La arquitectura del estrépito y el arte del descalabro.

CARTAS A DULCINEA
Viernes, 12 de junio de 2026

La expresión popular «montar un pollo» es una de las formas más claras y visuales que tenemos en nuestro idioma para explicar ese momento en que una persona pierde la paciencia, se olvida de la educación y decide convertir su enfado en un espectáculo que ve todo el mundo. Esto no es una simple discusión de pareja o de amigos en voz baja, sino que esta frase nos hace pensar en un lío enorme, ruidoso y desordenado que alguien organiza de repente en mitad de la vida diaria, rompiendo la paz de una fila para pagar, el silencio de un restaurante o la tranquilidad de una comida con la familia. Para montar un pollo se necesita, obligatoriamente, un sitio con gente y un público que mire, porque el objetivo secreto de este ataque de nervios no es solo protestar por algo que nos parece mal, sino obligar a todos los que están alrededor a que nos miren y nos presten atención a base de hacer muchos vientos con los brazos y de gritar muy fuerte.

El origen de la frase, que algunas personas dicen que viene de los antiguos bancos de piedra o cajones desde los que se hablaba en alto al pueblo, demuestra esa idea de querer subirse a un sitio alto, ya que quien monta un pollo se sube a una especie de escenario invisible para exigir un protagonismo y una atención que la razón, la mayoría de las veces, no le da. Es una forma de defenderse o de atacar a otros que cambia las buenas palabras y el hablar bien por el ruido y los chillidos, como si fuera una obra de teatro de la rabia donde el guion se va inventando sobre la marcha según te va subiendo el enfado por las venas. En medio de todo este jaleo, el sentido común suele quedarse a un lado, superado por la fuerza de una emoción muy grande que necesita demostrarse con gestos exagerados y palabras que cortan como cuchillos para sentir que tiene valor gracias al caso que le hacen los demás.

A pesar de que tiene una fama muy mala, el hecho de montar un pollo forma parte de la manera de ser y de sentir de una cultura como la nuestra, que no tiene miedo de sacar sus problemas a la luz y enfadarse con mucha fuerza. De todos modos, la distancia entre quejarse por algo que es justo y montar un número de circo sin motivo es muy pequeña; mientras que lo primero sirve para buscar justicia, lo segundo suele ser el escondite de quien no tiene ningún argumento real y prefiere hacer mucho ruido para despistar y que no se note que no tiene razón. Al final, todo ese jaleo y esos gritos se apagan tan rápido como empezaron, dejando después un silencio muy incómodo para todos los presentes y la seguridad de que, aunque el espectáculo haya sido muy grande y llamativo, las cosas que se hacen solo por un ataque de rabia casi nunca sirven para arreglar los problemas de verdad ni para encontrar soluciones que duren.

El escritor López también explica en su libro titulado ‘Ya está el listo que todo lo sabe’ que, durante los años mil ochocientos, se hicieron muy famosas unas tarimas portátiles que se llamaban ‘poyo’, escrito con la letra i griega, que algunos hombres utilizaban para dar discursos de política y armar debates en mitad de la calle. A partir de esa época, cuando dos personas se ponían a discutir con fuerza, la gente empezó a decir que estaban montando un poyo, refiriéndose a esa tarima de hablar. Hoy en día, las normas de nuestro idioma y el Diccionario de la Real Academia Española ya aceptan que se escriba la palabra ‘pollo’ con la letra elle para usarla en esta frase de toda la vida.

¡Un día mas que nos acostamos habiendo aprendido algo mas, como es el significado y el origen de esta frase utilizada en la vida diaria! Feliz velada de viernes y aquí nos vemos, si así lo deseas, mañana. Mis fotos ya ves que las de un día muy despejado que ha vuelto a ser el de hoy después de varios dias en que las nubes nos habían acompañado.

San Pedro Alcántara: La Basílica de Vega del Mar y la transición paleocristiana

CARTAS A DULCINEA
Jueves, 11 de junio de 2026
San Pedro de Alcántara… ¡y allí nació el amor!»
(Las raíces y las ramas de mi vida… San Pedro Alcántara, parte segunda)

A escasa distancia de las Termas de las Bóvedas, se encuentra la Basílica Paleocristiana de Vega del Mar, descubierta accidentalmente en 1915 durante una campaña de reforestación con eucaliptos destinada a desecar la zona. Este yacimiento es fundamental para comprender la transición del mundo pagano al cristiano en el sur de Hispania.
La basílica, cuya construcción se sitúa entre los siglos IV y VI d. C., presenta una planta cuadrada con tres naves y un doble ábside enfrentado, una característica arquitectónica poco común que denota influencias norteafricanas.

