CARTAS A DULCINEA
Martes, 6 de Octubre de 2026

Querida Dulcinea:
El nombre de Guadahortuna proviene de la unión de dos elementos: «Guada» (del árabe wadi): que significa río o valle y «Hortuñea/Hortuña»: que da nombre al arroyo que cruza el municipio.
La leyenda se centra en el origen de este segundo nombre, que ha perdurado a lo largo del tiempo. Se cuenta que, en la época de la frontera (antes de la reconquista, cuando el territorio estaba despoblado y solo había algunas torres de vigilancia y alquerías moriscas), vivía cerca del arroyo una joven misteriosa de origen, cuyo nombre sonaba a Hortuña.
Hortuña era conocida por su extraordinaria belleza y su conocimiento de las hierbas y las aguas, pero se mantenía siempre reservada y solitaria. Los soldados cristianos de la frontera de Jaén, y los escasos moriscos de la zona, le tenían un respeto supersticioso.
Se decía que el arroyo donde ella vivía, cerca de una cueva, jamás se secaba, ni siquiera en los veranos más duros.
La leyenda afirma que el verdadero secreto de Hortuña no era su belleza, sino su conexión con la Fortuna o la Suerte. Los campesinos de la zona comenzaron a notar que quienes pedían a Hortuña consejo sobre dónde plantar o cuándo cosechar, siempre tenían éxito. Quien bebía un poco de agua del arroyo que ella frecuentaba, veía cómo su suerte cambiaba. De ahí que el nombre del arroyo pasara a ser la «Hortuña», en referencia a la fortuna y la prosperidad que allí se encontraba.
Un día, un capitán cristiano de la frontera, ambicioso y codicioso, decidió que no le bastaba la suerte ocasional; quería forzar a Hortuña a que le revelara el secreto para obtener una riqueza inagotable y tomar control total del arroyo. Intentó capturarla, pero Hortuña fue advertida a tiempo. Justo cuando el capitán y sus hombres llegaron al arroyo, Hortuña se arrojó al agua en el lugar donde el arroyo era más profundo y caudaloso.
El arroyo, sintiendo la amenaza, se agitó violentamente, envolviendo a Hortuña en un remolino. Cuando las aguas se calmaron, ella había desaparecido por completo, llevándose consigo el secreto de la fortuna.
El capitán, furioso por la pérdida, nunca logró encontrar ni el secreto ni a Hortuña. Pero el arroyo continuó llevando su nombre: «Hortuña». Cuando la población cristiana se fundó en el siglo XVI para asegurar el camino hacia Granada, la llamaron Guadahortuna (El Río de Hortuña), en memoria de ese lugar fronterizo de donde la prosperidad (la fortuna) se había retirado misteriosamente al ser forzada por la codicia.
Algunos guartuneños dicen que, de vez en cuando, en las noches de luna llena, si se acerca uno al arroyo, se puede escuchar el murmullo de una mujer cantando, y si se mira de cerca, el agua brilla como si contuviera pequeños fragmentos de oro.
Y mis dos fotos que acompañan a mi carta de hoy son un reflejo de este martes: cuando salía a caminar, alrededor de las 8 de la mañana, este es el color que presentaba el amanecer, color entre nubes y al salir a la calle vi algunos charcos, parece que en la madrugada cayó algún chaparrón. Alrededor de las 11 de la mañana caía otro chaparrón que me hizo resguardarme en casa durante el mismo. Cuando paró volví a salir y a los pocos minutos empezaba a lloviznar, y este de la segunda foto ha sido el aspecto del día. Feliz velada de martes y mi recuerdo especial a mis amigos «guartuneños», con este relato que espere les haya resultado de interés.




















