CARTAS A DULCINEA
Viernes, 28 de agosto

En algunos pueblos de Andalucía y Castilla se ha usado la palabra “alcucero” para hablar de una persona demasiado curiosa, de esas que siempre quieren saber qué hacen los demás. Es una palabra antigua y tiene un punto de humor, pero también sirve como pequeño reproche: “No seas alcucero y deja de preguntar”.
La palabra está relacionada con la alcuza, un pequeño recipiente que antiguamente se utilizaba para guardar el aceite. Con el paso del tiempo, la palabra “alcucero” empezó a utilizarse también para describir a quien tenía la costumbre de meter las narices donde no debía, como si quisiera meter el dedo en la alcuza ajena.
Por eso, un alcucero es, en pocas palabras, un cotilla. Es esa persona que siempre quiere enterarse de todo: quién ha discutido con quién, quién se ha casado, quién se ha separado, quién ha comprado una casa o quién tiene problemas.
Muchas veces no pregunta directamente. Lo hace con mucho cuidado, como quien no quiere la cosa:
“¿Y tu hermano? Hace tiempo que no lo veo…”
“¿Sabes qué le pasa a fulano?”
“Yo no quiero meterme, pero… ¿tú sabes algo?”
Y así, poco a poco, va recogiendo información. No necesita que nadie le cuente un secreto completo. Le basta con una pequeña pista para empezar a imaginar el resto.
El alcucero disfruta sabiendo cosas que los demás desconocen. Le gusta estar informado de la vida de los vecinos, de los familiares, de los compañeros de trabajo y de los amigos. A veces incluso conoce mejor los problemas de los demás que los suyos propios.
Antes, este tipo de personas se encontraba sobre todo en las plazas, las tiendas, las puertas de las casas o los bares. Hoy también las encontramos en los grupos de WhatsApp y en las redes sociales. Son los que siempre preguntan: “¿Qué ha pasado?”, los que quieren saber quién aparece en una fotografía y los que rápidamente dicen: “¿Pero estos dos están juntos?”
La palabra puede sonar antigua, pero la costumbre es muy moderna.
Ser curioso no es malo. Preguntar, interesarse por los demás y querer aprender forma parte de la vida. El problema aparece cuando esa curiosidad entra en asuntos que no nos corresponden. Hay una diferencia muy grande entre interesarse por una persona y meterse en su vida.
Todos hemos tenido alguna vez un poco de alcuceros. Es normal sentir curiosidad cuando escuchamos algo interesante. Lo importante es saber cuándo debemos parar. No todo lo que ocurre a nuestro alrededor tiene que ser conocido por nosotros.
Además, estar demasiado pendiente de la vida ajena puede hacernos olvidar la nuestra. Mientras hablamos de los problemas de los demás, quizá dejamos sin atender los nuestros. Mientras miramos continuamente lo que hacen otros, podemos estar perdiendo tiempo para disfrutar de nuestra propia vida.
Por eso, “alcucero” es una de esas palabras populares que, además de tener gracia, esconden una pequeña enseñanza. No debemos meter las manos en la alcuza de los demás. Cada persona tiene sus secretos, sus problemas, sus alegrías y sus decisiones. Y tiene derecho a guardarlos.
Así que, si alguna vez alguien te dice: “¡No seas alcucero!”, no hace falta enfadarse. Probablemente solo te está diciendo, con una palabra antigua y muy nuestra, que dejes tranquila la vida de los demás.
Porque la mejor alcuza es la propia: esa que debemos cuidar, llenar y disfrutar sin estar constantemente mirando cuánto aceite tiene la del vecino.
Feliz tarde y velada viernes, dia de San Agustin en el que ha ha habido hasta llovizna, aunque la mayor parte del dia ha lucido un cielo azul.




