El baptisterio de la basílica alberga una pieza excepcional: una pila bautismal tallada en piedra con forma de pez en su exterior y tetralobulada en su interior, es decir, con cuatro salientes, abultamientos o divisiones redondeadas que se proyectan desde el centro o a lo largo de su perímetro.
La profundidad de la pila y su diseño indican la práctica del rito por inmersión, con siete escalones simbólicos que representan los misterios del Espíritu Santo. La presencia de una necrópolis asociada, con cerca de 200 sepulturas que abarcan desde el siglo III hasta el VII d. C., confirma la persistencia y la importancia del asentamiento tras el colapso del control administrativo romano y durante los periodos de influencia bizantina y visigoda.

Asi es que en este sitio arqueológico encontramos los siguientes restos:

  • Las Termas de Las Bóvedas S. II – III d. C. Planta octogonal, siete salas, alzado conservado Hito de la ingeniería hidráulica romana
  • La Basílica Vega del Mar S. IV – VI d. C. Doble ábside enfrentado, pila en forma de pez Exponente del arte paleocristiano ibérico
  • La Necrópolis Vega del Mar S. III – VII d. C. 180 tumbas, ajuares de diversas épocas Continuidad poblacional tardorromana
  • La Torre de las Bóvedas S. XVI (1571) Forma troncocónica, mampostería, 13m altura Defensa contra piratería berberisca

Tras un periodo de menor registro documental durante la Edad Media, el territorio recupera protagonismo estratégico en el siglo XVI. En el marco de la reorganización defensiva impulsada por la corona española para proteger el litoral de las incursiones de piratas berberiscos, La Torre de las Bóvedas se erigió entre 1571 y 1574.
Esta construcción de mampostería, con muros de gran espesor y una base de 8,30 metros de diámetro, formaba parte de una red de torres vigías (que se extienden por toda la Costa mediterránea, como la que hay tambien en Torrenueva, Granada, que permitían la comunicación visual mediante señales de fuego y humo, alertando esta de San Pedro a las guarniciones de Marbella y Estepona ante amenazas inminentes.
Su nombre deriva de su proximidad a las termas romanas, que por entonces ya se conocían popularmente como «las bóvedas» debido a sus cubiertas aún visibles.

Bueno, pues yo creo que ya hemos aprendido hoy algo mas sobre la historia de San Pedro Alcántara, que valía la pena conocer ¿verdad? ¡El próximo jueves, mas!, ya sabes.

Y hoy ya, con mis deseos de una feliz velada, mis dos fotos acostumbradas… la primera, una vista aérea de la planta de la basílica Vega del Mar, en San Pedro Alcántara. Y la segunda una de mis fotos que tomé esta mañana desde la antigua carretera, ya en desuso, Malaga-Almería, que nos muestra el aspecto que ha ten ido buena parte del día, con las nubes como dominantes.

⛰️ La Leyenda de la Cueva de Covadonga y la Reina Oria 👑

CARTAS A DULCINEA
Miércoles, 10 de junio de 2026

Esta leyenda se centra en los orígenes del Santuario de Covadonga y la figura histórica de Don Pelayo, pero le añade un toque de romance trágico.

Se cuenta que mucho antes de que Don Pelayo iniciara la Reconquista, existía en las montañas de Asturias un noble y poderoso caballero llamado Don Favila. Favila se enamoró perdidamente de una hermosa dama conocida simplemente como Oria.
Oria era una mujer de gran belleza, pero también poseía un carácter orgulloso y algo vanidoso. El amor de Favila era tan profundo que le hizo la promesa de llevarla a vivir a un lugar tan magnífico y seguro que ningún peligro pudiera tocarla jamás.

Favila cumplió su promesa. Construyó un suntuoso palacio para Oria enclavado justo en la Cueva de Covadonga, cerca de la cascada y el lago. Era un lugar impresionante, un verdadero refugio contra el mundo.
Sin embargo, a pesar de la belleza del lugar y el amor que le profesaba Favila, Oria comenzó a sentirse prisionera y aburrida por la soledad de las montañas. Su vanidad exigía reconocimiento y la compañía de otros.

