CARTAS A DULCINEA
Miércoles, 20 de mayo de 2026

Y en el día internacional de «las abejas», hoy te traigo un comentario que lo que trata es de concienciarnos de la importancia de estos insectos, tan laboriosos y tan altruistamente, de los que depende en mucho la Naturaleza… ¡nuestro mundo!
Si mañana despertáramos en un mundo donde el último zumbido se hubiera extinguido, el primer cambio no sería visual, sino una quietud inquietante que se filtraría por las ventanas. La desaparición de las abejas no representaría simplemente la pérdida de un insecto familiar, sino la fractura definitiva de la columna vertebral que sostiene la vida sobre la Tierra. Lo que comenzaría como una crisis ecológica silenciosa pronto se transformaría en un colapso sistémico que alteraría cada rincón de nuestra civilización, desde la mesa del comedor hasta la estabilidad geopolítica de las naciones.
En este escenario de desolación biológica, los estantes de los supermercados serían los primeros en delatar la tragedia con una metamorfosis cromática hacia el gris. Sin la polinización, desaparecerían de forma inmediata las manzanas, las almendras, los arándanos, las cebollas y el café, dejando una dieta monótona basada casi exclusivamente en granos como el trigo o el arroz, que dependen del viento. La nutrición humana sufriría un golpe devastador, pues la ausencia de micronutrientes esenciales presentes en frutas y verduras desencadenaría crisis sanitarias globales, debilitando el sistema inmunológico de una población ya golpeada por la escasez.
La naturaleza, despojada de sus principales arquitectas, entraría en una fase de degradación acelerada donde la diversidad floral se desvanecería. Al no poder reproducirse, miles de especies de plantas morirían, provocando la desaparición de los animales que se alimentan de ellas y rompiendo las cadenas tróficas de manera irreversible. Los paisajes que hoy consideramos eternos se convertirían en esqueletos de lo que fueron, perdiendo su capacidad para filtrar el aire y regular el ciclo del agua, lo que intensificaría los efectos de un cambio climático que ya no tendría quien lo amortiguara a través de la vegetación.
Finalmente, la economía mundial se enfrentaría a un abismo financiero sin precedentes, ya que el coste de intentar polinizar manualmente los cultivos sería prohibitivo y técnicamente imposible a gran escala. La lucha por los recursos alimentarios restantes exacerbaría las tensiones sociales y los conflictos entre territorios, demostrando que nuestra compleja tecnología es, en realidad, un castillo de naipes comparado con el trabajo gratuito y perfecto de una obrera de apenas unos milímetros. Un mundo sin abejas no sería solo un lugar más pobre y menos sabroso; sería un mundo donde la humanidad tendría que aprender a sobrevivir en un entorno que ha olvidado cómo florecer.
¿Tú crees que tenemos realmente conciencia de la importancia de estos insectos invertebrados pertenecientes al orden de los himenópteros (que incluye también avispas y hormigas), unos insectos que habitan en nuestro planeta desde hace más de 30 millones de años. Suelen vivir en colonias, son muy sociables y se organizan en tres rangos sociales: la abeja reina, los zánganos y las abejas obreras?.
Feliz velada de miércoles y … ¿te espero mañana con otro tema diferente?… mi único objetivo es compartir conocimientos… ¿será porque he sido maestro? Hasta mañana… si quieres.




















