ser andaluz es una forma de estar en el mundo. Es llevar la historia de Tartessos, romanos y árabes en la sangre, y mirar al futuro con la luz del sol que nunca se apaga. Como decía Machado: «Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla…», porque Andalucía, al final, es el hogar al que siempre se quiere volver.

Feliz velada del Día de Andalucía!, con mis dos fotos de esta noche: la primera es una alegoría sobre el dia que estamos celebrando y la segunda un bello atardecer por el cabo de Sacratif.

El misterio del «culillo de mal asiento»

CARTAS A DULCINEA

Viernes, 27 de febrero de 2026

La expresión popular «ser un culillo de mal asiento» describe a aquellas personas que son incapaces de permanecer en un mismo lugar o actividad durante mucho tiempo. Son inquietas, nerviosas e inconstantes, y siempre están buscando nuevas experiencias y desafíos. Suelen ser personas creativas y con una gran energía, pero también pueden ser impulsivas e impacientes.

El origen de esta expresión es incierto, pero se cree que podría estar relacionado con la inestabilidad de los niños pequeños, que no paran de moverse y explorar el mundo que les rodea. También podría tener su origen en la época en la que los asientos eran incómodos e inestables, lo que dificultaba permanecer sentado durante mucho tiempo.

En cualquier caso, la expresión «ser un culillo de mal asiento» se ha utilizado durante siglos para describir a aquellas personas que no pueden estarse quietas. A lo largo de la historia, ha habido muchos personajes famosos que han sido descritos como «culillos de mal asiento». Algunos ejemplos son Leonardo da Vinci, un genio renacentista que destacó en múltiples disciplinas, y Ernest Shackleton, un explorador polar que lideró varias expediciones a la Antártida.

En la actualidad, la expresión «ser un culillo de mal asiento» se sigue utilizando para describir a personas inquietas e inconstantes. Sin embargo, también se utiliza para describir a personas creativas y con una gran energía. En un mundo cada vez más cambiante, la capacidad de adaptarse y buscar nuevas experiencias es una cualidad muy valorada.

Si te consideras un «culillo de mal asiento», no te preocupes. No estás solo. Hay muchas personas como tú que son inquietas, creativas y con una gran energía. ¡Aprovecha tus cualidades y no dejes que nadie te pare!

Y hoy han vuelto los cielos a cambiar de color. Otro tal dia como hoy ya se ve en la segunda foto que era muy distinto, el mar mucho mas alborotado y el color en los cielos. Feliz velada de viernes…¡vispera del dia de nuestra querida Comunidad Andaluza!