Un día, mientras Favila estaba ausente, Oria recibió la visita de un apuesto noble extranjero (a menudo descrito como un hombre rico y mundano) que la deslumbró con regalos y promesas de una vida de fiestas y lujos en la corte. Oria, cegada por la ambición y el aburrimiento, traicionó a Favila y planeó su fuga con el extranjero. Cuando Favila regresó y descubrió la traición de Oria y su intención de escapar, su dolor y su ira fueron inmensos. No obstante, al amar tanto a Oria, no quiso castigarla con la muerte, sino con un castigo que reflejara su vanidad y su apego a las riquezas materiales.

Favila maldijo a Oria y al lugar:
«Ya que has preferido las frías riquezas del mundo a la calidez de mi amor, y ya que has querido huir de estas montañas que te ofrecían paz, serás una de ellas para siempre.»
En ese instante, la belleza de Oria se transformó lentamente en la frialdad del oro y las piedras preciosas. La dama quedó convertida en una estatua de oro y piedras preciosas que yace oculta en lo más profundo de la cueva. El palacio se desmoronó, y la cueva se convirtió en el lugar sagrado y austero que conocemos hoy.

La leyenda concluye que la Reina Oria sigue esperando en las profundidades de Covadonga. Se dice que su corazón de oro es el origen del Lago Enol y sus lágrimas de arrepentimiento son la fuente que brota en la cueva.
Algunos dicen que solo alguien de corazón puro y humilde podría encontrar el oro de Oria, pero quien lo hace, termina cegado por la avaricia y con un destino tan trágico como el de la reina. Es una advertencia sobre la fugacidad de la belleza y la vanidad.

¡Leyendas, que no faltan en cada rincón de nuestra querida España y que nos ayudan a ser aún mas soñadores! A mi me encanta Asturias… y me encanta Covadonga, que he visitado en varias ocasiones. Feliz velada de miércoles, de un miércoles que ha vuelto a ser gris…¡y van…! Calor, humedad y cielos muy grises, y de esta mañana es mi primera foto de ese dia gris, tristón. La segunda es del amanecer de otro 10 de junio a todo color, como los que nos suelen gustar a todos… o casi todos.

🌊 La Leyenda del centinela de Carchuna y la niebla de venganza 🏴‍☠️

CARTAS A DULCINEA
Martes, 9 de junio de 2026

El Fuerte de Carchuna fue levantado por orden de Carlos III en el siglo XVIII precisamente porque la Costa de Granada (la Costa Tropical) sufría constantes ataques de piratas berberiscos y corsarios ingleses. Los pescadores y agricultores de la zona vivían bajo el terror de los secuestros y saqueos.

La leyenda se centra en un bravo artillero o centinela del fuerte que, durante un gran asalto, fue mortalmente herido mientras defendía la costa.

Se cuenta que este centinela, en su último aliento, juró que jamás permitiría que los enemigos de la Cruz volvieran a pisar la playa de Carchuna para hacer daño a sus vecinos. Sin embargo, murió justo cuando el fuerte estaba a punto de ser tomado, sintiendo la amargura de la derrota y la preocupación por la gente que no pudo proteger.
Al morir, su espíritu quedó ligado a las piedras del fuerte y a la bahía que tanto amaba.

Desde entonces, en las noches de amenaza (ya sea por tormenta o por temor a un peligro inminente), o cuando se acerca la fecha de un antiguo ataque pirata, ocurre un fenómeno extraño:
Una niebla marina, espesa y gélida, surge rápidamente del mar, envolviendo la playa, el cabo Sacratif y, sobre todo, el Fuerte de Carchuna.
Esta niebla es, según la leyenda, la manifestación del espíritu del centinela. No es una niebla ordinaria; está impregnada de un frío intenso que se cuela por las ventanas y puertas, y va acompañada a veces de un débil olor a pólvora y salitre.

Para los vecinos de la costa, la niebla es una bendición: saben que el centinela está en su puesto, protegiendo la zona y ocultando la playa de los ojos de cualquier intruso o peligro que se acerque por mar.
Para los navegantes que buscan desembarcar con malas intenciones, la niebla es una maldición: desorienta sus naves, hace que encallen en los arrecifes y les provoca un terror inexplicable que los obliga a retirarse.
La leyenda del Centinela de Carchuna es un recordatorio de que las piedras del fuerte siguen vigilando la Costa Tropical de Granada, gracias al espíritu juramentado que encontró su descanso eterno al convertirse en la niebla del mar.

Leyenda… ¿para dejar volar nuestra imaginación y que construyamos nuestra propia historia? En este punto ya cada cual es dueño de su mente y de dejar volar su imaginación hasta donde quiera o pueda. Feliz velada de martes, hoy con mi primera foto de Motril, donde he pasado varias horas y he tomado varias fotos. La segunda es del ocaso brillante, colorido y luminoso de otro atardecer de junio.

«El eco estéril de la ceniza»

CARTAS A DULCINEA
Lunes, 8 de junio de 2026
(Antivalores: La Guerra)

La guerra no es, como pretenden decirnos los libros de historia con su fría épica de conquistas, un motor de cambio o un acto de gloria, sino el antivalor absoluto que representa el fracaso rotundo de la inteligencia humana. Es el escenario donde la empatía se asfixia bajo el peso del acero y donde la palabra, esa herramienta sagrada de la civilización, es arrojada al abismo para ser sustituida por el estruendo de la destrucción. Al elegir el conflicto armado sobre el diálogo, la humanidad no solo retrocede en su evolución moral, sino que desgarra el tejido mismo de la vida, convirtiendo al prójimo en un objetivo y a la existencia en una cifra estadística desprovista de alma.

En el corazón de cada batalla late la deshumanización sistemática, un veneno que convence al individuo de que la aniquilación del otro es el único camino hacia la propia seguridad. Sin embargo, la historia nos ha demostrado con una crueldad incansable que la violencia nunca siembra justicia, sino que solo fecunda la tierra con resentimiento y prepara el terreno para futuros incendios. La guerra es un negocio de sombras donde se intercambia la sangre de los inocentes por el orgullo de unos pocos, dejando tras de sí un rastro de orfandad y ruinas que ninguna victoria puede compensar ni justificar.

Abrazar la guerra es renunciar a la capacidad de construir y optar por la inercia de la barbarie. Mientras se sigan glorificando las armas por encima de los acuerdos, el progreso humano será solo una fachada reluciente sobre un cimiento de pólvora. La verdadera valentía no reside en el gatillo ni en la estrategia del asedio, sino en la resistencia heroica de quienes se niegan a odiar, comprendiendo que cada vida segada es una derrota compartida por toda la especie. Al final, en el campo de batalla no quedan ganadores, solo supervivientes que habitan un mundo más frío, más gris y terriblemente más vacío.

Contrario a la paz. Actitud beligerante de un grupo o país para con otros, propiciando la lucha armada o la violencia de cualquier tipo.
Los antivalores de estos ejemplos son el odio, la inmoralidad y la discriminación. Los antivalores atentan contra las creencias importantes sobre las que se funda la vida en sociedad, por ejemplo, contra el respeto, la honestidad, la tolerancia, la responsabilidad, la lealtad, la solidaridad y la armonía.

Y tenemos ejemplos muy cercanos y actuales en las guerras que tienen lugar en este momento: la de los palestinos y libaneses (de los musulmanes) contra Israel; la de Rusia contra Ucrania… la de Irán contra Occidente…. ¿hacen falta mas ejemplos? y las gentes que las apoyan no buscan defender la verdad, sino que apoyan a aquel bando que IDEOLOGICAMENTE está mas cerca de cada uno ¿O crees que no es asi?

Feliz velada de lunes con mis dos fotos de esta noche… la primera es de esta mañana en Calahonda; me levanté antes de las 6 de la mañana para disfrutar de la luz y el de la salida del sol, pero no ha habido suerte, estaba nublado y esa luz y color no se han encendido. El atardecer si que la tiene y es de otro 8 de junio… y a mi me encanta.

El Hospital del Señor

CARTAS A DULCINEA
Domingo, 7 de junio de 2026

Mira qué alegoría mas bonita te he seleccionado para hoy domingo…

«Fui al Hospital del Señor a hacerme una revisión de rutina y constaté que estaba enfermo. Cuando Jesús me tomó la tensión vio que estaba baja de ternura. Al medirme la temperatura el termómetro registró 40 grados de egoísmo.

Hizo un electrocardiograma y el diagnóstico fue que necesitaba varios «by-pases» de amor porque mis venas estaban bloqueadas y no abastecían mi corazón vacío.

Pasé hacia ortopedia: no podía caminar al lado de mi hermano, y tampoco podía abrazarlo porque me había fracturado al tropezar con mi vanidad. También me encontraron miopía, ya que no podía ver más allá de las apariencias; cuando me quejé de sordera Jesús me diagnosticó quedarme sólo en las palabras vacías de cada día.

GRACIAS SEÑOR, porque las consultas son gratuitas, por tu gran misericordia. Prometo, al salir de aquí, usar solamente los remedios naturales que recetas en el Evangelio…

Al levantarme tomaré un vaso de AGRADECIMIENTO.
Al llegar al trabajo, una cucharada sopera de BUEN DÍA.
Cada hora un comprimido de PACIENCIA y una copa de HUMILDAD.
Al llegar a casa, SEÑOR, voy a tener diariamente una inyección de AMOR, y al irme a acostar dos cápsulas de CONCIENCIA TRANQUILA.

¡GRACIAS, SEÑOR!
(Web católico de Javier)

Y es que estar en el Hospital de Dios es una expresión que evoca una geografía del espíritu más que un emplazamiento físico, situándonos en ese espacio liminal donde la fragilidad humana se rinde ante lo inefable. Se trata de una metáfora de la vulnerabilidad absoluta, ese estado en el que las ambiciones del mundo exterior, las agendas apretadas y los ruidos de la cotidianidad se desvanecen para dejar paso a lo esencial. En este recinto simbólico, la curación no siempre se mide con parámetros clínicos, sino con la capacidad de encontrar consuelo en medio de la incertidumbre más profunda.

Habitar este «hospital» significa reconocer que existen heridas que no cicatrizan con medicina, sino con silencio, paciencia y una entrega total a aquello que escapa a nuestro control. Es el lugar donde el ego se despoja de sus armaduras y el ser humano se redescubre en su pureza más básica, comprendiendo que la verdadera fortaleza nace de aceptar la propia debilidad. Aquí, cada suspiro es una oración silenciosa y cada momento de espera se convierte en una oportunidad para la introspección, transformando el dolor en un maestro severo pero iluminador.

Al final, estar bajo estos cuidados invisibles es una invitación a la confianza ciega y a la reconciliación con el misterio de la vida. Quien transita por sus pasillos espirituales no busca simplemente la ausencia de enfermedad, sino una integridad nueva que solo se alcanza cuando se abraza la finitud con serenidad. Es, en definitiva, el refugio último donde el alma, cansada de luchar contra la corriente, se permite simplemente ser, esperando que la mano de lo eterno restaure aquello que el mundo, en su prisa, se encargó de desgastar.

¡Y se acaba otro fin de semana, el primero de junio! Feliz velada de domingo con mis dos fotos de hoy, reflejo del día que estamos viviendo, con los cielos que se los reparten las nubes y el sol y con el calor propio de un siete de junio.

La geografía mística de la distancia absoluta.

CARTAS A DULCINEA
Sábado, 6 de junio de 2026

La expresión popular «estar en el quinto pino» constituye una de las cartografías sentimentales más fascinantes de nuestra lengua, logrando transformar una medida de distancia en una sensación de aislamiento casi metafísico. Aunque su origen histórico nos remite a la disposición de cinco pinos majestuosos que antiguamente jalonaban el madrileño Paseo de la Castellana, el modismo ha sobrevivido a los árboles y al urbanismo para instalarse en el imaginario colectivo como el sinónimo universal de lo inalcanzable.

En aquel Madrid de antaño, los pinos servían como puntos de referencia para los encuentros sociales; sin embargo, el quinto, por ser el más alejado del centro urbano, se convirtió en el destino predilecto de los amantes furtivos y de aquellos que buscaban la soledad más estricta. Así, el concepto dejó de ser un lugar físico para transformarse en un estado mental: el espacio donde el ruido de la civilización se extingue y las preocupaciones cotidianas pierden su nitidez ante la magnitud de la lejanía.

Estar en el quinto pino no es simplemente encontrarse a muchos kilómetros de distancia, sino habitar ese margen del mapa donde el mundo parece haber olvidado sus preguntas. Existe en esta ubicación remota una extraña dualidad; por un lado, representa el fastidio de lo remoto y lo inaccesible, pero por otro, ofrece un santuario de libertad frente a la mirada ajena y las exigencias de la inmediatez. Es el lugar donde la escala de las cosas cambia y donde el silencio cobra un peso real.

Hoy en día, en un mundo tan conectado entre si, donde el GPS pretende eliminar cualquier rastro de misterio sobre nuestra ubicación, reivindicar el quinto pino es casi un acto de resistencia. Todos, en algún momento de saturación, hemos sentido la necesidad de desplazarnos simbólicamente hacia ese último árbol de la avenida, buscando esa frontera invisible donde el tiempo se detiene y la única compañía permitida es la propia conciencia, lejos, muy lejos, de todo lo demás.·

Decir que algo está en el quinto pino sirve para expresar que un lugar se sitúa muy lejos.
Para encontrar el origen de esta expresión hay que remontarse al Madrid de principios del siglo XVII, según el escritor Alfred López, que explica que durante el reinado de Felipe V fueron replantados cinco frondosos pinos a lo largo del paseo de Recoletos. El primer pino se encontraba en la parte más baja del paseo y el quinto en la más alejada, en las inmediaciones del actual Paseo de la Castellana, a la altura de Nuevos Ministerios.

¿Tú has oido decir alguna vez de que «algo está en el quinto pino»? pues ya sabes de que va y de donde viene esa expresión, ¡qué es bueno no acostarse sin saber un poco mas sobre algo!. Feliz velada del primer domingo de junio, con mis dos fotos que muestran como estaba la playa de Calahonda hace una media hora, en este «puente del Corpus» en Granada.

El latido de una Tierra en pausa… nuestra cita ineludible con el mañana.

CARTAS A DULCINEA
Viernes, 5 de junio de 2026
(en el día Mundial del Medio Ambiente)

El Día Mundial del Medio Ambiente no es simplemente una fecha marcada en el calendario con tintes institucionales o un recordatorio amable para reciclar una botella de plástico; es el grito desesperado y a la vez esperanzador de un planeta que busca con inquietud extrema el equilibrio.
Cada 5 de junio, la humanidad se detiene frente al espejo de la naturaleza para reconocer que no somos inquilinos externos de este mundo, sino fibras íntimas de un tejido biológico cuya fragilidad hemos puesto a prueba durante siglos. Es un momento de reflexión profunda donde la retórica política debe dar paso a la acción regenerativa, entendiendo que el aire que respiramos y el agua que bebemos no tienen sustitutos tecnológicos en una economía de desgaste.

Nuestra relación con el entorno ha pasado de la contemplación y el respeto a una explotación sistemática que ha ignorado los límites biofísicos de la Tierra. La pérdida de biodiversidad, el calentamiento global y la contaminación de los océanos no son desastres aislados, sino síntomas de una desconexión espiritual y material con nuestro propio hogar. Al proteger un bosque o limpiar un río, no estamos realizando un acto de caridad hacia la naturaleza, sino un ejercicio fundamental de supervivencia y de justicia intergeneracional.
Cada ecosistema que colapsa es una biblioteca de soluciones genéticas y servicios vitales que se cierra para siempre, dejando a las futuras generaciones un legado de paisajes heridos.

Sin embargo, este día también celebra la resiliencia y la capacidad humana para la innovación y la empatía ambiental. La transición hacia energías limpias, la recuperación de saberes ancestrales sobre el suelo y el auge de una conciencia colectiva que exige sostenibilidad son señales de que el cambio de rumbo es posible si la voluntad es firme.
No basta con lamentar el deshielo de los polos; es necesario que transformemos nuestros hábitos de consumo, nuestras estructuras de producción y nuestra forma de habitar el territorio. La verdadera celebración del medio ambiente ocurre en los gestos cotidianos y en las grandes decisiones macroeconómicas que priorizan la vida sobre el beneficio inmediato.

Al final de la jornada, la salud del planeta es el reflejo exacto de la salud de nuestra civilización y de nuestra calidad moral como especie. El Día Mundial del Medio Ambiente nos invita a reconciliarnos con nuestra identidad biológica y a asumir el papel de guardianes, no de dueños.
Solo a través de una solidaridad mundial, que ignore fronteras y priorice el bienestar del ecosistema global, podremos asegurar que el susurro de la naturaleza siga siendo una sinfonía de vida y no un eco de lo que alguna vez fue. Es hora de entender que la Tierra no necesita que la salvemos, necesita que dejemos de destruirla, pues ella sabe sanar si tan solo le damos el espacio y el respeto que merece.
¿Y qué puedo hacer yo en medio de este mundo tan grande? Pues si, si podemos hacer… cuidar el trozo de medio ambiente en el que nos ha tocado vivir… con muchas pequeñas cosas se realiza una gran acción.

Y mis fotos de esta noche, de esta mañana, son un vivo ejemplo de ese medio ambiente tan bello que nos rodea y que debemos cuidar para que lo podamos seguir disfrutando, no sólo nosotros, sin las generaciones que vienen tras la nuestra. Feliz velada de viernes.

Los orígenes de San Pedro… de Cilniana a las termas romanas de Las Bóvedas

CARTAS A DULCINEA
Jueves, 4 de junio de 2026
San Pedro de Alcántara… ¡y allí nació el amor!»
(Las raíces y las ramas de mi vida… San Pedro Alcántara, parte primera)

Desde hace milenios la costa fue habitada por numerosos pueblos que dejaron su impronta cultural: fenicios, púnicos y romanos, y la posterior presencia visigoda, bizantina y musulmana. Todo ello la convirtió en un punto clave en la historia del Mediterráneo. Fenicios y cartagineses solían asentarse en promontorios no muy alejados de la costa. Los cartagineses practicaron en sus colonias ibéricas la agricultura, la ganadería y comenzaron a producir salazones. Los romanos conquistaron la costa de Málaga a lo largo del siglo II a.n.e.; se instalaron en los antiguos asentamientos púnicos y crearon otros nuevos que contribuyeron a la asimilación de la cultura romana (lengua, costumbres, religión, pensamiento) por la población indígena.
Algunos de los nuevos asentamientos poblacionales se convirtieron con el tiempo en prósperas villas, conocidas hoy día como villae a mare, enclaves que tenían una parte dedicada a la producción de salazones y garum, pars rustica, y otra zona más noble que servía de residencia a los dueños, pars urbana. A lo largo de los siglos II, III y IV n.e. estas villas florecieron al amparo del aumento en la producción y necesitaron de puertos y calzadas que hicieran posible los intercambios comerciales.

La evolución de San Pedro de Alcántara, núcleo de población situado en el extremo occidental del municipio de Marbella, constituye uno de los casos de estudio más singulares y complejos de la historiografía urbana y la colonización agraria en la España contemporánea.
A diferencia de la mayoría de los asentamientos de la Costa del Sol, cuyo origen se vincula a núcleos pesqueros o fortalezas medievales, la configuración actual de San Pedro de Alcántara es el resultado de un ambicioso proyecto de ingeniería social, económica e industrial del siglo XIX: la Colonia Agrícola impulsada por el general Manuel Gutiérrez de la Concha e Irigoyen, primer Marqués del Duero. No obstante, este territorio posee una estratigrafía histórica que se remonta al Bajo Imperio Romano y el cristianismo primitivo, configurando una identidad donde la arqueología clásica, la arqueología industrial y el desarrollo turístico de vanguardia coexisten en un espacio de transición geográfica esencial entre el litoral mediterráneo y las estribaciones de la Serranía de Ronda. Lo más probable es que la ciudad de Cilniana, citada en el Itinerario de Antonino 6, se asentara en el término municipal de Marbella… en lo que actualmente es San Pedro de Alcántara

Orígenes y arqueología: El legado de Cilniana y la antigüedad tardía
El poblamiento de la vega de San Pedro de Alcántara se encuentra indisolublemente ligado a la dinámica comercial del Mediterráneo romano. Las investigaciones arqueológicas, iniciadas formalmente a principios del siglo XX, sugieren que la zona albergó la ciudad de Cilniana, una mansio o estación de la Vía Augusta situada estratégicamente entre Gades y Carthago Nova. Este asentamiento no fue una simple parada de postas, sino un centro de producción y consumo de alto nivel, como atestiguan los restos monumentales localizados en la desembocadura del río Guadalmina y el arroyo del Chopo.

El complejo termal de Las Bóvedas: Arquitectura e ingeniería hidráulica
Las Termas Romanas de Las Bóvedas, datadas entre los siglos II y III d. C., representan uno de los testimonios más excepcionales de arquitectura hidráulica romana en la península ibérica. La estructura, de planta octogonal con una sala central abovedada y ocho habitaciones periféricas dispuestas radialmente, conserva gran parte de su alzado original, lo cual es una rareza en el panorama arqueológico nacional. El edificio se construyó a base de mampostería con mortero de cal y se estima que su uso estaba vinculado no solo a la higiene personal, sino también a la vida social de una población suntuosa que habitaba el Bajo Imperio Romano.
Localizadas en el margen derecho de la desembocadura del río Guadalmina, son termas romanas fechadas entre los siglos II y III. Se construyeron con opus caementicium y refuerzos de ladrillo revestidos con placas de mármol en algunos sectores; también hay zonas que combinan el latericium con el opus incertum. Se conserva parte de la cubierta abovedada (bóveda de cañón de arista) y dos plantas que giran en torno a un patio octogonal con estanque al que se abren siete estancias también octogonales. En la parte oriental se conserva un mosaico de grandes teselas sobre el praefurnium y parte de las estructuras subterráneas para la red de calefacción. La parte central tiene suelo de opus signinum.
En el conjunto arqueológico hay algunas piletas de una antigua factoría de salazón.
El edificio principal se articula en torno a una sala central de planta octogonal, a la cual se abren diversas estancias, también octogonales. En la parte oriental se observan los sistemas de suspensurae y restos del pavimento original con mosaicos de grandes teselas. Esta área se vincula a un praefurnium que alimentaría directamente al caldarium, pero las intervenciones arqueológicas han podido documentar la presencia de varios praefurnium en estos baños. Por el contrario, las dos salas situadas más al norte no presentan restos de los elementos anteriores y debieron corresponder a salas del recorrido frío, estando dedicada una de ellas, la más occidental, a piscina de agua fría.
La envergadura del edificio termal, que tradicionalmente supera la entidad de una villa, así como la cercanía de otros elementos y la presencia de yacimientos cercanos como la Basílica paleocristiana de Vega del Mar formarían posiblemente parte de un mismo sitio, como una ciudad romana, quizás Cilniana del Itinerario de Antonino. También avala esta hipótesis la presencia significativa de material arqueológico mueble, como cerámica romana, fundamentalmente terra sigillata, y material numismático abundante y significativo.

La ubicación de estas termas, a escasos metros de la línea de costa actual, sugiere una conexión funcional con las actividades de salazón y el comercio marítimo que caracterizaron a la provincia de la Bética, funcionando como un punto de atracción para el lujo y la higiene en un entorno de intensa actividad económica.

Y de mis dos fotos de este primer «jueves sampedreño», la primera, como vengo haciendo, es de San Pedro, un testigo de su vieja historia, con esas termas de las bóvedas. Mi segunda foto es de esta misma mañana en Carchuna, en donde a pocos minutos de mi salida a caminar, a las 8 de la mañana, la niebla procedente del mar de Alborán, invadía el Llano. Feliz velada de jueves.

«El mundo» (cuento corto de Eduardo Galeano)

CARTAS A DULCINEA
Miércoles, 3 de junio de 2026

«Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.

A la vuelta contó. Dijo que había contemplado desde arriba, la vida humana.

Y dijo que somos un mar de fueguitos.

—El mundo es eso —reveló— un montón de gente, un mar de fueguitos.

Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende».

Este pequeñísimo relato nos invita a reconocer la belleza y el valor en la singularidad de cada ser humano….tanto que no existen dos iguales. Y aún cuando no todos brillamos con la misma intensidad o de la misma forma, todos tenemos algo único que ofrecer al mundo.

Y es que observar el mundo desde una perspectiva elevada no reduce la importancia de lo individual, sino que revela la magnitud de una coreografía asombrosa donde cada punto de luz cuenta una historia distinta.
Desde las alturas, la humanidad no se percibe como una masa uniforme o una mancha grisácea de existencia, sino como un océano vibrante de destellos singulares donde cada persona brilla con luz propia entre todas las demás, reclamando su espacio en el tejido de la realidad.
Esta visión desde la distancia nos permite comprender que la diversidad no es un accidente, sino la esencia misma de nuestra naturaleza, pues en esa inmensa constelación terrestre no hay dos fuegos iguales; algunos arden con la fuerza de un incendio voraz que busca transformar el entorno, otros emiten el fulgor sereno y constante de un faro en la niebla, y hay quienes centellean con la delicadeza de una chispa efímera pero inolvidable.
Al contemplar este espectáculo de identidades irrepetibles, se hace evidente que la riqueza del mundo reside precisamente en esa falta de repetición, en el matiz único de cada llama que, al unirse a las otras sin perder su propia temperatura, logra iluminar el abismo de la existencia con una complejidad que ninguna oscuridad podrá jamás sofocar.

Y ¡ya hemos pasado el miércoles! con calor, si, pero es que es verano; anoche entre la 1 y las 2 de la madrugada estábamos en Carchuna a 26º… ¡lo que se llama una «noche tropical» auténtica… el aire que echaba el ventilador, caliente, nada agradable, pero es lo que nos queda en los próximos 3 ó 4 meses por aquí… Un día de verano, de cielos azules, como puedes comprobar en mis fotos de hoy. Feliz velada de miércoles.